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Periodistas ¡a las preguntas! La gente nos cree, todavía PDF Imprimir E-Mail
miércoles, 22 de abril de 2009
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por Teódulo Domínguez
Fotos: tdperiodismo
 
Estoy abrumado.
No lo puedo creer, ni aceptar.
Me estoy convirtiendo, con mi modesto pero trascendente silencio, en un cómplice más de este insoportable sistema informativo que me enoja y agobia.
Cada mañana leo dos diarios,  abro la computadora y bajo medios de La Plata, Buenos Aires y de provincias.
No puedo evitar la vieja costumbre de leer, marcar, recortar lo importante y guardar los recortes más fuertes.
Hago más: recorro mientras leo, registro y memorizo, lo que para mí es significativo, entre la volanta y el punto final.
Desde que el Gobierno anunció las elecciones para junio, han proliferado, -compruebo-,  las consultas a candidatos, presuntos candidatos y funcionarios-candidatos.
Estoy abrumado por el número fantástico de preguntas “funcionales” a los candidatos.
¿Qué compruebo?
No hay preguntas “funcionales” a la gente. A los intereses de la gente. A las carencias de la gente. A las urgencias de la gente.
¿Qué está pasando hoy en el periodismo argentino?, me pregunto.
¿Por qué esta lastimosa ausencia de interrogación cualitativa?
¿Por qué esta chatura, esta superficialidad inquisitiva?
¿Por qué esta ruidosa falta de inteligente curiosidad profesional?
¿Por que este “casualismo” subestimativo del interés ajeno?
¿A qué vienen los chistes, las humoradas, el “pie” para que el candidato diga lo suyo, en lugar de lo serio, grave, vital, importante, inmediato, insoslayable?

Sé que no todos los que hacen preguntas son periodistas.
Más aún, sé que hoy, -porque los periodistas lo toleran y permiten-, preguntas del territorio informativo las hace cualquier pelafustán.
Sé que cualquiera muta en periodista; cualquiera con antecedentes cercanos a los relacionistas públicos, jefes de prensa, humoristas, locutores de avisos publicitarios, embozados propagandistas que reciben “sobres” de sus esclavistas.
Sé que a varios cuyo fuerte es el relato deportivo o la conducción de programas de entretenimiento, les da lo mismo un “chivo” a sus amigos como una pregunta al ministro de Salud.

También sé que hay un número importante de los aproximadamente 12.000 periodistas profesionales del país que no están haciendo bien sus cosas.
No preguntan lo que deben preguntar. Simplemente, no preguntan. “Dejan hacer” y anotan. Luego encomillan, sin pizca de evaluación axiológica. Hacen un roto como un descosido.
No preguntan al candidato sus propuestas concretas, bien expuestas y documentadas. Lo dejan hablar, y lo escuchan como si fueran infalibles dioses del Olimpo.
No los aprietan, no les exigen que declare aquello que constituye una forma de convenio, de contrato, con el público. Y al que habría que aplicar –si existiera- la revocatoria de mandato tan pronto se hiciera acreedor a la expulsión pública del cargo, mucho antes de cumplir su ciclo legal.

Las entrevistas actuales se caracterizan, en su amplia mayoría, por la carencia de anuncios concretos de obras y soluciones. Nadie se compromete a nada. El periodista no lo interroga y el tipo zafa, siempre zafa, con la complicidad manifiesta de alguna Redacción y su gente.
El entrevistado no asume nada. Sólo habla. El periodista no pregunta, no repregunta, no vuelve a repreguntar hasta que todo quede claro y transparente; el periodista no establece ninguna diferencia entre él y su monologuista.

Recorro reportajes breves, medianos, amplios, y desde que empieza hasta que termina la entrevista leo preguntas que sólo le sirven al entrevistado.
Un número alarmante de seudos periodistas y periodistas preguntan a los candidatos sólo aquello que lo ayudan a triunfar, a ganar, a subir.
En mútiples casos, están respaldando a los mismos, exactamente a los mismos que tienen hambreado, sumergido, ahogado, a este país y sus 47 millones de pobladores.
¿En qué facultad, en qué simposium, en que “maestría”,  son preparados los periodistas que sólo son funcionales a los candidatos y no a la gente?

Son abrumantes, empalagosas, intrascendentes, irresponsables, la mayor parte de las preguntas de mis colegas en diarios, radio y tv.
La llamada página “política” y el llamado espacio “político” de los medios audiovisuales, han superado con creces a la sección “Espectáculo” y su feria de vanidades. Gran parte de los títulos vienen de la comedia, el drama, el histrionismo.
No leo ni escucho preguntas valiosas de mis colegas, agresivas, fuertes, inteligentes, cerebradas, claras, urgentes, a los intendentes y concejales, a los diputados y senadores, a los gobernadores, a la presidenta de la Nación aunque la Presidenta no responda.
Todavía hay periodistas que,  al no obtener respuesta concreta a sus preguntas, ni siquiera consigna las preguntas como un documento del fracaso interrogativo
El periodismo de un número excesivo de mis colegas es permisivo, inocente, superficial, extemporáneo, temeroso, distante, alejado de las puertas de los funcionarios y candidatos.
La historia jamás conocerá la respuesta de alguien, -imbécil, poderoso, corrupto, inepto,  masoquista-, porque el periodista no se atrevió a pararlo y preguntarle por qué nunca hizo nada con su cargo a favor de la gente que lo eligió, por qué se burló de la gente, o le robó a la gente.
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En junio habrá elecciones legislativas en todo el territorio.
Pido, como simple lector y ciudadano y porque tengo derecho a la información de interés publico, pido leer, ver, escuchar, las preguntas de los periodistas que se vinculen a mi futuro, al futuro de mi familia, al futuro de mis vecinos, a mejorar el futuro de los pobladores de esta república.
Espero y aspiro -aunque es una utopía mayor a la de Tomás Moro-, no enfrentarme mañana y los días siguientes, a preguntas vedetistas, vacías, intrascendentes, cholulas, triviales, inútiles, tontas, chapuceras, ridículas,  siempre “funcionales” al candidato de las elecciones de junio próximo.

Ruego que se terminen las prácticas de “funcionalidad” a favor de los llamados “políticos” y que las preguntas sean en función de las graves urgencias de la gente.
Porque la política es –en una de sus acepciones-, la ciencia y el arte de crear el mayor número de bienes y distribuirlos en el mayor número de personas.
Es la gente, es la gente, es la gente; la política es la gente, no los candidatos.

Hay miseria en este riquísimo país; hay hambre de millones de chicos en este país que en el 2007 exportó 30.000 millones de dólares sólo en alimentos; hay 25 chicos muertos cada día por desnutrición, y ustedes, mis colegas, no pueden ignorar que la llamada “República Argentina”, con todas sus millonarias riquezas, cada día-noche está siguiendo al “Titanic”, donde los que se ahogan son los pateados por aquellos que se apoderaron de los chalecos y botes salvavidas.

Periodistas, ¡a las preguntas! La gente nos cree, todavía
 
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