FOTOS. Matías Domínguez

Los robos de carteles a los manifestantes y la salvajada de la “gente de Bruera” eran presenciados desde el palco, como si estuvieran en el “circo romano” o en un partido de polo, por el intendente Bruera, el delegado Pablo Luzardo, Rafael Irigoiti, el delegado de Arturo Segui, Oscar Lastra; el director del Parque Ecológico, “Pipi” Reyes; dos jefes uniformados del Ejército; un sacerdote de la parroquia Luis Gonzaga; una decena de mujeres e invitados especiales, gran parte de ellos ajenos a los hechos y sorprendidos por lo que estaba ocurriendo.
Terminados los ataques, se hizo un balance rápido y los resultados son, para una ciudad pacífica, como Villa Elisa, absolutamente inéditos y funestos.
Por primera vez en los 121 años de la ciudad, un intendente y su comitiva llegaron a Villa Elisa con gente organizada para agredir a ciudadanos de este pueblo.
Mientras sonreía, apretaba manos y acariciaba chicos, Bruera mantenía entre el público grupos civiles organizados de contraataque para castigar a cualquiera de ese público que se animara a expresarle oposición a “su” bajada.
La gente traída por Bruera no era de Villa Elisa, sino de La Plata y localidades vecinas.
Según se denunció allí mismo y luego en la comisaría 12ª. hubo varios golpeados, magullados, un joven con quebradura en una mano que debió ser hospitalizado; un bebé que sufrió golpes de los atacantes, una señora que mostraba sangre por haber sido rasguñada, rostros tumefactos por las trompadas recibidas, golpes en piernas y rodillas que obligaron a sentarse y recuperar fuerzas. Nadie fue respetado. Inclusive el bebé estaba en un cochecito y esta evidencia no detuvo el ataque a mansalva, organizado de antemano para responder tan pronto se recibiera orden de ataque.
Alguien comentó que fue levantar una bandera para que, en un segundo, saliera un atacante a robarla como si se tratara de un jugador de rugby; así ocurrió con el resto de las banderas, todas robadas para evitar que fueran expuestas.
Finalizados los hechos, un grupo de víctimas de “la gente de Bruera” realizó una denuncia en la comisaría 12ª. y luego otro grupo viajó a La Plata para radicar otras denuncias ante distintos organismo.
El miedo que generó este ataque, expresó una mujer, “nos obliga a pedir la protección de organismos que defienden a la ciudadanía”.
Un persona mayor expresó que “nunca ví esta salvajada en Villa y, la verdad, ahora tengo miedo de Bruera porque aquí mostró de qué es capaz este hombre”.
Horas más tarde, cuando un móvil policial terminaba de acompañar en bloque a vecinos del barrio Jardín, para protegerlos de otros castigos aislados, un joven que siguió su camino fue atacado, en soledad, por unos 4 sujetos que bajaron de un coche “y lo molieron a golpes”, señalo un testigo.
Fue precisamente la policía de la comisaría 12ª la que evitó que alguna gente fuera golpeada con mayor fiereza, al intervenir en algunos ataques y llevarse detenidos a los atacantes.
La mayor parte de la gente que estaba sacando fotos a sus familiares en el desfile optaron por guardar sus digitales ante el temor de que “la gente de Bruera” se las robara.
Lo mismo hicieron fotógrafos que estaban allí para hacer un documental y algunos reporteros gráficos, incluidos los de “Infu”.
En términos objetivos, “la gente de Bruera”, sus métodos de defensa del “jefe”, el dinero empleado por Bruera para sostener esta “brigada”, “guardia de corps”, “escuadra” o “barra personal”; la saña empleada en el ataque a hombres y mujeres de un pueblo pacífico como el de Villa Elisa que defienden con energía su modo de vida, la actitud displicente del delegado “a dedo” Luzardo mientras golpeaban a la gente de su propia ciudad, fue un hecho intangible que debe ser analizado alguna vez en algún debate por ciudadanos y entidades.
Lo ocurrido el sábado en Villa Elisa descorre el telón de un futuro cuyo diagnóstico está plagado de inseguridades y miedos que no se conocían en este distrito. Villa Elisa debe ser medida ahora, como “antes de Bruera” y “después de Bruera”.
Después de esta “demostración” de democracia de Bruera, alguna gente expresó que, inclusive, “ya ni siquiera hay que ir a la intendencia porque no sabés qué te pasa cuando salís de allí. Calculá que para entrar tenés que dar todos los datos y de inmediato Bruera y sus amigos saben que estás adentro. Cualquiera de los “muchachos” te hace una “salidera”, pero distinta”.
EL COMENTARIO 
Gustavo Luzardo, delegado de Villa Elisa, primer plano, y Pablo Bruera
La realidad de lo observado el sábado último indica que Bruera reprimió con la fuerza civil patotera y matona erigida en fuerza de choque oficial, no la policial, a hombres y mujeres comunes, amas de casa, trabajadores, vecinos absolutamente desarmados, sin ninguna forma de agresión física, que hicieron uso de sus derechos constitucionales sin poner en riesgo la seguridad de nadie que estuviera en el palco o en la calle.
Fue el ejercicio nato, natural y desnudo de la libertad y la democracia que marca el preámbulo de la Constitución Nacional.
Como un pequeño Nerón que siente su poder amenazado, Bruera vino a Villa Elisa con su cohorte de fuerza bruta para ser defendido por gente que jamás lo hubiera atacado porque pertenecen a un pueblo, porque actúan a cara descubierta, porque reciben a los visitantes sin necesidad de garantizarles seguridad.
Más todavía, Bruera fue más castigado con la indiferencia generalizada que con esta manifestación de unos pocos. Después de todo, y así ocurre en todo el país, los que protestan, gritan, resisten la prepotencia oficial, son unos poquísimos.
A estos “poquísimos” Bruera les opuso unos 30-50 sujetos acostumbrados algunos a la gresca tablonera y a ganarse unos pesos golpeando díscolos que no tienen el aplauso fácil. Una desmesura oficial. Un gasto oficial innecesario. El dinero pagado “a tanto la trompada” bien le podría haber venido a Cáritas para ayudar a menesterosos que el mismo Gobierno condena a la desocupación.
De menor a mayor, Bruera comenzó abriendo la tranquera de la bajada trucha y hoy ya mandó a un joven al hospital con un brazo quebrado y a un bebé al hospital de Niños, en observación, además de una veintena de trompeados, con los rostros tumefactos.
¿Adónde piensa llegar?
El primer accidente de la “bajadactomía” El sábado último, a las 8.45, cuando Bruera se aprestaba a concurrir a Villa Elisa, en una curva cercana a la barrera, denunciaron varios vecinos, ocurrió el primer choque generado por la “bajadactomía” del intendente. Un móvil, aparentemente de la policía bonaerense se llevo “puesta” una Kangoo conducida por una mujer. El micro policial arrastró a la Kangoo unos 20 metros y la “depositó” contra un árbol, dice la gente.
Alguien llamó a “Infu”, hasta allí llegó un reportero gráfico, pero ninguno de los dos móviles se hallaba en el lugar a la espera de los peritos en accidentes. Las dos unidades habían desaparecido. “Se los llevaron”, señaló un frentista.
Fue el primer accidente del “operativo Bruera”.
Por eso están en la calle, protestando, unos pocos de Villa Elisa mientras el resto confía en las fuerzas divinas, en la suerte y “a mí no me va a pasar”.
En la primera reunión por los riesgos de la bajada trucha, una mujer le gritó a Luzardo, “si llegan a atropellar a una criatura ¿dónde pensás esconderte?
Se lo dijo al mismo personaje local que está apareciendo en los diarios como candidato a concejal en la lista de Bruera.
Inocultable miedo a “la gente de Bruera” Son numerosas las recomendaciones de gente honesta y preocupada, donde se recomienda a la gente de “Infu” que “baje el tono”.
En otras palabras, tiene graves miedos, no sólo temores, que “gente de Bruera” atente contra la seguridad de los que protestan y de la mima gente de esta revista.
Puntualizan que existen ya varios antecedentes muy serios para tener en cuenta.
El más grave es el ocurrido el sábado en la plaza central. Si al mediodía, a plena luz, y delante de los mismos invitados, Bruera exhibió su poder de castigo a los díscolos que no entran en razón –pacíficos ciudadanos que piden respeto a sus derechos-, ¿qué garantías puede dar a partir de ese momento?
Días atrás 3 mujeres, amas de casa, se encadenaron a un hierro frente a la autopista para llamar la atención del riego que están corriendo con la bajada trucha de Bruera.
Al mismo tiempo, varios automóviles de gente que reconfortaba a las 3 mujeres, fueron apaleados por tres sujetos que algunos testigos vincularon a “la gente de Bruera”
Varias personas están siendo llamadas por teléfonos para que se “dejen de joder” o se atengan a las consecuencias. Las “consecuencias”, en estos casos son breves y contundentes, incluida la muerte.
Los riesgos del periodismo en una ciudad pueblerina y pacífica “Infu” y su portal llegan a más de 400 periodistas.
Quiero decirle a mis colegas y entidades profesionales de la prensa que si algo me ocurre, investiguen en la municipalidad de La Plata como en la delegación de Villa Elisa.
Mi coche no fue reventado días atrás en las cercanías de la autopista, entre otros dañados, porque me había retirado un rato antes.
Volantes con amenazas a mi persona son arrojados periódicamente en calles de Villa Elisa.
Gente que viaja en coches y provienen de Arturo Segui, grita amenazas similares en la calle sin cuidarse en absoluto. Saben que cuentan con alto grado de impunidad e inmunidad
El trabajo de periodista en Villa Elisa, en mi caso, lo estoy haciendo con las mismas prevenciones que usaba en tiempos de Videla y Massera, pero también de López Rega.
Creo que hay una forma, atenuada pero igualmente amenazante, de lopezreguismo en Villa Elisa.
Creo que lo narrado en esta nota no deja lugar a dudas de cómo está viviendo parte de la población de Villa Elisa porque le pide a Bruera que cumpla con la ley.
Ellos también están corriendo un grave riesgo. No son valientes, son gente simple y de trabajo, y tienen miedo.
Es probable que ya no hagan más reuniones y renuncien a su lucha.
Porque tienen miedo, ya no de los coches que pueden atropellar a sus hijos.
Tienen miedo de “la gente de Bruera”.
Teódulo Domínguez