por Teódulo Domínguez
 Imaginemos. Tiempo de elecciones; tiempo de cálculos, estimaciones, pronósticos, diagnósticos. Tiempo de dudas. ¿Sigue este sistema? ¿Sigue “el modelo”? ¿La oposición irrumpe en los cuerpos legislativos y modifica las formas de votar? ¿Qué votará la gente? En el Centro de Opinión Pública de la Universidad de Belgrano, un grupo de profesores y estudiantes analizan la propuesta de hacer una encuesta. ¿Una encuesta? ¿Qué es una encuesta? ¿Cuáles son sus condiciones? ¿En qué se diferencia una encuesta, de un sondeo, o de una consulta? La pregunta básica de la Universidad de Belgrano es “¿Recuerda qué es lo que se elige?” En primer lugar, y al pasar: ¿Por qué usar tantos “qués” en tan corto espacio, en una universidad y en un diario? ¿Y si pregunta, simplemente, “¿Recuerda qué se elige?” ¿No queda mejor, se entiende más rápido y son eliminados un “lo” muy pegajoso y un “qué” innecesario? Preguntas y resultados Salen a la calle los “preguntadores” del único interrogante. Finalizan su labor. Vuelven al Centro de Opinión Pública y bajan los datos, los analizan, los clasifican. El resultado dice “La Nación” de hoy, 19.5.09: * El 53% de los consultados responde bien. Sabe que se eligen diputados y senadores. * El 18%, consideran los “encuestadores” ha dado respuestas incorrectas. Lo dice en otro cuadro.
* El tercer factor genera una inquietante confusión. Porque en lugar de separar lo tradicional –el Ns/Nc-, se los deja juntos y todos saben que significan cosas distintas. No es lo mismo “no saber” que “no contestar” * Los dos juntos suman un 29%, una cifra de alta gravitación en cualquier consulta. En este caso, considerar a un 29% en la misma calificación, es decir, Ns es igual a Nc, y de allí deducir que es válido sumarlos a los 18% de “respuestas incorrectas”, para armar dos grandes grupos entre los que saben y los que no saben, es de una muy torpe discrecionalidad. ¿Quiénes hicieron esta paella desopilante de mezclar iguales con desiguales? ¿La Universidad de Belgrano o Hernán Capiello de “La Nación” al tratar el informe? No es lo mismo no saber que no querer responder, reiteramos. ¿Es necesario analizarlo? Si son 620 no es “la ciudadanía” Cappiello escribe. Cappiello dice que distintos factores “están provocando que el nivel de ignorancia e indiferencia de la ciudadanía respecto de las elecciones del 28 de junio sea alarmante”. Epa!, Cappiello. ¿el nivel de ignorancia e indiferencia? ¡Qué evaluación del desconocimiento ajeno! ¿De cuántos? ¿De los 620 supuestos consultados? No. Capiello no se queda corto. Afirma: “de la ciudadanía” Bueno, es una forma de decir, puede argüir Cappiello y los de la mesa de corrección. El cronista califica de “alarmante”, como si hablara realmente de la mitad de los habitantes de Buenos Aires, pero se refiere a los supuestos 620 consultados con lo cual lo de "alarmante" es una desmesura global, algo así como alarmarse porque caen 620 gotas en el Río de la Plata. Después dice Cappiello “casi la mitad de la gente que vive en a ciudad de Buenos Aires no sabe que se elegirán diputados nacionales, senadores y concejales” ¿Es así? ¿No hay un pequeño error? Luego funde todo los porcentajes y arma un matete de riesgosa aceptación. Suma rotos con descosidos, es decir, a los que "no recuerdan qué se elige", con los que "no saben y con los que no quieren contestar" y afirma que “el 45% no les da importancia a estos comicios” No sabemos cuáles fueron sus notas más altas en la secundaria, pero sí merece un 10 Cappiello en "enjuages" y manipulations.
En otro párrafo, y para que no queden dudas sobre las conclusiones que el cronista extrae de las consultas, expresa: “Según la encuesta, el 53% de los consultados respondió correctamente cuando se les preguntó cuáles son los cargos que se votan, pero el 47% erró o directamente no sabe”. ¿No es Cappiello el que erra, el que no sabe, el que no contesta? ¿Sabe “La Nación” que 620 no son la mitad de la Capital Federal? ¿Qué titulo le puso el cronista u otro miembro de “La Nación” a este manejo antojadizo de cifras, conceptos, brevedades, insuficiencias, enanismos representativos y toda forma de manipulación de la realidad aritmética? Volanta: “Los comicios legislativos” Título central: “La mitad de la gente no sabe qué se vota en junio” Bajada: “Atribuyen el fenómeno a las candidaturas testimoniales” ¿Quiénes evalúan las notas, los conceptos, los títulos en “La Nación”? Porque si bien el cronista cometió una gravísima serie de dislates, las mesas de corrección, jefes, encargados, también están funcionando en un medio para evitar que se deslicen errores gruesos o leves, pero errores al fin. “La Nación” está afirmando en su título de tapa que 3.000.000 de personas “no sabe qué se vota en junio”. Si se deduce por vía interpretativa que “La Nación” se está refiriendo a los que votan –como lo expresa en el texto-, pues diga “la ciudadanía” aunque no reduce el papelón evaluativo. No hay gran diferencia entre la credibilidad de una encuesta y el cuento del tío En este caso preciso, estamos ante una nota que se presta a todas las dudas y sospechas. Una señal de las liviandades de los miembros del citado centro universitario es cuando afirman que la consulta se hizo a un 50% de hombres y un 50% de mujeres. Tal precisión no la cree ni el presidente de la Universidad de Belgrano, por varios kilómetros. A propósito ¿como se llama la materia que se enseña en esa alta casa de estudios a la investigación sobre verdad, veracidad y realidad fáctica? ¿Cómo se hizo la consulta? ¿En la calle, por teléfono, vía mail? ¿Dónde se hizo, en el centro, en barrios tradicionales, en villas de emergencia? ¿Qué edad media tienen los consultados? Tal vez no sea determinante saber estas referencias, pero puede ser útil para estimar calidad de saberes? Admitiendo que 620 sea un número creíble, ¿aceptan los universitarios, así como los responsables de “La Nación”, -quienes sostiene un “master” como garantía de calidad profesional-, que 620 individuos no representan, en absoluto, la respuesta de 3.000.000 de personas? Mala praxis: faltarle respeto a los lectores Si no lo aceptan porque la historia de las llamadas encuestas está plagada de errores monumentales ¿con qué argumentos manipulan las supuestas respuestas de los supuestos 620 consultados y luego tratan de hacer creer a sus lectores aquello de que “La mitad de la gente no sabe qué se vota en junio”? Toda la vida se ha enseñado en las viejas redacciones que el título es falso si no representa al texto de la nota; si un título es falso, entre otras causas probables, es porque ha sido manipulado. Es decir, no es cierto, no es creíble, no es verificable, no resiste un análisis posterior. Hoy los lectores de “La Nación”, como en otras encuestas, tienen justo derecho a sentirse humillados. Su diario, el que el lector paga con su dinero, le ha faltado el respeto. |