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Un diputado propone distribuir las utilidades empresarias entre el personal, según el Art. 14bis de la Constitución Nacional por Teódulo Domínguez Uno de los títulos más trascendentes en el gran mundo del trabajo de este país, apareció anteayer en la página 5 de la sección “Economía & Negocios“ del diario “La Nación” “Proponen repartir las ganancias”, expresa el título capital. Suena con tal ingenuidad que ni siquiera cuenta con la convicción del mismo titulero, sospecho. En la bajada amplía el concepto: “El diputado Héctor Recalde busca que los trabajadores participen directamente de los beneficios de las empresas”.
No puedo medir, ni en la superficie de las más encendidas reacciones, qué valor le adjudican empresarios, comentaristas, legisladores y público lector. En mi caso personal, he estado esperando un proyecto como el publicado ayer desde mi juventud, cuando me violentaban los libros de Emilio Zola y Víctor Hugo, entre otros. Creo que el título, así como pasó inadvertido entre el universo de periodistas y medios, continuará en la intrascendencia colectiva, hasta desaparecer del mapa informativo en muy breve plazo. No será mi caso. Desde hace mucho sostengo en este mismo blog que si la Constitución Nacional lo establece en su artículo 14 bis desde 1957 y lo ratifica en la de 1994, este derecho a la participación en la utilidad empresaria debe ser elevado al Congreso Nacional, debatido a fondo todo el tiempo que sea necesario, aprobado y promulgado por el Poder Ejecutivo. Me atrevo a vaticinar que si este debate no se da, no hay esperanzas para millones de indigentes, pobres, niños, jóvenes y jubilados. Si alguna vez no hay reconocimiento legal del esfuerzo laboral humano como principal generador de la riqueza social y económica del orbe, y su inevitable consecuencia de distribuir justa y equitativamente la ganancia que produce, no hay luz al final del túnel. Más aun, creo que las reacciones de las próximas generaciones de miserables y descalificados son absolutamente impredecibles. Quiero decir, las toneladas de comentarios que cada día regurgitan los medios, incluidos los llamados “políticos”, “politicólogos”, así como publicistas, filósofos, diplomados en maestrías de universidades locales y foráneas, ex ministros de economía y destacados especialistas de las ONU y sus similares, serán letra muerta en el momento del incendio. El proyecto del diputado Recalde no debe caer en saco roto. Por razones fácilmente comprensibles, los periodistas no podrán escribir sobre esta cuestión. Ya no lo están haciendo. No habrá comentarios en la prensa diaria y no debe llamar la atención que el proyecto pase lento e inexorable por distintos filtros hasta desaparecer. ¿Qué medio “independiente” permitirá a su gente pensar, siquiera, esta cuestión como material informativo e interpretativo? Es una bomba de tiempo en cualquier departamento de finanzas de un diario, radio o televisora. Por estas razones, sólo queda un solo ámbito donde el proyecto puede mantenerse con vida: el mismo Congreso Nacional. No sé hasta que punto puede ingresar en un partido como parte de su plataforma electoral. ¿Cómo se hace para que ambas cámaras, con todos sus legisladores, defiendan la propuesta de uno de sus pares? En cuanto a la CGT, ¿cómo hace la entidad laboral para retener a sus trabajadores si existe un mecanismo de distribución de las ganancias empresarias? Hasta que Recalde no sea entrevistado para que aclare con todas las letras, no se sabrá a ciencia cierta si esta iniciativa es un lapsus, un ex abrupto, una improvisación afortunada o una profunda convicción política de la necesidad de imponer en la Argentina el Art.14 bis en su párrafo sobre reparto de las ganancias empresarias. Hay que preguntarle con precisión cuál es la raíz auténtica de su propuesta. Una cosa es que se le haya ocurrido en una noche de copas y otra que sea la punta de un iceberg que está flotando en Calafate. Naturalmente, en otros tiempos de “La Nación” como cronista de Política ya estaría yo con Recalde enfrente hasta agotar los interrogantes de esta cuestión. Es muy probable que “La Nación” no publicara nada de mi entrevista con Recalde, pero que yo tendría en mi caletre todas las respuestas posible, no me cabe la menor duda Leo “La Nación” del día siguiente y de Recalde no hay una línea. Insisto en una especulación: ¿Está en los planes del Gobierno fogonear un proyecto de tal calibre, inclusive por razones electorales? ¿Cabe conjeturar que el mismo gobierno que sostiene la riqueza de unos pocos y la pobreza de la mayoría con sus suicidas métodos de subvención, sus manotazos en Anses y sus formidables fracasos en la exportación de sus productos, se eche a los hombros un proyecto como el del diputado Recalde? Por otra parte, si no es el mismísimo gobierno actual quien intente la aplicación del Art. 14 bis en la distribución equitativa de las utilidades ¿qué otro poder existe en el país para concretarlo? Absolutamente ninguno. No me alimento de falsas expectativas. Si un día abro el diario y dice “hoy comenzará el debate en el Congreso Nacional sobre la aplicación legal del Art.14 bis sobre la distribución equitativa de las ganancias empresarias” deberé comprender que el día más espectacular de la economía de la nación ha llegado. Tirá una piedra en el estanque de la dinámica social, económica, productiva, exportable, consumista, desarrollista, inclusive en el estanque de las grandes banderas fallidas de Perón y su justicia social, e imaginate que en lugar de los 2000 ó 3000 pesos que estás cobrando en tu laburo, hay una línea en el sobre de tu sueldo que dice “participación en las ganancias” del año y una cifra que antes no cobrabas y ahora vas a emplear de la mejor manera. Imaginate que lo mismo le ocurre a los 100 que laburan con vos en la misma empresa de fabricación de máquinas agropecuarias o exportadora de productos manufacturados, que todos viven en el mismo pueblo, y que cada uno de ustedes invierte y consume todo el dinero de las ganancias en comercios y servicios del lugar. El empresario, imaginate sin despegar los pies del suelo, que el año pasado había ganado 1.000.000 de pesos y, este año por imperio del Art. 14 bis, cede un 10, 15, 20% del millón y esta suma es adjudicada a los 100 trabajadores, técnicos y profesionales de la empresa. ¿En qué disminuye la riqueza del empresario? ¿En qué modifica el ingreso de una parte de la ganancia en los bolsillos de 100 habitantes del lugar, sin cuyos brazos, mente y trabajo el empresario no hubiera podido ganar un millón de pesos? ¿Qué cambia en un pueblo si a fin de año 100 de sus habitantes vuelcan en la economía colectiva 100, 150 ó 200.000 pesos? Permitime una anécdota, porque también en mi caso “yo tuve un sueño”. Hace muchos años, en abril de 1969, fundé en mi ciudad el semanario “Informativo de Avellaneda”, como una forma de compensar la desaparición de dos grandes diarios que aparecían allí: “La libertad” y “La opinión” Era una publicación modesta, pero bien organizada. Hubo dos principios que se cumplieron a rajatabla, mientras esta hermosísima aventura funcionó. Mis colegas de la Redacción, pensaba yo, debían ser estudiantes de periodismo, porque yo creía, y sigo creyendo, que un periodista nace y se hace. La formación de un periodista debe estar en el más nivel universitario. En este sentido invité a formar parte del staff a dos jóvenes estudiantes, un hombre y una mujer. Cuando el semanario creció incorporé a otros dos, un hombre y una mujer. La idea era y es: si manejo una Redacción ésta debe ser la representación de la vida diaria expresadas por una familia de hombres y mujeres jóvenes y estudiantes. Funcionó. A tal punto que el principal representante de la Ford en Avellaneda, René Cabrera, un día me llamó para proponerme convertir el semanario en diario y reemplazar sin vueltas a uno de los dos diarios desaparecidos. No hubo arreglo porque él entendía que si alguna vez hubiera una huelga en su personal, la noticia no debía salir en su diario. Me negué a que el empresario censurara mi periódico. El otro principio que impuse, fue que mi pequeña empresa periodística debía repartir las utilidades, que las había, entre la gente de la redacción y administración. No teníamos taller propio. Un 50% era para mí, con el compromiso de invertir y crecer, y el otro 50% se repartía entre el personal. Debo confesar que un serio problema interrumpió el sueño un año después, cuando habíamos publicado 33 números. Nunca más tuve una oportunidad como esta. Fui becado en la School of Journalism de la Universidad de Minnesota, USA, trabajé en “The San Diego Unión”, de California, regresé al país, formé parte de la Redacción de “La Nación” de Buenos Aires durante 15 años y otros 12 actué en “Clarín”, entre otros medios. El tema de la distribución de la utilidad empresaria, por supuesto, no lo pude tocar nunca más en estos medios, ni siquiera tangencialmente. En cambio lo ventilé como propuesta, con harta frecuencia, ante los estudiantes de la Universidad de La Plata cada vez que se hablaba de la organización de un medio informativo. Lo hice durante 24 años. ¿Resultados? Paupérrimos, deprimentes. Desde que manejo este portal, sin embargo, sigo creyendo que la previsión de la Constitución Nacional del 57 y vigente en este momento es válida, necesaria y factible. En “La Nación” de ayer, con el valioso trabajo de tres periodistas, Sofía Corral, Oliver Galak y Silvia Stang, el editor de la nota ha publicado, para mí, la noticia más trascendente de la jornada y uno de los anuncios más destacado en los últimos tiempos de la vida contemporánea del país La nota del Art.14bis no aparece en tapa, no se publica en el cuerpo principal del diario. Corona, es cierto, la página 5 de la sección “Economía & Negocios”, pero sin ruido ni campanillas. Estuve atento durante todo el día para ver y escuchar qué atención le dedicaron mis colegas, pero el clásico “levante” diario, desde la madrugada hasta el final de la jornada, no incluyó a esta importantísima nota de “La Nación”. Tal vez en los próximos días, auténticos periodistas independientes como Jorge Lanata o Nelson Castro, se ocupen del tema. El único periodista independiente que conozco en el país es el dueño del espacio o del medio. El resto, es parcialmente independiente o dependiente aunque no me guste reconocerlo. Mi diagnóstico es que a partir de ahora, esta nota de “La Nación” está muerta en los medios –incluida “La Nación”-, y habrá que recurrir a los blogs para enterarse hasta dónde resucita cada día una cuestión tan capital como es, aquí y en la China, achicar la brecha de la famosa torta de la riqueza entre empresarios y auxiliares de los empresarios, sin cuyo concurso, reitero hasta la extenuación, no hay empresa ni empresario, ni torta, ni brecha, ni nada. Sin los que aportan sus brazos, sus mentes, su voluntad, su esfuerzo físico personal, sus conocimientos, sus soluciones, el empresario y sus millones no existen. Se puede poner a esta realidad irrebatible el nombre científico, económico, financiero, que se les antoje a los grandes bonetes de las teorías intelectualoides de todos los tiempos, pero sin el capital del empresario y sin el capital del trabajo físico y cerebral de un grupo de auxiliares que lo acompañen, no hay forma de hacer funcionar una empresa ni para cruzar el Riachuelo. Me voy a meter de lleno en este importante proyecto del diputado nacional Héctor Recalde, a quien no conozco. Voy a tratar de entrevistarlo para este blog. Quiero profundizar sus fundamentos y no me cabe la menor duda que voy a defender esta propuesta a rajatabla, hasta que las velas no ardan, contra viento y marea. |