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Art. 14 bis, distribución equitativa de utilidades entre empresas y sus empleados PDF Imprimir E-Mail
miércoles, 09 de junio de 2010

El presidente de la Bridgestone Argentina, explicó que en 2003 sus 1300 empleados recibieron una asignación de ganancia empresarial de $ 12.000


por Teódulo Domínguez

Contra todas mis escépticas predicciones acerca del bombazo socioeconómico revelado por “La Nación”, al publicar que el diputado Recalde promueve un proyecto para hacer realidad la letra del Art. 14 bis de la Constitución Nacional, este matutino porteño dio a conocer otra nota que no es menos trascendente que la primera.
Dice que Bridgestone, fortísima empresa de fabricación de neumáticos,  ya ha otorgado ganancias en 2003 por valor de 12.000 pesos para cada uno de sus 1.300 trabajadores.
Confieso que me equivoqué feo con “La Nación”.
Confieso que me hace muy feliz haberme equivocado.
Jamás había imaginado que, en este país, hubiera un ejemplo tan edificante como el revelado por “La Nación”
Ahora, al mismo tiempo, me está llegando material de empresas de construcción que están asignando participación en las ganancias entre sus empleados, cuando las obras contratadas –muchas con el Estado- son finalizadas antes de tiempo. Las sumas asignadas son importantes y en algún momento, con más elementos de juicio, las publicaremos.

El canal de posibilidades que abre esta segunda nota del diario porteño, es de un alto significado en la difusión de un hecho que tiene más de 60 años como frustrada propuesta constitucional dormida, anestesiada y congelada por el mismo Congreso Nacional.
De allí que, más allá de los escepticismos, rechazos, desconciertos, incredulidades que ha despertado en el ánimo generalizado de la población, nadie puede negar  que este anuncio ha estallado como un volcán en Buenos Aires, con todas sus impredecibles derivaciones. No es el Chaitén, pero las cenizas ya están en el aire y en el piso. No se sabe, es cierto, su durabilidad y permanencia

Si “La Nación” ha evaluado de interés público no sólo la publicación del proyecto del diputado Héctor Recalde, sino que decreta el seguimiento del tema con una entrevista al presidente de la empresa Bridgestone, no sólo cabe congratularse de esta determinación, sino que tendremos que ver cómo el resto del periodismo abandona su mutismo de las últimas 48 horas y se atreve a meterse en estas honduras.
Así como la erupción de un volcán es impredecible e inmensurable en sus manifestaciones –puede durar meses o cesar en unos días-, no cuento con elementos para predecir la conducta de medios y periodistas.
Ya me equivoqué y prefiero el devenir de los hechos.
A fines de 1800 un señor llamado Julio Verne, en su refugio de París, escribió una utopía con el título de “De la Tierra a la Luna” y millares de sus lectores festejaron la utópica ocurrencia como una afortunada visión literaria.
Los distintos libros que aparecieron luego del sueño de Tomás Moro han sido derribados por la realidad y el vocablo “utopía” sobrevive aún en el cerebro de unos pocos, mientras el Universo continúa en expansión
 
Lo importante es que se abra el debate.
La imagen fotográfica del presidente de una empresa como Bridgestone, mientras le explica a un cronista de “La Nación”, cuáles fueron las razones que fundamentaron la asignación de parte de sus ganancias a sus auxiliares –trabajadores, técnicos, profesionales-, es de una elocuencia abrumadora.
Se trata de un hecho revolucionario en el campo del trabajo, de la producción, de la economía de 1300 familias, en los efectos inmediatos del consumo de esta gente en el comercio, la industria y los servicios.
La empresa tuvo razones de peso para enfrentar esta cuestión y la fórmula usada para concretar el convenio con su personal no es lineal, sino compleja. A tal punto que es altamente vulnerable al análisis de los expertos en cuestiones económicas.
Lo real es que el convenio se firmó, que funcionó muy bien entre 2003 y 2005, que luego dejó de dar resultados y que hoy no sabemos en que punto de su gloria o su frustración se encuentra.
De ninguna manera, los avatares de esta experiencia son negativos. Por el contrario, en mayor y menor medida –ahora se descubre- existen regímenes similares de asignaciones de ganancia en México, Venezuela, Brasil y otros países.
No es necesario comprobar si los escasos beneficiarios consideran lo recibido como una suma importante en sus ingresos. Todo ingreso es bien recibido. Si es posible sistematizar la asignación de parte de la ganancia empresaria, convertirla en un derecho permanente, mejorar la calidad de vida, aumentar el consumo, enriquecer las arcas de comercios, industrias y servicios; regenerar fuentes de trabajo y aumentar la demanda laborar, reducir con ello la indigencia, la pobreza, la muerte materno-infantil, facilitar la recreación de la escalera social que, mal o bien, siempre funcionó en la sociedad argentina, bien vale insistir en que el debate debe ser abierto, con fuerza, convicción y decisión política.
   
Ocurrió en Lavallol, provincia de Buenos Aires, y ya los medios deberían enviar a sus cronistas a explorar las causas y efectos de esta decisión de Bridgestone desde 2001 hasta hoy.
¿Alguien puede discutir si es nota o no es nota?
No sólo de drogas, asesinatos, barras bravas y otras inutilidades informativas difundidas hasta el hartazgo como un martillo hidráulico sobre la testa del país,  en reiterados espacios de enfermizos “levantes”, y  como si el público fuera infradotado, se deben resolver los espacios vacíos de los medios argentinos.

Mientras tanto, veamos algunas respuestas ya publicadas en “La Nación. 
Explicó el presidente de Bridgestone Argentina, Daniel Benvenuti: "En nuestro caso, el mecanismo de participación en las ganancias surgió como una forma de resolver algunos problemas en 2001, cuando había una situación de crisis importante. La empresa dispuso medidas de reducción de costos, y en una negociación se estableció que si todo eso daba resultado, una vez que volviera a haber ganancias se participaría a los trabajadores".
Los empleados tienen derecho, cada año,  a “un ingreso adicional, pero sólo si la rentabilidad empresarial supera determinados niveles, según lo acordado con el sindicato de la actividad hace casi una década”.
Añade el informe que “por las condiciones que se establecieron y los resultados obtenidos por la firma, la cláusula de participación se aplicó en la práctica en tres años: 2003, 2004 y 2005”
En el año 2003 fue el mejor en esta experiencia: cada empleado “recibió cerca de $ 12.000”. En cambio al año siguiente la ganancia para los empleados se redujo a menos de la mitad.
Parece ser que las cosas no han funcionado bien en los últimos períodos porque “no hubo reparto”, señala la nota del diario. “No se alcanzó la rentabilidad fijada como umbral” se explica.

Estamos hablando de un caso y sus características particulares.
En cierta ocasión viajé a Pergamino para recabar información sobre los salarios pagados a los peones de campo y para ello, no se me ofreció mejor oportunidad que internarme en la expochacra que se desarrollaba allí. Fue un fracaso porque se me hizo muy difícil encontrar peones y extraer conclusiones serias con los pocos que hablé.
Tuve más suerte con un ingeniero del Inta quien me dio fragmentadas informaciones sobre cómo suelen asignar ganancias entre sus peones algunos empresarios del agro brasileño.
Admitió que en la Argentina no conocía un solo caso de asignación de parte de las ganancias a los “mensuales”, técnicos y profesionales que respaldan con su esfuerzo físico y cerebral al éxito de la producción agropecuaria.
No es necesario citar las sumas multimillonarias que mueve la actividad agropecuaria, sólo con sus exportaciones en dólares. Pues bien, mientras un puñado importante de productores –a pesar de sus lágrimas, quejas y cortes de ruta al mejor estilo de los hambrientos piqueteros-, encaja dentro y fuera del país sus ganancias enormes de cada año, sus peones y demás personal auxiliar no recibe un dólar extra fuera de los 1.500/ 2000 pesos mensuales. 

En otra ocasión estuve en una de las últimas grandes exposiciones anuales de la Sociedad Rural, en Buenos Aires, y el común denominador de mis indagaciones se redujeron a saber que los peones recibían sueldos de no más de $ 1.400, en ese momento, y ninguna asignación de las ganancias de los ganaderos. En algunos casos las jornadas de trabajo eran de 8 horas y en muchos casos, el trabajador actúa full time si su obligación es cuidar “animales enfermos”, según explicó uno de los “mensuales”.

¿Qué sigue luego del proyecto del diputado Héctor Recalde, del rechazo terminante del proyecto de uno de los asesores de la UIA, y de la experiencia de la Bridgestone?
Nunca, en la historia de la relación empresa-trabajo, fue fácil convenir los términos de las remuneraciones. Hoy, tampoco es fácil. De las heroicas luchas del socialismo de los Justos, y el gran triunfo al imponer las 8 horas máximas de labor diaria, hasta las 12 y 14 horas actuales de gente decente para sobrevivir en extenuantes jornadas de esfuerzo físico, aparece ahora una luz en el fondo del túnel que puede iluminar un futuro más justo para una gran parte de protagonistas del aporte humano de brazos y cerebros.
Si no se soluciona la distribución equitativa de la riqueza, a través de una asignación justa de las ganancias empresarias ¿cómo se rescata este país de 8 millones de pobres, indigentes, desocupados y desesperados?
Porque nunca en los últimos 60 años a nadie se le ocurrió analizar la supuesta utopía que prevé el Art. 14 bis de la Constitución Nacional, el país y su gente se encuentra en la degradante condición de pobreza colectiva que lo agobia, y en barranca abajo.
¿Alguien cree que la caída será eterna, inexorable y en silencio?






 
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