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Pobreza productiva en el Gobierno de La Plata PDF Imprimir E-Mail
domingo, 13 de junio de 2010

¿Cuál es la fórmula para que Ejecutivo y Concejo generen respuestas a los acuciantes problemas que ponen de rodilla a 600.000 habitantes?


Image “Lejos de ser la instancia institucional donde deberían tratarse y resolverse muchos de los problemas más comunes que afectan a los vecinos de La Plata, en las últimas semanas el Concejo Deliberante se ha convertido en un recinto donde, en lugar de la discusión política, predominan las chicanas entre oficialismo y oposición”,  dice un comentario publicado en el diario “Hoy” de La Plata.
La definición es matemáticamente exacta a juzgar por lo que se registra en lo que va del año, por decir algo.
En el cuerpo de concejales hay 24 hombres y mujeres.
Hasta los partidos que no pueden mostrar más que un puñado de afiliados y un breve número de votos, tienen representación en el Concejo.
Es muy probable que la atomización representativa que hoy se observa en el cuerpo, jamás se haya dado en la historia del cuerpo.

Hay que hacer un gran esfuerzo analítico para destacar a uno solo de ellos como una figura preponderante en cuanto a un índice sobresaliente de imaginación o asomo de talento político para el juicio atinado y el acierto en la solución de una cuestión fundamental.
Si alguien necesita un ejemplo, ahí está el final de orquesta del remanido código de ordenamiento urbano. En varios tramos de la discusión, algunos discursos rozaron la ridiculez y el desparpajo. Los episodios desopilantes que se registraron en el sector oficialista, fueron desde el burlesco hasta la pantomima.
 
Es un cuerpo mediocre, duele admitirlo y a juzgar por los resultados registrados hasta el momento.
A esta altura de su “actuación”, esperar que de este cuerpo de 24 hombres y mujeres surja otra cosa que no sea la búsqueda de otras canonjías en 2011, es pecar de tonto e ingenuo.
Los 24 concejales no muestran madera de concejales; no están hechos para ser políticos, base natural e imprescindible si se quiere comprender los problemas humanos de una población de 600.000 habitantes.
Son militantes, son dirigentes ocasionales, con una gran cintura para codear rivales dentro de sus agrupaciones y posicionarse en los primeros puestos de una lista, y nada más.
Un militante no es un político. Un militante emplea todo su esfuerzo en sacar provecho de su partido para ser concejal, legislador o gobernante. Un político es como papá y mamá en casa: se rompen el alma para sostener el hogar, que no les falten nada a los chicos, ni comida, ni ropa, ni educación y si se enferman, salen a la calle a solucionar el problema de inmediato. Papá y mamá son políticos porque "crean el mayor número de bienes y los distribuyen en el mayor número de personas". Trabajan para su familia, les duele su familia, se matan por su familia. 

Un militante metido a concejal se toma los 3 primeros meses del año de vacaciones, luego otros 15 días en invierno, de vez en cuando pispea un expediente, en el recinto se pasa meses sin abrir la boca, cuando habla se apoya en la breve y limitada oratoria que aprendió en la barricada para tener un cargo rentado, y al finalizar la sesión considera que su labor ha terminado por esa semana.
No visita barrios, no entrevista vecinos, no alterna con los damnificados o víctimas de un suceso desafortunado, no recibe a nadie en su despacho y si lo recibe se los sacude de encima con una promesa que nunca cumple, es muy proclive a los rimbombantes homenajes y la recordación de fechas patrias y partidistas, cumple con el rito sagrado de izar y arriar la bandera nacional en cada jornada de “trabajo” y de esta manera amortizó su cuota de patriotismo,
No se les conoce proyectos de envergadura ni luchas por imponer sus ideas para solucionar los graves problemas que afectan al pueblo que dicen representar. Como abogados de las víctimas ciudadanas son un desastre. Desde los 16 fracasados años del “gobierno” de Alak hasta el día de hoy cuando transcurre el tercer año del “gobierno” de Bruera, todo ha sido una frustración colectiva.

Nada permite pensar que el 2011 será distinto. Se han perdido 2008/2009/2010/ y, fuera de algunas plazas reacondicionadas con multicolores juegos infantiles, algunos refugios y pintorescos “lomos de burro” que brillan en ciertas avenidas, no se ven otras muestras del ingenio político del intendente, sus concejales y los concejales de la oposición.
La constante chicana de lograr la mayoría necesaria en el Concejo, a cambio de favores personales, funciona muy bien. El resultado siempre es militante, no político. Siempre beneficia al concejal no a la gente que dice representar el concejal. El Concejo es el lugar de la transacción mercantilista del negocio privado, no el recinto de las grandes definiciones políticas a favor de la ciudadanía.
 
Sin embargo, nadie puede decir que se trate de malas personas. Simplemente no les alcanza la capacidad intelectual para ser mejores. Suficientemente mejores como para beneficiar, con sus esfuerzos, estudios, luchas, a la gente que los votó.
La chatura en la propuesta se comprueba con sólo leer el boletín con la síntesis de asuntos por tratar en cada jornada. Más que un boletín con grandes temas, grandes ideas, grandes proyectos, este boletín está formado en un 90% con recomendaciones al Ejecutivo para desmalezar una esquina, reparar una pérdida de agua o colocar un lomo de burro en un lugar del distrito. Es decir, una tarea obvia que debe encarar Control Urbano, el gabinete de Bruera o cualquier oficina municipal, es el material más abultado y numeroso de los asuntos por tratar del Concejo.
 
Hay proyectos de la Interactiva Almafuerte, de Villa Elisa, que daría chapa inmediata de hábil, capaz, rápìdo, inteligente, a cualquier concejal que tomara una copia del proyecto, la blandiera en el aire como una espada en defensa de un sueño, y peleara con todas sus fuerzas y recursos mentales hasta ver materializado el pedido de un barrio, de una población. Nada de eso.
Sólo el proyecto de construir veredas a cargo de maestros albañiles, peones, alumnos y egresados de escuelas técnicas, cooperativas en serio –no oficiales-, abriría las puertas de inmediato para mejorar la calidad de vidas de un barrio, de los trabajadores y sus familias, del comercio que vendiera los materiales y del aumento del consumo local por efecto de un mayor ingreso por estas construcciones.
Tanto el Concejo como el Ejecutivo tienen que convocar a los autores de la idea y decirle “queremos ver cómo es eso de las veredas”. Si la idea es buena se pone en movimiento la máquina de producción. Si no sirve, el Concejo y el Ejecutivo dictaminan “no sirve”. Y se terminó.
Ocurre que el Ejecutivo no abre el expediente y así jamás se enterará de una fórmula exitosa como ésta ni en el año 3000. Ocurre que el gabinete de Bruera no abre el expediente y ocurre que a ninguno de los concejales de los gobiernos de Alak y Bruera tampoco se les ocurre abrir el expediente.
Lo que Natura non da Salamanca non presta.

¿Qué pasa con los otros 20 expedientes que presentó la Interactiva Almafuerte, donde hay otros temas que solucionan 20 problemas distintos, sólo en Villa Elisa?
Tampoco salen de su condición de “muertos”, “congelados”, “cajoneados” porque a ninguno de los 24 concejales se les ocurre siquiera ver sus títulos en sus computadoras, donde figuran números y fechas en la Mesa de Entradas del Concejo Deliberante.
De esta manera Villa Elisa –como tantas localidades- vegetan como esos pueblos del Far West donde el viento del desierto hace rodar grandes pelotas de yuyos espinosos y fantasmales.

¿Se entiende por qué decimos que este Concejo es mediocre y está formado por 24 hombres y mujeres sin vocación política, sin respeto por sus votantes, sin imaginación por comprender el dolor, la carencia, la pobreza de sus gentes?
¿Se comprende por qué la inercia, el inmovilismo, la pereza, la irresponsabilidad, son las causas directas de la enfermiza situación actual de parasitismo que somete a millares de habitantes a la indigencia, la pobreza y la desesperación?
¿Es justo, racional, ecuánime, que mientras millares de personas trabajan 10 y más horas sólo para llevar comida a sus hogares, un grupo de 24 hombres y mujeres que asumieron la grave responsabilidad de representar a 600.000 habitantes en un cuerpo legislativo, no tenga nada para exhibir en defensa de los derechos de los pobladores a una vida cada día mejor?  
¿Es responsable que estos “políticos”, en su gran mayoría, en lugar de ocuparse de los acuciantes problemas de la gente, utilicen sus cargos para ver cómo se acomodan en la próxima lista electoral de 2011?
¿Ni siquiera tienen conciencia que los millares de contribuyentes que sostienen al Intendente, a los concejales, a los funcionarios, al personal auxiliar, aportan millones de pesos en conjunto para pagar sus sueldos mensuales, con el compromiso juramentado de que trabajarán en beneficio de los habitantes de La Plata, más allá del embustero, vergonzoso, burlón e insultante “que Dios y la Patria me lo demanden” ?

Teódulo Domínguez

 
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