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miércoles, 26 de enero de 2011

Una entrevista que dan ganas de llorar

por Teódulo Domínguez

 “La Nación” entrevistó al intendente de La Plata, capital de la provincia más importante del país, y las preguntas que el reportero le hizo al primer funcionario de esta ciudad de más de 600.000 habitantes, no pueden pasar inadvertidas. Las preguntas llaman la atención, no las respuestas que son de cajón y acomodadas al consumo extravagante de tanto programa televisivo que anda por ahí.

Veamos.

-¿En su currículum pondría el mote "Intendente díscolo"?

-¿Por qué cuando habla parece que buscara ser candidato?

-¿Se toma vacaciones?

-¿Lo retan mucho?

-¿Usted era buen alumno?

-¿Qué pensó cuando en 2009 lo llamaron "traidor"?

-¿El PJ tiene que cambiar?

-¿Moyano es una solución o un problema?

-Dedicarse a la política, ¿le trajo algún vicio?

-¿Qué pasaría si su hijo deportista quisiera, por ejemplo, fumar? ¿O probar marihuana?

  

Además, por si faltara algún detalle que no permita conocer las inclinaciones del entrevistado, el cronista añade su “bolso playero”.

Música. "Elijo el rock nacional. Soy ricotero, aunque no sé si tanto como Aníbal Fernández. La última vez que vino el Indio a La Plata lo fuimos a ver juntos. Lo último que me bajé en la PC ahora son Pappo y Vivencia, dos clásicos."

Deportes. "Amo el fútbol. Siempre jugué entre 9 y wing izquierdo. Soy zurdo. La derecha no me sirve ni para pararme. De chiquito jugué un tiempo en Gimnasia, pero soy fanático de Boca."

Libros . "Leo de todo, pero sobre todo libros de ciencia política. A veces alguna novela, pero no es mi eje principal. Igual ahora empecé con En el nombre del hijo, una novela de Jorge Campanaro [un funcionario platense]."


El cronista de “La Nación” sorprende. El diario “La Nación” sorprende.

Sorprende, inclusive, la sección del diario donde se publica este material. No se publica en “Espectáculos”, con la gente de la noche y la farándula, de la TV libertina, de la radio show. Aparece en el cuerpo del diario como material “político”, ni siquiera como “chivo” ni columna partidista.


Los dos, cronista y diario logran efectos disímiles y encontrados en cada pregunta y en el total de la entrevista.

Tiene una victoria. Es imposible permanecer indiferente. Produce una reacción. A favor o en contra, pero una reacción. Entretiene al país. Irrita a los que viven en La Plata.

En mi caso, no alcanzo a entender cuál es la diferencia entre esta nota a Bruera y la prensa adicta a Bruera. Si esto lo veo en 6/7/8 me parecería normal, dentro de las pautas que tiene este programa como tantos otros adictos a otras causas.

No me entra en el caletre la confusión que arma el cronista y el diario como vehículo, cuando trata al intendente de 600.000 habitantes con serios problemas estructurales, edilicios, de intercomunicación, de salud, de trabajo, como uno de esos personajes de la farándula porteña, convertido en estrella de la TV, el cine, la radio, Facebook y Twitter, todo junto.

Por un momento, “Mordisquito”, el personaje inventado por Discepolín quedó superado por un supuesto cronista profesional y un supuesto diario independiente.

Si cada vez que tenemos un entrevistado enfrente no medimos su cantidad y calidad, su responsabilidad e irresponsabilidad, sus deberes y sus ausencias, sus códigos y reacciones, es lo mismo la biblia que el calefón. Es la nota en serio o la nota ficción.

Al cronista y al diario les da lo mismo, Bruera, los pobres e indigentes que viven en su territorio, si sus heces van a una cloaca o al arroyo Carnaval, si utiliza el dinero para aliviar los pesares de los chicos y madres que concurren a los centros de salud o si Bruera se queda con dinero de palacio para financiar su propaganda proselitista o la financia con el cheque que le paga el Estado municipal.


Dentro de la tarifa que maneja “La Nación” ¿cuánto vale el espacio dedicado a Bruera para albergar su plácida e inocente figura en el fondo de su casa, sentado en la pileta y, como le pide el reportero gráfico, que mire la lente de la cámara? Además, el espacio del texto con tanta pregunta inútil, inservible, intrascendente, vacua, tontita, funcional a los intereses electoralistas, partidistas, personales, del abogado Pablo Bruera?

Aquí me viene, galopando de lejos, una pregunta que persigue a cada periodista cada vez que se cuestiona para qué carajo es periodista: ¿A quién me debo, al diario, a mis jefes, a mis lectores, al entrevistado, al poder, a mi partido, a la mafia, al sobre que recibo cada mes por debajo de la mesa? ¿A quién?

Creo que el periodista que se respete, ni siquiera digo que respete, tiene el problema resuelto cuando se responde con super facilidad, “me debo a mis lectores” y excluye, con distintas gradaciones, al resto de la zoología ciudadana.


El cronista de “La Nación” y el diario “La Nación”, en este caso particular de Bruera, no se deben a sus lectores. Ni siquiera lo ensayan o disimulan.

En la menor de las funciones, se ponen a la altura de la prensa adicta a Bruera. Desde otros ángulos, la entrevista es una bruta parodia de relaciones públicas, un favor a cambio de publicidad, una ayudita por simpatías personales, una respuesta a la invitación oficial de limar asperezas con el gobierno, una demostración enviada al gobierno nacional por elevación de que el diario no es tan adversario como parece, en fin, todo lo que se me ocurra sospechar, inclusive que se trata de una nota paga para ayudar al intendente a zafar de este limbo donde él mismo se ubicó para decir, dentro de poco, en qué boleta se pone y con qué cargo,  otra vez intendente, vicegobernador, gobernador si Scioli va de presidente, con los K, sin los K, con el peronismo federal, con su partidito Renovador del 17%. ¿Dónde me pongo?


Nunca, definitivamente nunca, lo del cronista y “La Nación” es un acto de periodismo  profesional, pensado en dar respuesta a 600.000 habitantes de La Plata, como corresponde a un medio que se respete, con una eficiente y respetada corresponsalía propia en 7 y 51, pleno La Plata.

Tampoco, de ninguna manera, en un ejemplo de periodismo para exponerlo en los cursos master de periodismo que organiza cada año “La Nación” para mejorar la calidad de los egresados de todas las facultades de periodismo del país.

Como “La Nación” se lee en todo el país, no en La Plata únicamente, los públicos del interior y del Gran Buenos Aires, reciben la influencia, el mensaje, la dimensión, de un buen funcionario que descansa en su casa, leyendo el libro de uno de sus secretarios, aspirante a rebelde juvenil, que no le debe nada a nadie y que tampoco debe preocuparse por las carencias de nadie porque no hay carencias en La Plata.

Eso es lo que trasunta la entrevista al abogado Pablo Bruera, en “La Nación” del 25 de enero de 2011 y dan ganas de llorar.





 
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