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El infanticidio estatal y la inacción de la Casa Rosada PDF Imprimir E-Mail
sábado, 12 de febrero de 2011

Jesús Rodríguez, corresponsal en Salta, un dignísimo ejemplo para los periodistas de la Argentina

por Teódulo Domínguez

Fotos Jesús Rodríguez, Clarín

Image Es notorio que uno de los periodistas que más se destaca al escribir sobre las muertes de niños por efectos de la miseria, la indigencia y la desnutrición en el país, es el excelente corresponsal de Clarín en Salta, Jesús Rodríguez.
Lo conozco desde hace más de 30 años. Fui colega de él, y me enorgullece decirlo.
Me sigue sorprendiendo su dinamismo, su fuerza, su coraje, su pertinaz vocación profesional, su irrefrenable impulso por revelar ya mismo qué está pasando en su provincia, a su gente, y en estos últimos meses, qué está ocurriendo con el infanticidio estatal en el Norte del país.
Mientras en la Presidencia, en las gobernaciones, entre los funcionarios de uno y otro estado, tratan de despegarse de las notas de Jesús, o de los que, como Jesús denuncian cada día el infanticidio gubernamental, Jesús parte de su base en Salta a cada momento, viaja en coche, en camioneta,  anda a caballo o en mulo, camina, trepa  como una cabra los tramos más inaccesibles, pero llega a los lugares más escabrosos de la escarpada  Salta.

 

Image Pregunta y avanza, pregunta y llega, entra al poblado, al caserío, percibe los olores, registra en sus retinas las carencias, toma fotos, golpea las manos en la guarida del chico muerto, conversa con los padres, se entera, toma nota, graba en su cerebro, se despide, vuelve, desanda lo andado, escribe sin quitarle una coma a lo que ha visto, escuchado y sentido, envía su trabajo a la redacción central, respira, come algo y se acuesta.

En una hoja del diario, como en la voz de un locutor su nota levantada, aparece la nota de Jesús. Misión cumplida. A otra cosa.
Allí están, como en un documento que alguien hallará dentro de mil años en los papiros actuales de otra cueva del Mar Muerto, los títulos de Jesús
:

Otros dos bebés mueren por desnutrición en Salta
“A mi hija se le notaban las costillitas flaquitas y que además respiraba mal”
“Julián no comía bien, estaba flaquito y se le notaba mucho el bajo peso”
Murió otro chico aborigen en Salta y confirman que fue por desnutrición
Cerraron una unidad para chicos desnutridos por “no ser necesaria”
“Mi hijo me pedía comida, pero yo no pude comprar nada para darle”


ImageAhí están las palabras, los títulos de Jesús, recogidos en el mismo lugar donde estos niños murieron y sus padres denuncian,  transmitidas sin que el cronista agregue nada para llamar la atención.

Para el buen lector y sin que Jesús se lo proponga, se puede percibir el escaso aliento de la madre o el padre del chico, como un susurro, cuando dicen ¨el Julián estaba flaquito” o “a mi hija se le notaban las costillitas”. Hay olor a miseria, a último suspiro, a tufo de heces en las zanjas, no hay olor a comida.

¿Acaso es preciso que Jesús le inserte un solo adjetivo a la muerte de un niño, crucificado por el Estado a morir en la cruz del hambre? ¿Acaso es necesaria siquiera una foto de la crucifixión para hacer más espectacular el asesinato legal, el que ninguna ley procesa, condena ni pena?

¿Acaso hay que apelar a la supuesta inteligencia de los legisladores, o la de los miembros de la Corte Suprema, para apuntarles que ellos envían a la cárcel a un Jean Valjean que robó un pan, pero no hacen lo mismo con los que generan o permiten generar las condiciones por las que mueren más de 11.000 chicos por efecto del hambre en el país? 

Jesús le está mostrando estos títulos a una señora que llega cada mañana a la Casa Rosada, entre exagerados taconazos de granaderos y empuñaduras de espadas presionando el pecho, recorre varios metros, sube al ascensor, atraviesa la vieja y pesada puerta de su despacho, se ubica en su escritorio y desde allí, secundada por un gabinete de una veintena de hombres y mujeres especialistas en gobernar, decide qué hace ese día, con quiénes lo hace y dónde lo hace. Ella elige, ella ordena. Es la presidenta a veces, otras veces la monarca.


La pregunta es ¿alguien de prensa, del ministerio del Interior, de la secretaría de Gobierno, del ministerio de Salud, alguien, le instala a la señora Presidenta sobre su escritorio uno de los títulos que le escribe, indirectamente, el corresponsal Jesús Rodríguez, desde un paupérrimo poblado salteño, que en ese lugar de la Argentina, competencia directa del Gobernador y la Presidenta, Jesús le está diciendo al mundo que acaban de morirse dos chiquitos por efecto de la pobreza, la indigencia, el hambre, la mala nutrición, la desnutrición y la desidia oficial?

¿Se entera la primera mandataria de la Argentina de esta realidad, tan visible y trascendente para millares de lectores?
 
Debo pensar que no. Debo pensar que se lo ocultan. Debo pensar que existe un mecanismo, tal vez mágico, tal vez ficcional pero perverso, que le impide enterarse de estas muertes ocurridas en todo el país, pero que sólo los Jesús de las redacciones exponen en sus títulos para alertar, para hacer ver, para denunciar y detener, de una vez, por todas este horrible holocausto argentino, este vergonzante infanticidio de los tres poderes de la Nación.
No puedo, ni quiero pensar, que la señora Presidenta lea estas notas que vienen del Norte, y las patee a un costado, que las deje para mañana, que ni siquiera le pregunte a su ministro de Salud si lo que están diciendo Jesús y algunos de sus colegas de las redacciones es cierto o no.
No me cabe en la más recóndita de mis neuronas que la presidenta de la Nación conozca que en su país, todos los días del año se le están muriendo más de 30 chicos,  y la Presidenta viaje al exterior, a lugares del Gran Buenos Aires, al interior,  y no haga absolutamente nada, pero nada nada, por las denuncias que los Jesús de este país le arriman cada día a su escritorio, cuando desembarca en la Casa Rosada.
A la Presidenta se le están muriendo 30 chicos por día.
De estos 30 chicos, dicen los especialistas de Asumen, pueden evitarse el 60% de los fallecimientos.
Si la gente de Asumen tiene razón, y tiene razón porque lo pueden demostrar sólo con 5 de sus propuestas, 18 de estos chicos no tienen por qué morirse cada día.
Si los profesionales de Asume fueran llamados a la Presidencia, pueden sugerir, aconsejar, proponer cómo se pueden salvar más de 7.000 chicos de los más de 11.000 que se mueren en el país cada año.
 
Como si estos chicos y estos padres pertenecieran a un país exótico de Asia o del Africa profundo, la Presidenta no los tiene ni retiene en su cabeza. No existen, ni vivos, ni muertos.
Jesús y los Jesús del periodismo argentino hacen su trabajo.
La Presidenta no hace el suyo.

 
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