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Al mismo tiempo que el país se conmueve por un hecho aberrante PDF Imprimir E-Mail
jueves, 01 de septiembre de 2011

Genera interrogantes un comentario del Dr. Nelson Castro sobre ataques a la prensa

por Teódulo Domínguez

Tengo un gran respeto por el doctor en medicina y mejor periodista Nelson Castro.Termino de leer un comentario suyo en “La Nación” que me sorprende.

En mis charlas en la UNLP lo he citado como un ejemplo de profesional decente, buen preguntador, explorador de cuestiones difíciles de tratar y ecuánime a la hora de manejar esto tan difícil como es el equilibrio objetivo de un hecho donde no siempre se alcanza la verdad.

En esta nota de "La Nación" el Dr. Castro me sorprende.

Como también me sorprenden, en otras ocasiones, profesionales como  Jorge Lanata, Pepe Eliaschev, Alfredo Leuco y otras figuras del periodismo nacional, que tratan de hacer un buen trabajo cada vez que enfrentan una cuestión de complicado tratamiento, con aristas y contenidos escabrosos, donde intervienen personajes que hacen equilibrio entre lo lícito, lo legal y lo delictivo, entre la honestidad simulada, el ejercicio del poder corrompido y la simple apropiación del dinero ajeno para engrosar las faltriqueras propias.

En el caso del Dr. Castro me sorprende más porque es médico.

Tal vez yo esté mal informado. Tal vez.

Confieso que no soy adicto a la televisión. Casi ni la miro. En muchos aspectos me da pena. Una tecnología tan linda y brillante. Con tanta abundancia de margaritas y chanchos.

No estoy con la oreja pegada a la radio. Pero escucho buenos noticieros.

En cambio recorro con frecuencia, a cualquier hora, la pantalla de la notebook, bajando diarios del país y del mundo. En algunos casos un buen título, un copete bien construido me atrapa y bajo la nota. Le hago copy y paste, la imprimo en un archivo y la guardo en una carpeta específica. Es un acto siempre gratificante.

No recuerdo, en este manejo culinario de mis fuentes informativas, haber leído del Dr. Castro, de Lanata, Pepe Eliaschev, Alfredo Leuco y otros buenos profesionales de la radio nacional, con insistencia y agresividad, una cuestión que me tiene mal de toda la vida y cuya solución no he hallado nunca, muy a pesar mío.En este sentido, me declaro inútil, inoperante, impotente, aunque no vencido y menos con los brazos caídos.

El médico Castro publica hoy en La Nación uno de sus buenos trabajos reflexivos de actualidad, titulado “Una prensa forzada a silenciar escándalos”.

Siempre lo acompaño en su intento de defender a la prensa contra los embates de la abogada Cristina Kirchner, de sus ministros Fernández, Timerman, Boudou o Randazzo, quienes suponen que estas escaramuzas contra empresarios, muchos de ellos no periodistas, son la solución de los grandes problemas que afectan a millones a personas, y que se arreglan neutralizando a “Clarín” o “La Nación”, diarios que muy poca gente lee en una población de 40 millones de individuos.

Esta exagerada preocupación de Cristina Kirchner y su gente,  es una prueba más de su falta de calidad en el manejo del gobierno.

Al pasar, necesito decirle al Dr. Castro y al resto de mis colegas que los propietarios de “Clarín” y “La Nación” no son, de ninguna manera, reitero, de ninguna manera son “la prensa del país”.

Tuve la inmensa dicha de compartir muy felices momentos con muchos colegas de “La Nación” y con algunos de “Clarín”.

Y me aprieta el penoso recuerdo de haber sufrido a los propietarios de los dos diarios, no sólo por perversos sino por mediocres.

A los propietarios de “La Nación” les hice juicio por daño moral y se los gané en primera y segunda instancia.

Más aún, mi causa, defendida por mi excelente amigo Nelson Domínguez, sentó jurisprudencia en el país.

Los propietarios de “Clarín” me echaron, me indemnizaron y nunca conocí el porqué. Junto conmigo, fueron despedidos  e indemnizados otros 70 colegas.

Esta práctica periódica de Ernestina Noble, que de periodismo sabe poco y lo poco que sabe no lo sabe explicar, y del primer gerente Héctor Magnetto, cuya especialidad es castigar a su personal sin piedad ni arrepentimiento, no merecen el homenaje de ser  reconocidos como “gente de prensa” ni confundidos como el gran poder que puede desestabilizar a un gobierno, corrupto o decente.

¿Qué es lo que me llamó la atención del comentario del médico Nelson Castro?

 Unos párrafos que paso a transcribir:

Se repite en estos momentos algo que ya sucedió en 1995. En aquel año, Carlos Menem -hoy devenido kirchnerista de la nueva hora- obtuvo la reelección con un triunfo contundente que dedicó a los medios.

En aquella hora, la prensa descubría y exhibía ante la opinión pública los escándalos que salpicaban a aquel gobierno emblemático de la corrupción. Sin embargo, al momento de votar, la sociedad no tuvo en cuenta esos hechos. ¿Significa ello que los periodistas deberíamos dejar de ejercer nuestra profesión con un enfoque crítico?

Ante la contundente victoria alcanzada por la doctora Cristina Kirchner ¿estaríamos forzados a silenciar los mentirosos índices el Indec, los escandalosos manejos de los fondos públicos asignados al proyecto Sueños Compartidos, de las Madres de Plaza de Mayo, que encabeza Hebe de Bonafini; los episodios de toma de tierras en Jujuy, los hechos de represión contra la comunidad aborigen de Formosa, el impresionante enriquecimiento del patrimonio de la Presidenta, los sobreprecios de obras públicas, y otros hechos más que constituyen un largo y pesado etcétera que puebla la realidad del país?

Me pregunto ¿cómo es posible ignorar un hecho mil veces más dramático que los enumerados por el médico Castro, en un campo que es su especialidad, tanto como periodista como facultativo?

¿Cómo no figura en la lista de “otros hechos más” del Dr. Castro el factum de que en el país se mueren, cada día, unos 30 chicos por efecto directo e indirecto de la desnutrición, de la mala nutrición, de la pobreza, de la indigencia, de la puta hambre que enferma y mata a más de 9.000 bebés que no alcanzan el año de vida y a 12.000 pequeñitos que no llegan a vivir mas de 5 años en este país que exporta 50.000 millones de dólares sólo en alimentos y que puede alimentar, por día, a 430 millones de seres humanos?

¿Cómo no desafían el Dr. Castro y el resto de los muy buenos periodistas que tenemos en esta formidable república, al poder de los Kirchner, de los Aníbales, de los Randazzos, de los Timerman, de los Boudou,  a que declaren la guerra, la guerra literal, sin eufemismos ni tropos, a las causas que genera tanta puta muerte, tanto llanto, tanta angustia y devastación moral, tanta tragedia maldita que poco le importa al Gobierno y sus paños tibios, al 90% de los propietarios de los medios y sus cronicitas sobre el tema donde siempre se destaca el hecho gratificante pero ultrainsuficiente de la solidaridad y la beneficencia?

¿Qué mordaza, mental o material, les impide a gran parte de los periodistas de este país hacer lo mismo que están haciendo con el calvario y muerte de esta infortunada niña de 11 años, Candela Sol Rodríguez?

¿Acaso el estímulo debe ser la espectacularidad de lo aberrante, lo escabroso del tema, el condimento que erige en noticia aquello que consumen neuróticos y sicóticos?

Es decir, ¿no interesa a la prensa de cada día la muerte que comienza en la panza de la madre desnutrida, empobrecida, ignorante, que luego sigue durante 9 penosos meses en un caserío del Norte o del Gran Buenos Aires, esa muerte que ocurre en la parición o días después, en el silencio de una casucha, o de un paupérrimo hospital de pueblo, esa muerte que se concreta antes del año o antes de los cinco, esa misma muerte que el médico irresponsable y mentiroso tipifica como “paro cardiorespiratorio no traumático” en casi todos los casos de muertes de indigentes, repito, esa muerte anónima, nunca explorada por un periodista, esa muerte que nunca merece una tarea descriptiva en el día a día de una redacción y donde ni siquiera se identifica al chico con su nombre y apellido?

Acaso estas muertes desconocidas y enterradas en los tugurios más oscuros, ¿no reúnen las condiciones que los periodistas exigen para garantizar el éxito de “su” nota?

Para que el periodista que hoy ignora estas muertes de 12.000 chicos por año, ¿es necesario que los alimentos informativos estén adobados con factores truculentos, morbosos, procaces, donde haya un padre preso por pirata del asfalto, por haberse quedado con un vuelto de su pandilla y cuya hija termina oficiando de garante, donde desde el gobernador hasta el último vecino del barrio aparecen por la TV con los rostros desencajados y la indignación se vea en carteles gritando Justicia? ¿Es necesario que la víctima aparezca en un contenedor de basura, acuchillada, sin ropa, aunque sin haber sido violada?

Hay una entidad en Buenos Aires, se llama “Asumen”, uno de los coordinadores es el Dr. Bernardo Chomski, el primer contacto se puede hacer en la dirección Esta dirección de correo electrónico está protegida contra los robots de spam, necesita tener Javascript activado para poder verla   Esta dirección de correo electrónico está protegida contra los robots de spam, necesita tener Javascript activado para poder verla . Si alguien quiere informarse, en estos portales www.tdperiodismo y www.e-infu.com se leen varias notas.

La gente de “Asumen” asegura que si el Gobierno, en todos sus expresiones, aprueba leyes como la de los enfermeros dormida en el Congreso Nacional, asegura los fondos necesarios y perfecciona el sistema médico asistencial, se pueden evitar el 60% de estas muertes.

En otras palabras, técnicamente es posible salvar la vida de 245 embarazadas y unos 7.200 niños, entre las 410 embarazadas y 12.000 chicos que se mueren por año.

Invito a mis colegas y a los propietarios de los medios de todo el país: traten la muerte de cada embarazada y cada niño en este país con el mismo esfuerzo y dedicación que tratan la muerte de la niña Candela Sol Rodríguez y celebremos con la copa en alto el salvataje humano más glorioso y digno de la historia del periodismo mundial. Si les parece el proyecto ya tiene nombre: “Operación Candela”. 

Dr. Nelson Castro, perdón y una vez más, gracias por su tarea. Un abrazo.

 
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