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No es solo prohibir a extranjeros la tenencia de la tierra PDF Imprimir E-Mail
martes, 13 de septiembre de 2011

Hay que instalar el “valor agregado” a cada producto y aplicar el Art.14 bis de la Constitución sobre reparto de la ganancia

 por Teódulo Domínguez

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Ing. Gustavo Grobocopatel
Una insoslayable opinión sobre el uso racional de la tierra aparece hoy en “La Nación” con la firma del Ing. Gustavo Grobocopatel, Ceo de la empresa “Los Grobos”. Su trabajo lo titula “La propiedad de la tierra”

Creo que los legisladores que tratan en este momento la cuestión de la extranjerización de la tierra argentina, deberían tener en cuenta este comentario, porque si alguien merece respeto en la multiplicación de los panes en la actividad agropecuaria argentina es Gustavo Grobocopatel.

Sin embargo, desde un enfoque estrictamente interrogativo, me parece que GG se olvida de dos cuestiones muy importantes, o en beneficio de la duda, no tiene interés personal ni empresario en menear estas dos cuestiones.

 

 

 

Una es la de exportar menos commodities y, en cambio, exportar más productos elaborados, industrializados, con valor agregado.

La otra cuestión es multiurticante pero también insoslayable: la aplicación racional y ecuánime del Art.14 bis de la Constitución, allí donde toca el tema de repartir las ganancias con el trabajo, en todas sus expresiones.

No sólo es GG el que “olvida” estas dos cuestiones a la hora de hablar del aprovechamiento integral de la tierra en beneficio, primero, de todos los pobladores de esta nación, y luego para reducir el hambre de millones de habitantes del orbe.

Dice bien GG cuando propone que “el debate sobre la ley de extranjerización de tierras es una excelente oportunidad para revisar o reafirmar creencias e ideas sobre un tema tan cercano a nuestras emociones”.

Porque si en el Congreso Nacional se va a debatir la superficial cuestión de prohibir a los extranjeros la adquisición en exceso de tierras, volverá a caerse en el error de dejare de analizar en profundidad el resto de los interrogantes que exigen solución, hoy o mañana, pero alguna vez.

Sin caer en el latiguillo de “la tierra es del que la hace producir”, y convertir ¾ del país, vía confiscación,  en “tierra fiscal” improductiva, la Argentina todavía no ha resuelto el problema de la propiedad de la tierra en manos de unos pocos y, por contraste, 4 millones de pobladores sin vivienda propia.

Digamos al pasar, en acuerdo tácito con GG, que el problema no es la tenencia de la tierra, sino el uso correcto de la tierra en función social.

 

Que los grandes terratenientes de este país sólo se limiten a ser propietarios, pagar cánones miserables al Estado y dejar que gran parte de la población carezca de trabajo y vivienda propia, mientras otros se mueren de hambre o sufren penurias de paupérrimos pueblos africanos, no es precisamente un ejemplo de uso correcto de la tierra.

En cuanto a la tenencia en sí, ningún propietario de grandes extensiones de tierra, por más argentino que sea, puede ufanarse de su operación inmobiliaria porque sus tierras fueron robadas a los indígenas que poblaban la actual superficie argentina mucho antes que aparecieran sus invasores, guerreros  y sacerdotes,  para “evangelizar” con el garrote o la oración, como herramientas persuasivas de ceder o morir.

No es necesario leer la Biblia en su capítulo dedicado a Josué, para conocer el método de las 12 tribus israelíes para recibir de Yavé “la tierra prometida”. La conquista de América es una copia fiel de las enseñanzas de Josué. A sangre y fuego, sin dejar vivos niños ni mujeres, ordenaba Josué. Millares de incas desaparecieron así.

En síntesis, los primeros en apropiarse de la tierra, actualmente argentina, fueron extranjeros españoles y nosotros sus hijos y herederos. Como la ley la impone el que gana y no el que pierde, sería grotesco pedirle a los indígenas que vegetan actualmente en lo que fue su tierra, a aportar soluciones a esta problemática que, por enésima vez, se plantea desde el Gobierno.

GG dice que “la relación entre la propiedad de la tierra y su puesta en producción es un tema que se encuentra, desde hace varios años, también en revisión en los ámbitos académicos, gubernamentales y empresariales”

Este es el punto.

Si el Congreso va a debatir la adquisición de extensas superficies por extranjeros, es irrelevante dar respuesta a esta parte mínima del todo, sin abordar “la relación entre la propiedad de la tierra y su puesta en producción”

Ahora bien, le pregunto a Grobo y al Congreso: ¿cuándo se va a debatir la cuestión del “valor agregado”, que de este país no debe salir un solo gramo de cereal si no es en la forma de un producto elaborado por la industria local?

¿Cuándo se va a debatir que en la relación “capital/trabajo” intervienen 2 realidades que todavía, desde la Biblia, es absolutamente imposible poner una tonelada de granos en un barco y exportarla, sin el aporte combinado del empresario, el trabajador y el Estado? ¿Cuándo se va a debatir que, en el momento del reparto de la ganancia, una parte grande de la torta se la queda el empresario, otra el Estado y la feta de la producción le toca al que ha puesto su fuerza y su cerebro?

No es necesario pasar por la escuela, ni siquiera por el jardín de infantes, para advertir que la tierra produce para 3, pero son 2 los que se benefician. El 3ro.no es tenido en cuenta.

Un productor que debe apelar a la mano de obra de un obrero o maquinista, o al saber de un ingeniero agrónomo, no podría mostrar siquiera una hectárea de tierra arada aunque exhiba un millón de dólares para sustentar su negocio. Sin el músculo y el cerebro nadie genera un metro cuadrado de nada, aunque sea el presidente de la poderosa Sociedad Rural.

La aplicación del Art.14 bis ha sido insinuado por el oficialismo con un porcentaje ridículo que cualquier alumno de 3er. grado podría rebatir con solvencia.

Por otra parte, no se ve que el Gobierno, la legislatura o desde la CGT, se muestren verdaderamente interesados en esta cuestión, más allá de una promesa entintada de conveniencia electoral.

Hay que debatir en profundidad si vamos a seguir tolerando que las tierras y el agua sean conquistadas por extranjeros con el solo aporte de los dólares o euros.

 

Grobo lo dice bien que no es la tenencia lo que vale, si no el Gobierno que le pone condiciones a esa tenencia, producción y direccionamiento de la exportación.

El Congreso debe debatir 2 cuestiones más importantes, significativas, de justicia social, de significativo valor agregado, vinculadas ambas a la generación de pymes e industrias de alto vuelo, creación de fuentes de trabajo, exportación del máximo de alimentos manufacturados para paliar el hambre mundial, y –lo trascendente-, poner en cada bolsillo de trabajador genuino, no subvencionado, en cada bolsillo de experto, técnico, universitario y científico el 30/40% de la ganancia que genere a su empresario.

Sobre todo esto debe darse el debate en el Congreso Nacional.

Para inspirarse sólo hay que pensar en la familia, dentro de la caverna, en el rancho campesino, en la casa suburbana o el piso 42 de la Recoleta.

En cada familia bien constituida el reparto de todo es absolutamente equitativo, por más pobre que sea el grupo de padre, hijos y abuelos. Si no es padre el gestor, es la madre la que impone la ley de la ecuanimidad.

¿Por qué, entonces, en un país riquísimo como la Argentina, los Grobo o socios de la Rural, los integrantes de la UIA y los dirigentes de las altas finanzas,  se quedan con el 100% de la ganancia, deducidos gastos e impuestos, y al esfuerzo y la inteligencia aportados por millones de hombres y mujeres, es decir, los generadores del producto, sólo les toca un salario mínimo para pucherear toda la vida, generación tras generación?

 

Dentro de 40 días habrá elecciones nacionales en el país.

Tanto la actual presidenta de la Nación, quien aparece como virtual ganadora, como el resto de los dirigentes que llegarán a las legislaturas, deberían dejar sus propuestas generalizadas y anodinas, encarar con honestidad cuestiones como las apuntadas y confesar, de una vez, si seguirán con los paños tibios, engañando a 10 millones de empobrecidos por ellos mismos, o abrirán en el país los grandes debates que conduzcan, entre otros temas económicos-sociales, a la implantación del Valor Agregado de los productos de la tierra y la aplicación inteligente, ecuánime, equitativa, del Art. 14 bis sobre distribución de las ganancias.

El sentido común, la intuición y el instinto de conservación dicen que, lo demás vendrá por añadidura y la mayor parte de las soluciones –como la muerte de 12.000 chicos de 0 a 5 años en el país, cada 365 días, por efecto de la indigencia y la pobreza-, serán automáticas.

 

 
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