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“Juan y Eva” demuestra que el “peronismo” del 40 es una cosa y el resto de los “ismos” una grotesca y mala copia de Perón y Eva Duarte
por Teódulo Domínguez
Se estrenó en La Plata, entre otras ciudades del país, “Juan y Eva”, película de una talentosa mujer, Paula de Luca, sobre una imaginada relación de afecto, cariño, respeto, mutua atracción, entre el coronel Juan Domingo Perón y la actriz Eva Duarte.
La Presidenta no sólo se apresuró a elogiar calurosamente el film, e invocar su deseo de ser vista junto con su extinto esposo en un trabajo similar, sino a recomendarlo efusivamente.
Dijo la jefa del Estado en una propuesta de ser comparada con Perón y Eva Duarte: “Es preciosa e increíble. No sé si algún día filmarán la película de Néstor y Cristina. También fue una gran historia de amor”.
Creo que se equivocó en cuanto a recomendar que lo vea el país.
Tal vez alguien le recomiende que valore el film en una segunda visión.
Ver lo que aún no vio.
Porque entre las virtudes de la película se encuentra, tal vez por
primera vez en los últimos 50 años, una abundante diferencia conceptual
entre “peronismo” y sus otros primos, los “ismos” más desopilantes y
escurridizos, aparecidos como “perejiles”, que poco y nada tienen que
ver con el original inventado por su autor.
Se puede pensar bien o mal de Perón y la idea que generó, nacida en los
’40, pero compararlo con lo que vino después, es confesar una
ignorancia supina sobre la historia y raíz de uno de los tantos
movimientos partidarios aparecidos en el país, todavía vivito y
coleando.
Subestimar “Juan y Eva” o peor aún, recomendarla por “preciosa e
increíble”, puede ser un equívoco letal, además de hacer el ridículo.
Algo así como lo que dijo Menen, muy ufano, aquella vez de que “yo he
leído todas las obras de Sócrates”, sin saber que Sócrates, excelente
orador, jamás escribió nada y que todo lo que se sabe de él es lo
escrito por su discípulo Platón.
El film de Paula de Luca exhibe con gran altura, sugerido, insinuado,
épico en la última parte del film, escenas de alto valor documental,
como la correntada humana del 17 de octubre que surgió de la fuerte
propuesta de un grupo muy breve de dirigentes del peronismo incipiente y
fue respondido de inmediato por millares de trabajadores de todos los
rincones capitalinos y el Gran Buenos Aires.
Jamás se vio en el país, y pocas veces en el mundo, una reacción de
reconocimiento tal a un hombre, paradójicamente “milico”, y a una mujer
que poco y nada sabía de militancia cuando abandonó su Junín natal.
Tal vez, sin preverlo y ellos mismos quasi sorprendidos, generaron tal
reacción en masa, en un pueblo hasta entonces adormilado, inocentón,
insensible en su pobreza, resignado en su destino de sometidos a una
cerrada élite de aristócratas, militares, y una secular organización
vaticana cuyos sacerdotes tenían la misión de desactivar todo tipo de
rebeldía con la bíblica amenaza de que “Dios te va a castigar”.
De cualquier manera, si la Presidenta considera que este film es una
historia “preciosa e increíble”, debería dar orden a su jefe de gabinete
para que la obra sea declarada de interés nacional y catalogarla como
“película para todos”.
No sólo que lo exhiban en todos los cines del país, sino que lo retransmitan por canal 7 y “Encuentro”.
Habría que hacerlo, ya mismo y, especialmente, antes del 23 de octubre.
Aunque apenas quedan 35 días para el 23, en este lapso las agrupaciones
universitarias pro K, deberían abrir múltiples debates y hacer talleres
comparativos acerca de “El peronismo del ’40 y de los últimos 28 años en
el país”.
Además de las grandes frases de Perón que se publican en una gruesa
edición anterior a 1955, titulada “Doctrina peronista”, podrían
exhibir “Juan y Eva”, como para empezar a discutir, en libertad y con
el corazón en la mano.
Después, ver si es posible o coherente votar por Perón y Eva Duarte,
otra vez, pero en el cuarto oscuro del 23 de octubre y con las boletas
de los candidatos “peronistas”.
Como toda acción genera una reacción, podrían ocurrir dos fenómenos
importantes en esta conocida dualidad causa-efecto, si la difusión del
film se multiplica.
Que la Presidente aumente el caudal de votos, anticipado por su
electorado el 14 de agosto, lo cual no cambiaría el destino del país ni
la paupérrima condición electoral de la oposición.
También podría ocurrir el efecto contrario, que la Presidenta no pase el 50% actual.
En una jornada imprevisible, inesperada, de arrepentidos de conciencia,
hasta podría elucubrarse un hecho inexplicable: que la Presidenta pierda
votos, aunque no la Presidencia.
Los de Binner, en su afiebrada ilusión, irían más allá. Podrían
creer que la brecha entre ellos y el oficialismo podría acortarse hasta el borde del ballotage. Un
bumerang tiene leyes propias, no naturales, menos aún humanas, siempre
sorpresivas.
Porque “Juan y Eva” tiene, como todo film, varias y distintas lecturas, según quién la evalúe.
Estas lecturas, a su vez, potencian dosis de influencia que pueden
cambiar creencias arraigadas en grandes grupos, entre ellas las que hoy
se identifican no sólo con el sistema K, sino con nuevas versiones e,
incluso, opositores internos “peronistas” dentro de los cuadros
militantes como gremialistas.
¿Por qué el riesgoso vaticinio de que la Presidenta puede ver el número de sus votos reducidos a un nivel menor al 50%?
Porque entre los espectadores puede generarse una revulsión inmanente e inevitable.
Una rebeldía soterrada que hoy no se manifiesta en número suficiente, pero se insinúa.
Ocurrió en muy pequeña escala en el cine San Martín, de La Plata, al cerrar “Juan y Eva”.
Algunos salieron indignados, otros confundidos, y no faltó una joven
que, ante una consulta, expresó que el film la había sorprendido y
emocionado.
Fue evidente que esta joven no contaba con la mínima información cierta
de Perón y el peronismo. El film, como mínimo, la dejó pensando.
De hecho, hubo lágrimas en dos o tres pasajes muy tocantes.
“Juan y Eva”, reiteramos, es un trabajo bien editado, de una paciente
tarea de entremezcla con documentos y ficción, donde cuesta separar una
cosa de la otra.
La ficción semeja realidad y la realidad, del 17 de octubre por ejemplo, parece un buen montaje técnico.
Por eso puede calificarse de talentoso el resultado de la guionista y directora Paula de Luca.
El actor Osmar Núñez hace un Perón muy creíble. Quienes hemos asistido a
episodios con Perón muy cerca, podemos decirlo. El mismo Nuñez lo
declara con honestidad: “No buscamos recrear a los personajes, sino
reinterpretarlos”.
En el rol de Eva Duarte, Julieta Díaz provoca otras sorpresas porque se
comprueba cómo se metió dentro de su alter ego con certeza.
Eva Perón era así, como se la ve interpretada en el film. Imprevisible,
fácilmente irritable, altiva y de rápida reacción ante ciertas
injusticias, ávida de desquite ante una sociedad que la había obligado a
vivir pobre y sin futuro. Cuando en el film le grita “traidor” a uno de
los supuestos amigos de Perón, Paula de Luca está recordando la decena
de situaciones similares que Eva protagonizaba en la secretaría de
Trabajo al observar que algunos “peronistas” eran falsos adherentes que
sólo buscaban una ventaja personal.
Eva, simplemente, los echaba del edificio sin cuidarse en disimularlo ni
medir consecuencias. La misión de Eva fue siempre cuidar a Perón contra
sus “amigos” y enemigos. De allí los odios que despertaba.
Es inimaginable pensar que haría hoy Eva Duarte en la Casa Rosada, con
tanto arribista actualmente en el poder, algunos con proceso judicial,
otros acusados de ser muy generosos en sueldos y espacios publicitarios,
con dineros de los contribuyentes, entregados a sus amigos inventores
de la llamada “prensa adicta”.
Más incontestable es preguntarse por qué no imita a Eva la actual
presidenta de la Nación, en echar a “los mercaderes del templo”, aunque
tampoco sería original, ya que lo está haciendo en Brasil, y muy bien,
la presidenta de este país, quien en muy corto tiempo expulsó de su
gabinete a 5 de sus ministros por corruptos.
Los dos personajes centrales de “Juan y Eva” reflejan una realidad ocurrida 60 años atrás.
Es recomendable que los que hablan de Perón y Eva Duarte, inviertan 2
horas de su tiempo, entren a un cine para ver “Juan y Eva” y expriman
una opinión propia.
Aunque el cine no permite amplios espacios ni largas peroratas
didácticas, es entendible que el Perón aparezca en el film mostrando
sólo parte de su forma de ser y pensar, de su doctrina, en ráfagas que,
si el espectador no se distrae, puede intuir y retener por simple
contacto visual.
En una de estas “ráfagas” se ve una discusión sindical entre sectores
encontrados para decidir si “vamos o no vamos a la huelga general” y
exigir la libertad de Perón, preso en Martín García, acto previo e
inmediato a la gesta del 17 de octubre.
Si del film que se esta exhibiendo los peronistas y “peronistas”
actuales buscan orientación doctrinaria, la van a encontrar en menos de 2
horas de exhibición.
No es como leer el citado y grueso libro “Doctrina peronista”, pero
gratifica con datos y detalles que no es fácil obtener en otras fuentes.
Tanto que si se lo compara con los discursos partidistas de los últimos 28 años se notará la diferencia.
Un ejemplo al pasar. Perón decía “en la Argentina los únicos
privilegiados son los niños”. ¿Quiénes son los privilegiados del
“peronismo” en los últimos 28 años? ¿Es un privilegio del “peronismo”
que luego de 28 años de gobierno “peronista”, sigan muriéndose en el
país 30 chicos por día, más de 12.000 por año, por causas vinculadas al
hambre, la mala nutrición y la desnutrición?
Eva y Juan convivían en un modesto departamento de Buenos Aires. Se
casaron después del 17 de octubre. El contraste entre esta forma de vida
y los 70.494.085 pesos declarados recientemente por la Presidenta, es
sólo una de las inevitables contradicciones que golpearán a los
espectadores. En un país con la mitad de la población pobre e indigente,
con jubilados que cobran mínimos miserables, y 4 millones de personas
sin vivienda propia, que “su” Presidenta haya aumentado un 27% más su
patrimonio personal, si no es censurable por tratarse de un derecho, no
es un ejemplo moral en ningún sistema político, tal vez menos tolerable
en una democracia llamada “justicialista”.
Es cierto que después Eva Duarte no pudo sustraerse a los influjos de
joyas y vestidos, y por ello fue criticada, especialmente en una de sus
visitas a España. Era mujer y esta fue una de sus revanchas. Perón, por
su parte, no agregó en su haber personal más de lo que se le conocía; en
cambio, mal y bien, aportó su imaginación, su tarea diaria, su
condición de líder militar y su dinero. Se lo consideraba nacionalista y
no se le conoce haberse enriquecido en el poder.
Cuando Juan Duarte, hermano de Eva, cafiolo, vividor, ventajero y
pequeño corrupto aporteñado, pretendió ponerle condiciones a Perón,
tratando de sacar ventajas de esta imprevista relación de su hermana con
un alto militar de la Nación, Perón lo paró en seco y le dice a
“Juancito” en el film, “usted ocúpese de sus asuntos que a su hermana la
cuido yo”. El pequeño aprendiz de corrupto entendió el mensaje.
Un día apareció muerto de un tiro en la cabeza, aparentemente se había suicidado, dijo la crónica policial.
El contraste entre esta conducta de Perón ante un mequetrefe como Juan
Duarte, comparada con los viejos amigos de Néstor Kirchner de Río
Gallegos, entre ellos sirvientes y choferes, hoy multimillonarios
propietarios de empresas que siguen contratadas por el Estado,
favorecidos en licitaciones y millonarias sumas en espacios
publicitarios oficiales, no resiste la menor evaluación ética ni moral.
No decimos que los militares de esa época, incluido Perón, fueran trigo
limpio. Tenían sus travesuras que explotaban con el uniforme bien
ajustado, pero nunca los crímenes y torturas que protagonizaron en las
FF.AA los Videlas y Masseras, ni las denuncias de negociados que hoy
duermen o se desperezan en juzgados del país.
Decimos que el film muestra a un Perón con su código de “hasta aquí
llegamos” y hoy este código se cambió por el de “para los amigos hay
piso pero no techo”. Sin embargo, a todo se lo empaqueta con el confuso y
ambivalente rótulo de “peronismo”. La Biblia junto al calefón.
Cuando en el film Eva, sentada en la cama, piensa a Perón preso en
Martín García, se la ve fumando, le ofrece un cigarrillo a su fiel
mucama, y la invita a sentarse al lado de ella. Lo austero del
escenario, la identificación con una igual, la fraternidad entre la
actriz y amante de un dirigente poderoso como Perón, con la anónima
mujer que los asiste, llevará a más de un espectador a una automática e
inevitable comparación con la mujer que hoy preside el Gobierno, sus
desmesuradas riquezas, su diferencia abismal entre su modo de vida y el
de 10 millones de pobres e indigentes del país.
Es imposible imaginar –tal como lo desea la Presidenta-, que alguien
vaya a escribir y filmar alguna vez la historia de amor de alguien, sin
contar con los condimentos que Paula de Luca tuvo la inteligencia de ver
en las vidas en común de Juan y Eva.
Se hace difícil encontrar un atractivo artístico, ético y estético,
similar, entre la historia amorosa de Perón y Eva Duarte y la historia
amorosa de Néstor y Cristina.
Si la historia de Néstor y Cristina se escribe, será otra, tal vez
valiosa, tal vez original, tal vez sorprendente, nunca similar a la
historia de Perón y Eva Duarte.
Por pertenecer ambas parejas a una misma corriente ideológica, el
contraste no sólo es manifiesto sino incompatible, se rechaza uno al
otro. La diferencia, en todo sentido, entre Eva y Cristina, entre Perón y
Kirchner, es tan abismal que sólo a un fanático trasnochado podría
ocurrírsele conducente.
Todo el país debiera ver esta película de Paula de Luque, calificada por algunos comentaristas como “muy buena”.
Creo que después de verla, es recomendable que permanezcan en sus
posiciones actuales quienes se autotitulan “menemistas”, “duhaldistas”,
“kirchneristas”, “brueristas”, “moyanistas”, “camporistas” y demás
“istas”.
Porque son “eso” y nada más que “eso”.
Porque no se puede ser las dos cosas al mismo tiempo y en el mismo país.
Como es una bazofia contra natura ser radical K o socialista K. Como
dice una ley física, nada ni nadie puede ocupar un mismo sitio ya
ocupado por otro y al mismo tiempo.
Entran en problemas cuando dicen que son “peronistas” y, a la hora de explicarlo, no saben para qué lado agarrar.
El conflicto entre el ser y el no ser, entre la doctrina y la
demostración práctica, entre lo que se proyecta y resulta, es un
irresuelto misterio humano.
Le ocurrió a Perón. Nunca supo arreglar el gravísimo problema de las
villas miseria, después que se le ocurrió ordenar “rompan las
tranqueras” y cada 17 de octubre los pobres del interior del país
inundaban la plaza de Mayo.
Muchos de ellos, deslumbrados “por las luces del centro” o porque no
tenían un peso en el bolsillo, se quedaron en la Capital Federal.
Reemplazaron a los antiguos “crotos” de Retiro y armaron las primeras
casuchas que fueron bautizadas como “villas miserias” o mal llamadas “de
emergencia”.
Además de “rompan las tranqueras” Perón debió establecer el “derecho del
puestero y el peón de campo a ser propietario de la tierra” que hoy
prevé el Art. 14 bis de la Constitución con la distribución de la
ganancia empresarial, cajoneado en el Congreso por el mismo oficialismo
que lo propuso, se arrepintió o no sabe cómo tratarlo.
No lo hizo Perón, con todo el poder que ejercía en ese momento y hoy los
puesteros y peones siguen siendo explotados por los terratenientes que
se quedan siempre con el 99% de la torta que les da la tierra argentina.
A los puesteros y peones, ni las velitas.
Perón no lo hizo. El actual “peronismo” no sabe qué hacer con la criatura.
Le ocurrió a Perón cuando, atacado por la Iglesia, no le pudo parar la
mano a sus compañeros en los daños causados en templos de Buenos Aires,
en lugar de declarar la separación de la Iglesia del Estado, llamando a
Asamblea Constituyente, modificar la Constitución en su Art. 2, y lograr
lo que han hecho Brasil, Uruguay y otro países desde hace mucho tiempo:
separar a la Iglesia del Estado.
Hoy la Iglesia actuaría con absoluta normalidad, sin problema alguno,
pero financiada por sus fieles, en lugar de obligar a 40 millones de
personas de toda condición, credo y color, a aportar los fondos que la
sostiene por imperio del bendito Art. 2.
Sólo con lo ahorrado desde 1950 en sueldos al centenar de obispos y
arzobispos, hoy unos 10.000 pesos mensuales a cada uno, se podrían
construir millares de centros de salud, centenares de escuelas e incluso
múltiples préstamos baratos para levantar la vivienda propia.
Una estimación de lo ahorrado en los últimos 60 años en este rubro, supera los 1.000.000.000 de pesos a valor actual.
Perón no lo hizo. El “peronismo” actual, ni lo piensa.
Es recomendable que los interesados no esperen a que levanten “Juan y
Eva”, porque puede ocurrir lo mismo que le sucedió al excelente film de
Pino Solanas “La próxima estación”.
Antes de cumplir un mes el film había “volado” de las salas del país.
Fue muy evidente que el documental de Pino afectaba los intereses de
gente muy poderosa. Uno de ellos fue el dirigente de los camioneros,
Hugo Moyano, beneficiado por Menen con el “ramal que para ramal que
cierra”.
Este “peronista”, Menem, hoy senador y candidato pro K a ser reelegido,
es el mismo que días atrás fue declarado inocente por la Justicia en el
oscuro y sorprendente negociado de la venta de armas.
Menen es probable que vuelva a ser elegido.
¿Por quiénes? Un misterio insondable.
¿Por peronistas de Perón? ¿Por menemistas de La Rioja?
No tiene gollete que alguien pueda ser votado como senador después de
haber destruido a todos los ferrocarriles argentinos, paralizado a
millares de pueblos del país y haber reducido a millares de habitantes a
la desocupación y pobreza más aberrante.
El mejor ejército extranjero invasor no hubiera podido haber provocado
un daño mayor a tanta gente, un desastre económico nacional tan
descomunal.
Entonces ¿qué clase de ciudadano es aquel al que le clausuran el tren,
le cierran la estación, lo arruinan de por vida y sigue votando a estos
especímenes?
¿Cuánto más hay que agredir y someter a un ser humano para que se rebele, por lo menos, en el cuarto oscuro?
¿Cuál es la medida del agravio, de la descalificación, para generar un
grito universal de indignación que derrumbe muros como en Jericó, pero
válido como autodefensa, no como ataque de conquista?
Un tema para psiquiatras un número apreciable de los votos “peronistas”.
Cuando los que aconsejan habitualmente a la Presidenta, adviertan los
efectos “bumerang” que guarda en su intimidad “Juan y Eva”, no es nada
improbable que sugieran el “levante” del film, en lugar de estimular su
vista como recomendó la jefa del Estado.
Tampoco prosperaría la idea de hacerla “película para todos” o que la pasen por Canal 7 y “Encuentro”.
Un error de este calibre le pasó a Perón con las villas mal llamadas “de
emergencia”, con los peones del campo y con la separación nunca
concretada de la Iglesia del Estado.
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