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Inútiles reflexiones de un cronista que trata de no ser cómplice del actual infanticidio argentino PDF Imprimir E-Mail
lunes, 12 de diciembre de 2011
Entre carradas de juramentos, discursos, aplausos y carcajadas, nadie reparó, tampoco la Presidenta, que ayer se les murieron otros 30 chicos por hambre e indigencia

por Teódulo Domínguez

ImageDesde que la Presidenta salió ayer de su base para ir al Congreso hasta que los últimos festejos se fueron desvaneciendo, en otros escenarios del país se estaban muriendo unos 12/ 15 chicos por efecto del hambre, la indigencia, la deficiente atención médica, la prematurez y la desnutrición.
En el mismo momento de los festejos en la asunción del segundo mandato de la Presidenta, la agonía de unos 12/15 chicos en distintos lugares del país, los llevaba a la sepultura.
Mientras la Presidenta, sus hijos y funcionarios reían de felicidad en el Congreso Nacional, en unos 12/15 hogares paupérrimos de esta tierra hubo padres que lloraban la pérdida de sus hijos en el silencio más ruidoso, la ignorancia colectiva, en la desidia de pueblo y gobierno.

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9 de las 14 sepulturas cavadas en el cementerio de La Plata, a la espera de cuerpos de niños que, se supone por experiencia, morirán en los próximos días
Cuando la Presidenta habló de sus inquietudes y proyectos, la economía fue el gran tema de la jornada en alusiones a la CGT, la Unión Industrial, el campo y el aumento de la producción. En estas parrafadas económicas, no hubo una sola palabra en la boca de la Presidenta sobre los chicos que se estaban muriendo. Como si estas muertes ocurrieran más allá de nuestras fronteras, como si fueran animalitos exterminados por una plaga pasajera
La Presidenta sabe,  porque su ministro de Salud de lo informa de vez en cuando, que en el país se mueren cada día más de 30 chicos, más de 12.000 por año.
Empero, estos números no están en los discursos de la Presidenta, deliberadamente,  porque estas cifras “no venden” la imagen del modelo que es necesario proyectar en los planes de difusión. Lo que se oponga al modelo de éxito personal, de marca propia como en la yerra, no existe ni se le debe reconocer identidad.
No se trata de una mandataria con insensibilidad instalada. Por el contrario, goza de extrema sensibilidad y lo demostró  ese día nefasto en que alguien desde Santa Cruz le informó que la pareja de su hijo Máximo había “perdido el bebé”. De inmediato la Presidenta abordó uno de los aviones de la Casa Rosada y fue a estar junto a estos dos jóvenes en otro momento de dolor en la familia Kirchner.

Dentro de las múltiples tareas de la Presidenta no figura en ninguna instancia una “guerra contra la mortalidad infantil en el país”. Una guerra total, constante y metódica, con todos los recursos del país, incluídas las 3 fuerzas armadas. Una guerra total no quiere decir enviar un tren sanitario por año a vacunar a los que viven en los alrededores de las estaciones ferroviarias. Tampoco quiere decir dejársela a la buena gente que carga sus vehículos con donaciones y luego los medios publican suplementos en 5 colores para destacar la “solidaridad social” como solución final. Guerra total quiere decir establecer ya mismo, como si nos invadiera un país extranjero, la estrategia y medios suficientes para reducir en plazos perentorios el 60/70% de estas muertes, exactamente como lo exigen los especialistas de Asumen.

No es necesario ser presidente de una nación para advertir que entre los graves problemas que se encaran en un gobierno, el más urgente e ineludible de los problemas es evitar la muerte de seres humanos, en cualquier circunstancia.
Todo puede esperar un minuto más, menos el riesgo inmediato de muerte. Si es muy lamentable la muerte del bebé en gestación del hijo y su pareja, de la presidenta de la Nación, la muerte de los chicos asesinados en secuestros, asesinatos e incendios, también deben ser asumidos como muy lamentables los chicos víctimas de la desidia del Estado.
Mientras Gobierno y prensa continúen en esta irracional actitud de reconocer como importante sólo a todo chico caracterizado como “noticia” y por lo tanto “publicable”, esta enfermiza discriminación seguirá legitimando la inexistencia de los fallecimientos sociales por efectos del hambre y la indigencia.  
El papelonazo es todavía más grotesco al observarse que Gobierno y medios continúan en la ridícula posición de ignorar a los médicos e investigadores especialistas cuando aseguran que estas pérdidas pueden ser reducidas en un 60/70%.

La Presidenta conoce que las cifras citadas son ciertas porque están en las estadísticas que construye el Ministerio de Salud. La Presidenta es la única persona en el país, por el cargo que ocupa, que puede salvar al 60% de estas 12.000 muertes anuales. Si no lo hace es por 2 únicas razones: porque no sabe o porque no quiere.
En ambas situaciones está cometiendo una gravísima irresponsabilidad.
Es irresponsable no haber anunciado ayer en el Congreso que una de sus grandes decisiones es combatir con todas las armas y recursos la mortalidad infantil en el país.
Es irresponsable y egoísta convertir el acto de asunción en una fiesta personal, de la familia, de los amigos y compañeros, y no usar esa plataforma para lanzar desde allí la guerra contra la muerte de los 12.000 chicos que cada año se mueren en esta tierra, una de las mejores tierras del mundo que exporta unos 70.000 millones de dólares sólo en alimentos.

No está sola la Presidenta en este cuadro enfermizo de egoísmo, vanagloria e irresponsabilidad. Cómo cómplices la acompañan los gobernadores, casi todos los gobernadores. Los legisladores, la gran mayoría de los legisladores, oficiales y opositores. La acompañan inclusive, la casi totalidad de los millares de concejales de todos los municipios del país.
La acompañan, también en su ineludible rol de cómplices, los dirigentes de las 2 centrales obreras, los dirigentes de la Sociedad Rural y de la Unión Industrial, por nombrar sólo dos entidades de la producción nacional.
La acompañan las instituciones de todo tipo, tamaño e importancia, con muy pocas excepciones. La acompaña, por mudez, complicidad y apoyo, el gran porcentaje del 54% de los que la votaron incluidos los padres de los chicos muertos de hambre y prematuros.
La acompañan la claque de la novedosa Cámpora y todos los favorecidos por dineros del Estado con erogaciones graciosas multimillonarias.
Inclusive los jueces y la Corte Suprema no apelan a todos los recursos que les otorgan las leyes de la Constitución para obligar al Estado a asistir a millares de familias con hijos amenazados de muerte y evitar con la fuerza de la Justicia gran parte de estos 12.000 fallecimientos.

Una de las grandes y poquísimas excepciones en esta universal y gigante complicidad social, son la gente de la entidad porteña Asumen, benemérita institución constituida con las más sobresalientes entidades médicas que defienden a la embarazada y el niño en riesgo de muerte.
Hace apenas unos meses Asumen convocó a la prensa para informar sobre las respuestas que los candidatos a presidente dieron acerca de una encuesta para ver qué aportaría cada uno en el claro objetivo de reducir en un 70% la muertes de las 410 muertes de embarazadas y en un 60% la muerte de más de 12.000 chicos por año en el país.
En la sala de la Sociedad de Pediatría de Buenos Aires se hallaban 6 representantes de candidatos a Presidente de la Nación y un alto funcionario del ministerio de Salud. Todos entregaron sus respuestas y un coordinador empleó más de una hora para explicar la propuesta de unos y otros.
Mientras tanto, uno de los miembros de Asumen reiteró las cifras: 410 embarazadas muertas y más de 12.000 chicos muertos en el último período.
Es decir, más de 30 chicos muertos por día.
Un dato deseo destacar con todas las fuerzas de mi notebook: no había ningún periodista de ningún medio gráfico, radial, televisivo, de agencia, fuera del equipo de prensa de Asumen y este cronista de La Plata. Me consta que fueron invitados todos los medios de prensa destacados de la metrópoli.
Hace unos días cumplí 60 años con la prensa. Jamás recibí de mis colegas una prueba in situ tan cruel, perversa e irresponsable como la de ese día. Un médico me vio tan afligido, pidiendo disculpas a los circunstantes que un médico quiso aliviarme diciendo “sabe qué pasa, dicen que cayó un satélite en Ezeiza, por eso no pudieron venir los medios”.

Ayer leí todo lo que pude y no encontré el término “salud” en ninguna expresión dicha o comentada. Por supuesto, tampoco leí una propuesta referida a este infanticidio diario en nuestro territorio.
Incluso un miembro del Conicet tituló un comentario publicado por un matutino “Tiempo para saldar cuentas” y me zambullí en él para encontrar una línea, algo,  sobre el descomunal número de embarazadas y chicos en este país, y el científico de marras ni siquiera cita en su supuesto científico comentario palabras como “salud”, menos aún se refiere a las “muertes por inanición” o “el deficit de los médicos en el norte del país” o “la ausencia del Estado ante tanta mortalidad infantil y materna”.

Tengo conciencia que todo lo escrito es absolutamente inútil, pero esto quería decir. Porque si no lo escribo me convierto en cómplice de la Presidenta, de sus favorecidos funcionarios, de mis colegas de la prensa del país, de los gobernadores, de los legisladores de cada provincia, de los concejales de las millares de municipalidad de esta nación, de los jueces, de las iglesias.
Además, traicionaría mis principios, mis convicciones, me daría vergüenza no tener qué contestarle a la gente de Asumen. Mi silencio sería el mismo que practican millones de pasivos y parásitos que sólo se quejan el día que le asesinan un hijo, o haría como mis colegas que le dedican páginas y páginas todos los días a los infortunados niños que matan enfermos, drogadictos y delincuentes, y ni siquiera le dedican una línea a los chicos que se le mueren allí cerca, porque estos chicos “no son noticia” en su evaluación diaria de qué y cuánto hay que publicar cada día para mantener la manutención y el status.
Entre amortiguar las bobadas del show y la drogadicción farandulezca o denunciar cada día que en este país “ayer hubo otros 29 chicos que murieron por efectos de la pobreza y la indigencia”, el 99% de mis colegas, incluidos sus jefes y secretarios, además de sus directores, optan sin vacilaciones por lo más rentable, es decir, no amargarle el día a sus lectores, escuchas y videntes con pálidas intrascendentes y aburridas letanías.

Para cualquier investigador de la comunicación masiva, el suceso mayúsculo de ayer, de la asunción de mando presidencial en un país supuestamente democrático como el nuestro, el análisis de contenido de cada fragmento declarativo de los protagonistas y sus reflejos en los diversos medios prensa, permite deducir que los aspectos cuantitativos aparecen en exceso y las cuestiones cualitativas son de muy escasa trascendencia.

En otros términos, si todo lo que se viene en 2012 es lo que se percibió e intuyó ayer en la asunción a un nuevo período de gobierno de la señora Presidenta, no hay esperanza alguna para las 410 madres y los 12.000 que morirán inexorablemente en 2012 y que los medios no publicarán porque no cumplen las condiciones que imponen el “nuevo periodismo”, incluido el adicto, las reglas del libre comercio y la idiotez farandulezca.

 
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