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"Si arrastré por este mundo la vergüenza de haber sido y el dolor de ya no ser"
Por Daniel Chávez
Hay quienes dicen que los poetas no mueren, sino que se deshacen. Otros afirman que viven menos tiempo que los demás. Si es así, tiene su explicación e intentaré dejar en claro sus porqué.
El presente que vivimos los poetas en nuestro país, por ejemplo, es tan deplorable que se identifica con los versos más tristes del tango “Cuesta abajo”, de Gardel y Le Pera.La doliente realidad del menosprecio a nuestra tarea y la hiriente incomprensión nos golpea, y nos mueve a vivir, dando la siguiente explicación: “Si arrastré por este mundo la vergüenza de haber sido, y el dolor de ya no ser, bajo el ala del sombrero cuántas veces embozada una lágrima asomada yo no pude contener
"Si crucé por los
caminos como un paria que el destino se empeñó en deshacer; si fui
flojo, si fui ciego, sólo quiero que comprendan el valor que representa
el coraje de querer”. La poca valoración que tiene nuestra actividad no
nos permite más que asumir que en el mundo no cabe “toda la humilde
alegría de mi pobre corazón”. Son muy pocos lo que advierten que los
poetas, cuando escribimos, lo damos todo, dejamos impreso en el papel
“pedazos” de nuestro corazón.
Y como el presente nos golpea duro, no nos queda más que atarnos a un
pasado mejor, que evocamos con visos del tango aludido en el título de
esta nota: “Ahora, cuesta abajo en mi rodada, las ilusiones pasadas ya
no las puedo arrancar. Sueño con el pasado que añoro, el tiempo viejo
que lloro y que nunca volverá…” ¿Por qué debemos resignarnos a que, si
las cosas no fueran así, por la vida que amamos, “yo habría dado siempre
más”?
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