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El espectacular accidente de un crucero de placer y sus valores agregados de aplicación gubernativa |
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viernes, 20 de enero de 2012 |
“Vada a bordo, cazzo”, la exigencia de un capitán italiano que le calza como un guante a decenas de funcionarios y legisladores
por Teódulo Domínguez
fotos de distintas agencias y Wikipedia
 La emblemática frase que prendió en millares de italianos y la hicieron suya Los maestros de la primaria, tan pronto como se inicien las clases en dos meses más, deberían apelar a esta frase de guerra como una de las valiosas enseñanzas que los chicos podrían capitalizar en su valioso futuro, para construirlo con mayores ventajas que las que reciben actualmente.
“Vada a bordo, cazzo”, es la orden que le dio un funcionario de tierra, capitán Gregorio De Falco, al cobarde, fanfarrón, mentiroso e inepto capitán del crucero italiano que se está hundiendo frente a la isla del Gigio, en un lugar del mar Tirreno, Italia
No es una expresión
elegante en el lenguaje docente, pero como ejemplo de deber y
responsabilidad, se trata de una frase altamente significativa, tanto
que debería dedicársele unos minutos en las aulas de educación primaria,
secundaria y universitaria.
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 Magnífica y luctuosa postal de un frustrado paseo turístico En la Argentina suele decirse “hágase cargo”, “hacete cargo” y es una buena sugerencia –sin mayores resultados-, para un montón de gente que se sacude la responsabilidad de encima con harta facilidad.
Papá, mamá, el resto de la familia – por dar un ejemplo aislado del universo actual en esta tierra-,
deben hacerse cargo porque uno de los integrantes del núcleo es un
vago, un vividor, un irresponsable que, inclusive, en algunos casos se
mama, se gasta lo que no tiene en loterías y quinielas, y en otros casos
se droga, afana, enquilomba a su gente con policías en el hogar, y no
se hace cargo de nada, nunca.
Es el momento de soltarle la mano al pariente mentiroso y aprovechado –después de años de aguantarle sus bestialidades- y decirle con todas las letras “hacete cargo”, o ahora en otra dimensión “vade a bordo, cazzo”.
Cuando Gregorio De Falco, capitán napolitano, le grita al capitán del
“Costa Concordia” que vuelva al barco y se haga cargo, con la ya famosa
orden “vada a bordo, cazzo” (vaya a bordo, carajo), esta fortísima
demanda –difundida por la prensa y el resto de los medios-, adquirió gigantescas proporciones y se metió en la conciencia de millones de oyentes y lectores.
La imperativa y certera respuesta a un hombre que traicionó una leyenda de toda la vida –el capitán es el último en abandonar el barco-,
es el ejemplo más valioso de la gravedad trasgredida, ignorada,
renunciada, traicionada, ocurrida en los últimos años y no sólo en
Italia.
El bruto, torpe y grotesco renunciamiento del capitán Schettino, fue un
impacto que dio en el punto G de todos los funcionarios y legisladores
del mundo quienes, al igual que el comandante del crucero “de los
sueños”, no se hacen cargo de sus funciones específicas y abandonan "su
barco" a cada instante.
Estos "abandonos oficiales" lo denuncian los periodistas del mundo
durante las 24 horas del día, con títulos, fotos y gráficos, y por ello
la nota actual del naufragio hace más fuerte la traición a los viejos
principios y fundamentos del ser humano.
El “vada a bordo, cazzo” le cabe, en consecuencia y por elevación, no
sólo a ex premier Silvio Berlusconi, como dice muy bien Elisabetta Piqué
en su comentario de ayer en “La Nación”, sino a todos los Berlusconi de
cada país, entre ellos la Argentina.
No se trata sólo de Berlusconi –“el hazmerreír de Europa por su harén y el bunga-bunga”-,
sino de los mandatarios que toleran la corrupción de sus ministros, al
ser ellos mismos corruptos, de los gobernadores que se dedican al
engrose de sus arcas con las mordidas de cada contrato de obra pública,
de los legisladores cuya única ambición es cobrar un abultado cheque
cada mes y utilizar los fondos “berlusconianos” del tesoro público para
privilegiar viajes y ventajas del poder, de los propios intendentes y
concejales que sólo se inquietan por proyectos menores mientras evaden
sus graves responsabilidades como abogados defensores de sus vecinos, y
también de los fiscales y jueces que no hacen en muchos de sus fallos
una interpretación correcta de la Constitución ni de las leyes débiles y
ambiguas que les suministran las legislaturas.
.
“Vada a bordo, cazzo” hay que gritarles a los mandatario que abandonan a
su gente cada día cuando dilapidan el tiempo en triviales funciones
protocolares o electoralista, sin ocuparse de inyectarle calidad a sus
resoluciones diarias a favor de los miserables, indigentes y pobres de
su país.
No es tan difícil conducir a puerto al buque de un gobierno, si el
capitán es un profesional digno, apto, con vocación y pasión por su
cargo, responsable y justo.
Centenares de capitanes de buques demuestran cada día que, si se hacen
cargo de su nave con estas condiciones, no sólo el buque llega a puerto
sino que regresa con toda su carga y sus tripulaciones vivas.
¿Cuáles son las funciones fundamentales de un Gobierno, en un país como
la Argentina, mientras la imagen del crucero italiano subsiste y
parpadea frente a una isla italiana?:
• crear fuentes genuinas de trabajo, cada día, y reemplazar los pescados por las cañas y anzuelos
• defender la producción industrial y agropecuaria y a ello añadir valor agregado y exportar
• distribuir equitativamente las ganancias del capital y la mano de
obra para achicar sensiblemente la brecha social y moral de ricos y
pobres
• convertir a las clases paupérrimas en clases medias baja, como lo hizo Lula en Brasil y lo hace Dilma hoy
• declarar la guerra real, fáctica, hoy mismo, a la muerte de 410 embarazadas y 12.000 chicos por cada año en el país
• escuchar a los excelentes maestros que viven en el país e importar
los mejores planes de estudios y aplicarlos en nuestras aulas y
gabinetes de investigación,
• abrir un registro nacional de familias argentinas sin viviendas y
adjudicarles tierras fiscales o confiscadas en todo el territorio
nacional, sin cargo, y créditos blandos para levantar sus hogares por
etapas modulares según el número de integrantes
• recuperar los ramales ferroviarios y las millares de estaciones cerradas en todo el país
• reemplazar gradualmente las subvenciones a nativos y extranjeros,
privilegiar a los indigentes no a las empresas, y regresar a la práctica
del trabajo digno y bien remunerado, sin horas extras, con
participación en las ganancias.
Son algunos de los presupuestos y estrategias que se deben desarrollar cada jornada y, en lugar de que alguien les grite –al Gobierno- “vada
a bordo, cazzo”, adelantarse el funcionario responsable con el anuncio,
cada 24 horas, de las obras y resultados a la prensa libre o adicta,
para que el pueblo sea informado de cómo navega el crucero de la
República.
.
No es edificante que los medios anuncien la dramática historia de un
cobarde capitán que abandona su nave, para adquirir conciencia cabal
de un hecho empresario y penal como el ventilado en los últimos días.
En la vida real, a cada instante, además del naufragio frente a una isla
italiana, la prensa también muestra canastas de abandonos de deberes
públicos de dimensiones tan catastróficas como la del crucero de marras.
Corruptelas, negligencias y graves daños al país por gruesas
incompetencias, merecen ser respondidas con la misma y universal
exigencia del enérgico y resolutivo capitan De Falco: “Vada a bordo,
cazzo”.
Hoy la generalizada opinión pública aplaude al capitán De Falco, quien
no acepta haber sido un héroe sino un funcionario responsable, y condena
a Schettino, por cobarde, incompetente, mentiroso e irresponsable.
Schettino, seguro, no volverá a comandar ni un bote en el Riachuelo,
pero no estoy tan persuadido de que ”los Schettino” en el poder
renunciarán o los harán renunciar aunque sigan hundiendo naves cada día,
en el Gobierno, en el Parlamento, en la Justicia.
Lo está sugiriendo, desde el fondo del mar, la "indestructible" e
"inundable" estructura del “Titanic”, abatido por un inocente iceberg
que nadie había tenido en cuenta.
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