 Lautaro, unos días antes de la fiebre e internación El certificado de defunción de Lautaro Ezequiel Condolero, de 6 meses de vida, fallecido el 19 de junio de 2003, a las 7.40 –no indica dónde- dice que la muerte fue “a consecuencia de paro cardiorrespiratorio no traumático”. Para la ley, el legislador, el funcionario de Registro Civil, inclusive el médico que certificó este fallecimiento, testimoniar que un chiquito de 6 meses falleció de “paro cardiorrespiratorio no traumático” es ajustarse a las normas en vigor y no cabe discusión legal alguna. Para el hombre y la mujer de a pie, para los padres de Lautaro, para este periodista, cinco años después, la definición se presta a múltiples y dispares interpretaciones.
En primera instancia, usemos el sentido común, que es lo que más cerca tenemos aquellos que no pasamos por la facultad de Medicina y nada dominamos de la nomenclatura médica. ¿De qué última causa puede morir alguien, humano, animal o bestia, que no sea porque se le paró el corazón y dejó de respirar?
 Marcos, padre del chico, y su vivienda en Seguí Levantaremos un polvaderal de respuestas médicas tan pronto digamos que decir “paro cardiorrespiratorio” y decir “murió de muerte” o “murió porque dejó de respirar”, es lo mismo. Dejemos que nos repliquen, porque de allí vendrá la claridad. Luego, la dualidad “no traumático”. Deriva de “trauma” y puede ser un golpe como una anormalidad física o mental. Se conoce como traumatismo, aquella “lesión producida en los tejidos por un agente mecánica generalmente externo”, leemos una definición. Denuncia el padre del bebé Ocurre que Lautaro no sufrió ningún golpe, no padecía otra anormalidad que su neumonía, dice su padre, Marcos, y tampoco sufrió un “choque o sentimiento emocional” como alguien define al trauma psicológico. Lautaro murió, según narró Marcos, porque fue mal asistido en el centro de salud N° 11, de Arturo Seguí, La Plata, mal diagnosticado, mal prescripta la terapia, y subestimada su patología, según las definiciones del relato. Lautaro, luego de esta primera consulta siguió con fiebre y por eso fue llevado al hospital de Gonnet, La Plata, y de allí a otro centro sanitario, y por último al Hospital de Niños de La Plata. Llegó grave al primer establecimiento, siguió agravándose en el citado centro y en el hospital de Niños nada pudieron hacer para salvarlo. Falleció el 19 de junio de 2003 y el cronista se entera de esta muerte infantil, ahora, por accidente, cuando realizaba un relevamiento informativo sobre los niños y el agua potable en esta localidad platense. Reitera el padre, peón de taxis y quien nada sabe de medicina, que su hijo murió por incompetencia del médico que lo asistió, el primer día, en dicho centro de salud de Arturo Seguí. ¿Qué pudo haberse hecho en centro municipal de Seguí, aquel día de 2003, para salvarle la vida a Lautaro? Si lo hubieran tratado correctamente, piensa el padre, hoy Lautaro estaría vivo en su casa, con sus progenitores y hermanos; tendría algo más de 5 añitos de edad. Manipulación y ocultamiento Un pediatra consultado por este periodista, sin los antecedentes a la mano y adoptando un máximo de prudencia, explicó que son varios los pasos que pueden adoptarse en una situación como la descripta por Marcos, el padre de Lautaro. En primer lugar, además de tomar la fiebre, hacer una cuidadosa auscultación, dudar, insistir en determinar la causa, efectuar un buen diagnóstico, aconsejar la internación para hacer el seguimiento en una sala con recursos, registrar una radiografía aunque tal vez poco y nada revele, hacerle un análisis de sangre. Todo lo dicho, considera nuestro pediatra, queda invalidado tan pronto el médico de la “salita” de Seguí haya considerado, con todo su conocimiento científico, que el niño realmente padecía un simple resfrío y la fiebre retrocedería con una recomendación a los padres. En cuanto al certificado de defunción, el pediatra consideró que la ley ampara la ambigüedad del documento, desde el momento que no exige la inserción de todos los antecedentes clínicos que llevaron, desde la primera causa, a la muerte del bebé. Comentó el pediatra que no es sólo el caso de Lautaro. Prácticamente todos los chicos fallecidos mueren con la certificación reducida, ambigua, indeterminante, de “paro cardiorrespiratorio”. Una de las serias consecuencias de esta ambigüedad es que las estadísticas, inclusive las que manejan el Gobierno y la Unicef, no puede deducir cuáles son las causas primeras y finales de la muerte de un niño. Sólo se dice el número, un porcentaje que oculta la gravedad del problema y, por supuesto, no permite decir con propiedad cuántos chicos murieron por hambre, por anemia, por pérdida de defensas, por neumonía, como causa inicial de una defunción que termina siendo “paro cardiorrespiratorio” y además “no traumático”. Causas concurrentes y causa final  Dr. Eduardo Cueto Rúa En noviembre 2006, al Dr. Eduardo Cueto Rúa, jefe del Servicio de Gastroenterología del Hospital de Niños Sor Ludovica de La Plata le hicimos varias preguntas, entre ellas la siguiente: - ¿Cómo se puede explicar al público aquello de las enfermedades concurrentes, cuando en los certificados de defunción se coloca la última causa, que puede ser paro cardiorrespiratorio? - Bueno, todos mueren de paro cardiorrespiratorio. En la Argentina mueren de muerte. Este es un certificado de defunción que fue elaborado por técnicos, y no por gente que atiende, que hicieron un trabajo muy meticuloso; cuando quiere saber las causas de la muerte no las tiene. - ¿Dónde puedo leer la norma que habla sobre cómo debe estar confeccionado el certificado de defunción y qué preguntas debe responder el médico en los casos de muerte? - El ministerio tiene todo. Pero si usted da esa delicada función a médicos de un hospital o a médicos de emergencia, le hacen un certificado de defunción que es absolutamente claro de la causa verdadera de la muerte. En cambio, se la da a un técnico, especialista de medicina de ministerio, y le hace un certificado de muerte que puede ser útil para el ministerio pero tan complicado que terminamos poniendo como causa de muerte la muerte: paro cardiorrespiratorio, traumático o no traumático. ¿Es una redundancia? - Es un error. “La desnutrición es la causa”, dicen en Salta
 Dra. Gladis Perna, de Salta La Dra. Gladis Perna, jefa de Recuperación Nutricional, del Hospital de Niños “Niño Jesús de Praga”, ex Hospital Materno Infantil, ciudad de Salta, fue consultada en su despacho 15 meses atrás. - ¿Qué dice el certificado de defunción cuando el chico murió por hambre y bajas defensas? - Eso está cambiando. Yo hice las primeras estadísticas hace 24 años para armar este servicio de nutrición, y el Indec, que es donde está la información, ni siquiera en el número 15 figuraba la desnutrición. ¿Qué quiere decir? Esto es también una enseñanza para el médico; el médico ponía la causa y el chico ¿de qué se moría? De todo, pero la base era la desnutrición. La desnutrición es la causa. Si el niño está bien nutrido, aunque sea una enfermedad terrible, tiene más oportunidades de sobrevivir, muchas más posibilidades que un chico desnutrido. - ¿Usted vio a chicos morirse por hambre, por desnutrición? - Sí. Acá en el hospital. No sé cuántos. Fui médica de terapia intensiva. No tengo cifras. Parasitados, infectados, con neumonía, como seguramente cada provincia los tiene. Qué dicen la Unicef y el CESNI | LA ARGENTINA ALLA ATRÁS Desde hace muchos años, en el extranjero se suele documentar con claridad, sin manipulaciones, la causa de una muerte. Todavía no llegó esta costumbre a la Argentina. En un solo ejemplo se observa la exactitud y claridad de las causas de un deceso. Kurt Gödel, científico nacido en Brno, actual República Checa, premio Albert Einstein, falleció luego de un grave proceso de desgaste físico. Dice su certificado de defunción: “Murió de desnutrición e inanición el 14 de enero de 1978, en Princeton, cuando pesaba 30 kg”. Hace unos años morían 50 chicos por día en la Argentina, revela la Unicef; ahora son 25, pero sus certificados no dicen con exactitud las causas que desencadenaron sus muertes. Tampoco la Unicef. La manipulación se ejerce en la Presidencia de la Nación, en las gobernaciones de todo el país y en las intendencias. Los legisladores todavía no han escuchado suficiente acerca de estas muertes molestas y por lo tanto no les quita el sueño; algunos profesionales prefieren incorporarse a Médicos Sin Frontera que a tratar de evitar algunas de las muertes más numerosas en el Norte del país.
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El último informe anual de la Unicef revela que en la Argentina mueren 25 menores de un año por día. En 2006 murieron unos 9 mil niños menores de un año. Mientras que en Capital mueren 8 chicos cada mil antes de cumplir un año, en Formosa y Chaco la cantidad asciende a 24 y 18, respectivamente. Causas según la Unicef: infecciones respiratorias y bajo peso al nacer son las principales causas de muerte. La gente del Centro de Estudios sobre Nutrición Infantil (CESNI), en base a investigaciones propias, exhibe otro enfoque: asegura que el 35 por ciento de la población no puede acceder a los alimentos básicos aunque destine a ellos el 66 por ciento de sus ingresos. Según un informe oficial, de seis millones y medio de chicos de 0 a 14 años censados en 31 aglomerados urbanos, 4.800.000 son pobres; de éstos 2.000.000 indigentes, es decir, comen salteado. El CESNI asegura que el 50% de los chicos de la Argentina de entre 6 meses y dos años padece anemia por falta de hierro, debido a “la mala alimentación”. Dice algo más y horripilante la gente del CESNI del país granero del mundo: la desnutrición viene generando una generación de “petisos sociales” y detiene el crecimiento del cerebro.
Teódulo Domínguez Ex La Nación, Clarin, The San Diego Union, California |