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Política, una buena palabra, como medicina, derecho o periodismo |
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viernes, 01 de febrero de 2008 |
* No es lo mismo “política” que “militancia” * La llamada “clase política” usa el poder para someter al resto * En Italia, dice Elisabetta Piqué, están hartos de la “clase política” * "Son todos unos charlatanes, unos bufones, unos comerciantes de votos, esclavos de la Iglesia, los unos y los otros" * ¿Cuándo los émulos de Elisabetta consultarán a los argentinos?
Si hay una palabra que genera confusión en cuanto a su verdadera raíz y significado, es “política”. Elisabetta Piqué, brillante corresponsal de “La Nación” en Italia, se aproximó el 29 de enero último a esta confusión y aportó lo suyo. Su buen trabajo es no sólo informativo, sino docente. Enseña a enterarnos cómo reflexiona y conjetura la gente de otra sociedad similar a la nuestra. Dice que los italianos están “hartos de su clase política”. No se alcanza a precisar si cuando dice “clase política” está de acuerdo con esta calificación o si inserta la cita para que los demás se hagan cargo.
 Certero registro del reportero gráfico de Elisabetta Piqué en Basora , días después de llegar a Irak Cuando alguien habla de la “clase política” se entiende que señala a mucha gente, toda vinculada al poder: dirigentes, militantes, partidistas, punteros, incluso funcionarios y legisladores. En otro nivel, además, politiqueros, politicastros y politiquitos. En un nivel más bajo aún, tartufos, payasitos, vividores, rascabuches de puestitos en el gobierno, y otros pipiolos que la gente maneja con solvencia cuando habla en serio, no cuando los vota. La llamada “clase política” que Elisabetta comenta accidentalmente en Italia, tienen que ver con todo este entresijo de cargos y seres humanos, sus acciones e incidencias en la vida diaria de millones de pobladores. Pero veamos cómo construye Elisabetta algunas de sus frases cuando transcribe declaraciones que fundamentan su afirmación de que en Italia están “hartos de su clase política”. Propuesta de un ejercicio Sólo como un ejercicio lúdico, cuando Elisabetta dice “política”, “políticos”, reemplacemos los términos por “dirigencia”, “militancia” o sus derivados, y veamos si se produce el clic de una interpretación más ajustada a la realidad, tanto en Italia, aquí, como en cualquier otra sociedad moderna o en transición. “Más allá de que los italianos estén acostumbrados a vivir en un país políticamente inestable -en 60 años hubo 59 gobiernos-, la caída del gobierno de Romano Prodi, el jueves último, no hizo más que profundizar el hartazgo de la gente de la política y los políticos". Sigamos con el juego, traduzcamos por “de la militancia” y “los militantes” * En una breve recorrida, esta corresponsal pudo constatar que en la calle ha crecido en forma gigantesca el desprestigio hacia la clase política”. Leamos “la dirigencia” o “los dirigentes” y santas pascuas.
| ELISABETTA EN IRAK Contadas mujeres se meten de cabeza en la guerra y tratan de informar, desde el grave riesgo y el peligro inminente, sin intermediarios. Lo hizo Elisabetta Piqué durante los primeros tramos de la guerra de Bush contra Irak, con el pretexto luego descubierto de futura guerra atómica y la única verdad del apoderamiento de los pozos de petróleo, en abril de 2003. Una placa en tapa de la revista “La Nación”, muestra a Elisabetta con el casco bien calzado y el chaleco antibalas, no de utilería ni para la foto, en el puente de Basora, Irak, en una de sus caminatas de registro de datos para sus valiosos trabajos en el diario porteño. Elisabetta no cometió el error infantil de “jugar a la guerra”, que a muchos corresponsales les costó la vida y otros se salvaron raspando. No comentió el equívoco letal de meterse en Bagdad y mirar las acciones bélicas desde la vidriera de un hotel céntrico, luego bombardeado deliberadamente por los propios estadounidenses. De prosa ágil, vibrante, precisa, recogida en el lugar, Elisabetta es hoy una de las corresponsales argentinas más importantes del periodismo nacional. Honor a su coraje y bravura, a su fortísima vocación profesional. Santiago T. Varela | * "Son todos unos charlatanes, unos bufones, unos comerciantes de votos, esclavos de la Iglesia, los unos y los otros", dijo a “La Nación” Roberto Pola, dueño de un quiosco de diarios situado a dos cuadras de la tradicional Piazza di Spagna. Aquí la frase del señor Roberto Pola entró con la precisión de un rayo laser. Una convicción exacta y contundente de la realidad. * "Vayamos o no a elecciones enseguida, en Italia no va a cambiar nada: izquierda o derecha es todo lo mismo, se pelean por sus escaños, sus favores, y mientras tanto el país se hunde. España nos superó económicamente y dentro de poco lo va a hacer Polonia", agregó el vendedor de diarios. El concepto del canillita es atinado y refuerza la frase anterior de Roberto. Elisabetta consultó a otros intérpretes de la vida romana y es bueno abrir el sitio en “La Nación” para enterarse de su trabajo completo. Una consulta más a la gente hace falta Falta hacer este trabajo en la Argentina. Falta discutir los términos “política” y “militancia”. Falta separar a los Esteban Echeverría y Arturo U. Illia de los falsos apóstoles que obtienen el poder y luego vacían en el país sus fabulosos contenidos. Aquellos que no sólo esquilman al país y se apoderan de su dinero en beneficio personal, sino que facilitan la corrupción de sus valores, lo inmoralizan, le quitan su dignidad a sus banderas y el futuro a las generaciones nacientes. Entre carradas de conceptos negativos y destructivos, todavía se mantiene en vigor aquella definición de que "política es el arte y la ciencia de crear el mayor número de bienes y distribuirlos en el mayor número de personas”. Si los entrevistados por Elisabetta, además de opinar, supieran elegir sólo a quienes representan principios fundamentales y, por el contrario, supieran decir “no” y negar su voto a los dirigentes, politicastros y militantes que usan el poder para su personal beneficio, los principios y fundamentos de una carta magna podrían solucionar un mundo de problemas y graves problemas del mundo. Habrá que seguir luchando, pero bien vale el intento de aplicar una y otra vez este concepto del mayor bien para el mayor número de personas, mientras el Universo se expande a una velocidad que la mente humana no comprenderá jamás. Lo de Elisabetta encuadra en esta idea. Teódulo Domínguez Ex La Nación, Clarín, The San Diego Union, California |
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