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Es hora de considerar el Art.14bis de la Constitución y tratar de “eliminar” indigentes PDF Imprimir E-Mail
sábado, 16 de febrero de 2008

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El título de hoy, 16 de febrero 2008, en la sección “Economía” de “La Nación” no sólo es indicativo de una realidad argentina, sino que genera en el ánimo de cualquier sujeto un sentimiento contradictorio de admiración, congratulaciones y rebeldía.
¿Cómo es posible que manejemos estas realidades y al mismo tiempo registremos, en cada medio, en cada página, a cada rato, que en el país hay millones de indigentes?
Hay que hacer un esfuerzo especial para no caer en el tvdrama  o la dramatización de una veracidad que no necesita otra cosa que exponerla en sus perfiles más reales.
En la Argentina, dice el matutino de hoy, “Alcanzó un nuevo récord histórico la siembra de soja”.
De inmediato se agolpa en la frente otro título cercano, días atrás, donde se afirma que la Argentina exportó en 2007, unos 20.000 millones de dólares en alimentos.
Luego recordamos un párrafo de la Constitución de la Nación Argentina que dice en su artículo 14bis que uno de los derechos de los “habitantes de la Nación” consiste en la “… participación en las ganancias de las empresas”.

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Fragmento del Art. 14bis de la Constitución Nacional
Por el momento no digamos nada más.

El tema es muy grosso para salir, así porque así, con una cuestión que genera simultáneas y explosivas reacciones en cadena como si estuviéramos proponiendo la separación de la Iglesia del Estado.
Sólo digamos que la Presidenta y los legisladores nacionales deben –no insinuamos “deberían”-, deben analizar estos títulos, conjugarlos en un concepto de urgente necesidad nacional, y elaborar los recursos legales que correspondan para que el país siga creciendo como lo está mostrando, para que los empresarios ganen todo el dinero que les conceden su esfuerzo e imaginación, y para que –como efecto natural en una familia bien constituida-, sus trabajadores participen de sus ganancias y mejoren sensiblemente su calidad de vida, y para que en la República queden erradicadas para siempre, como alguna vez fue en Finlandia, las cifras millonarias de pobres y, más aún, los millones de indigentes que sobreviven en este verde mar de soja y dólares.

Adelantémonos a puntualizar que no hablamos de beneficencia, canonjías, aguinaldos y otras especies de la gratuidad enfermiza y demagógica. Todo lo contrario, lo proponemos para toda la gente que trabaja y sin cuyo aporte y el de las máquinas actuales, ninguno de los empresarios referidos podría sembrar tanta semilla, cosechar tantos millones de toneladas y cobrar tantos millones de dólares con su enajenación.  

En suma, sin máquinas, brazos, imaginación, voluntad y decencia ajena, no hay millonarios. La diferencia, como siempre se remarcó en bibliotecas faraónicas de política social, consiste en que el empresario aparece como el único gestor de su riqueza y sus auxiliares son números para la estadistica, sin otro derecho que a una "retribución justa" como dicen en las paritarias patrones y gremialistas.

El proceso no debe ser traumático. Debe comenzar este año, 2008, mientras continúan muriéndose por efecto concurrente del hambre más de 25 chicos en el país –muertes “evitables” la mayoría dicen los médicos-, analizar legislaciones extranjeras, incorporar al debate parlamentario el Poder Ejecutivo o el Congreso el tratamiento del Art. 14 bis en esa parte señalada, persuadir de esta convicción al centenar de frentes empresarios que se opondrán hasta el borde de la guerra civil, aprobar por unanimidad esa parte del Art.14 bis, en su letra y espíritu, y ver que, como ocurre en una familia bien formada del orbe, porque papá trae el dinero y mamá lo administra como sólo mamá sabe hacerlo, todos comen, nadie sufre limitaciones extremas, muchos estudian, desarrollan sus inclinaciones,  viajan, se enamoran, tienen hijos y la dicha prevalece como sentimiento humano fundamental.

Cuando el proceso se halle en funcionamiento, actuará como la expansión del Universo: hacia delante y los costados, sin espacios libres. No es una propuesta para todos. Encaja dentro de un país como la Argentina, una tierra aún "vacía", el viejo y siempre granero del mundo, todos los climas, agua en abundancia, cerebros sobresalientes, ubicación geográfica excelente, sentido del humor, una juventud potencionalmente bien constituida. La falla más importante: no se sabe elegir y los mejores no ofrecen su concurso. Todo corregible. Esta es nuestra primera nota. Vendrán otras.

Algunas de estas notas serán para "saco roto", consumo o ego propio; otras mellarán en parte la curiosidad de colegas  periodistas, tal vez alguna de ellas caiga como semilla en el Parlamento y tal vez, en unos pocos años más, con esta propuesta hayamos mejorado la calidad de vida de los actuales 38.000.000 de habitantes de este riquísimo país –donde pueden comer 600 millones de personas por mes de acuerdo con cifras oficiales de alimentos generados y por generar-, donde existe una terrible desocupación y su contraste de millones de horas extras, jornadas laborales de 12 y 14 horas, donde los sueldos son genéricamente paupérrimos y donde grandes empresarios no tienen la más perra idea de qué hacer con las carradas de dinero que inundan sus apetencias.

Teódulo Domínguez
Ex La Nación, Clarín, The San Diego Union, California

 
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