
La foto que generó una aclaración internacional
Al mondo cane del periodismo se agregó otro socio advenedizo. Se llama Patricio Echegaray, dirigente comunista, quien hoy salió en “La Nación” debido a una foto en crisis de veracidad.
Otra vez, más allá de la enésima, el flamígero título de periodista volvió a quemar a otro personaje, esta vez de la farándula partidaria.
Dice “La Nación” en un título de página 2, de hoy, 19 de marzo 2008, que “un importante revuelo causó ayer la difusión de una foto publicada en “El Tiempo” en la que aparecen el entonces número dos de las FARC, Raúl Reyes, dialogando con otra persona, que según el periódico es el ministro de Seguridad de Ecuador, Gustavo Larrea”.
Aclara el matutino porteño, que no es Larrea quien aparece en la foto hablando con Reyes, sino un argentino, Patricio Echegaray, dirigente del comunismo porteño, porque lo reconoce él mismo
La nota es interesante como expresión de un llamativo equívoco en el que puede caer el periodismo por desconocimiento, y que luego repara por medio de una herramienta lícita y aceptada a la que se apela con frecuencia: la aclaración.
Hasta aquí todo bien.
Pero hay otro equívoco, feo, molesto, irritante, para los hombres y mujeres de prensa, de aquí y de cualquier medio universal. Lo reprobable es que simule ser periodista un personaje de la dirigencia partidista, como suele ocurrir también con gente de la farándula, de relaciones públicas, inclusive de la locución o la producción de un programa de entretenimiento.

El párrafo donde se revela una condición que no se ejerce
En un párrafo que utilizamos de ilustración, dice el diario que “en comunicación telefónica con La Nación, Echegaray afirmó que la foto en cuestión fue tomada en una campamento de las FARC situado en Colombia, donde le realizó una entrevista periodística a Reyes”.
¿”Le realizó una entrevista periodística a Reyes”?
Hasta donde se sabe en el ámbito de la dirigencia y en el mundo del periodismo, Patricio Echegaray no es periodista. Es argentino, es comunista, es secretario general de su partido en la Argentina, alguna vez fue candidato a legislador, pero no es periodista. Si no es periodista, está mintiendo. Además de todo lo dicho, es un mistificador, un embustero, un camaleón, un usurpador.
Inclusive, si Echegaray, como tantos otros en distintas ocasiones, aprovecha su condición de dirigente para aparecer como periodista, su pretensión de ser reconocido como hombre de prensa no le alcanza, ni por las tapas, porque sólo es periodista si es reconocido como tal. ¿Lanata es periodista? Sí, es periodista, porque es reconocido como periodista, no sólo porque él lo declare.
Con el mismo criterio de hacerse pasar por periodista, el dirigente comunista podría haber dicho que era médico u odontólogo y lo estaba asistiendo a Reyes. La calificación de embustero sigue en pie.
Es probable que Echegaray haya escrito alguna vez para un medio –
no nos consta-, pero si este medio es partidista no le alcanza para pretender el título de “periodista”. Tampoco escribir de vez en cuando y que alguien lo publique es suficiente para obtener la calidad de periodista. La ley 12908 establece condiciones de tiempo en la actividad, de número de trabajos realizados, para que el Estado reconozca a un periodista. Sin embargo, el reconocimiento más auténtico e inapelable no es precisamente del Estado, con las escuelas de periodismo incluidas, sino del público que se informa a través de los medios y, en mayor medida, de los mismísimos periodistas.
En una oportunidad un "periodista" vinculado al poder de turno y muy conocido por sus actuación televisiva, quien hoy se halla retirado, se levantó de su asiento para agradecer "en nombre de los periodistas" presentes en una despedida de fin de año y realizada en el puerto de Mar del Plata, invitados por un gobernador de la provincia de Buenos Aires. El mandatario pronunció palabras de circunstancia para justificar la invitación y al finalizar, sin que nadie lo hubiera designado, se aprestó a responder el "periodista". La rechifla fue tal que el "periodista" no tuvo otro remedio que refugiarse en su asiento. Un funcionario preguntó, muy extrañado, qué había pasado y un periodista vecino le explicó: "Ocurre que este señor no es reconocido por nosotros como periodista y mucho menos nos representa".