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La Iglesia otra vez en una grave crisis de moral; ¿es hora de recuperar el Estado? PDF Imprimir E-Mail
sábado, 24 de mayo de 2008
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Una valiente y descarnada crónica de Elizabetta Piqué
Para conocer detalles de los fuertes encontronazos que todavía subsisten entre el matrimonio Kirchner-Cristina Fernández y la cúpula vaticana en nuestro país, el escándalo que se ha desatado ahora en la oficina de al lado del Papa, el mal momento que han elegido en Roma para citar al cardenal a Bergoglio y todas las derivaciones que están generando estos conflictos, hay que leer en “La Nación” de ayer, a la destacada corresponsal en Italia Elisabetta Piqué y al redactor José Ignacio Lladós.
Elisabetta denuncia que “un caso de coimas salpica al segundo del Papa” y José Ignacio habla de “la agenda política argentina, en el temario del Vaticano”.
Si se entra y sale en cada una de las dos piezas informativas, los más optimistas comentarán que “la sangre no llega al río” y aquellos que tienen de la historia una visión futura pueden vaticinar que “comenzó la separación de la Iglesia del Estado”.

Sólo hay que comprar “La Nación” y buscar con atención a Elisabetta y José Ignacio y ubicarse en el “observatorio” –ahora se llama así fisgonear con cuidado y atención- para tomar nota de lo que se viene. Lo que se viene será de alto voltaje y habrá que andar con zapatos de goma y punta de acero.
Sería interesante que el tríptico de asuntos se publicara en otros medios, que los escucháramos por radio y lo viéramos por tv, y de esta forma enriqueciéramos nuestra información, aunque estos temas “serios” no suelen ser atractivos de mucho público, porque los escándalos que más venden pertenece al “mundo de los sueños” y los serpentarios de las hienas que consumen carroña.

Como se recuerda “La Nación”, “Clarín”, “Crítica” y varios medios de USA cubrieron con amplitud la visita del Papa a ese país y, en especial, uno de los temas centrales: la corrupción sexual de curas y obispos. Una revista de los Estados Unidos, “National Review Board” publicó dos estudios donde se lee que, por lo menos, son 4.392 los sacerdotes “acusados  de abuso sexual a 10.667” menores. En el mismo estudio se afirma que los religiosos del Vaticano son muchos más y los niños, niñas y adolescentes superan con creces los 20.000 victimizados.
Pues bien, todavía está calentito el viaje del Papa a USA y sus reiterados pedidos de disculpas a la gente de ese país, en febrero pasado, cuando apareció ayer en “La Nación” el trabajo de Elisabetta Piqué y 29 millones de euros en juego.
Dice que el cardenal Tarcisio Bertone en escuchas telefónicas “es mencionado varias veces por los imputados” de un ruidoso escándalo de corrupción.

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¿Cómo hará Bergoglio para recibir órdenes de un sospechado de graves corrupciones?
¿Quién es Tarcisio Bertone?.
* Es el número 2 del Vaticano, es decir, en la jerarquía del poder está primero el Papa y luego Bertone.
* Es secretario de Estado de la Santa Sede
* Fue arzobispo de Génova entre 2001 y 2006.
* En las grabaciones de las escuchas telefónicas, Bertone aparece nombrado 40 veces.
* Un empresario poderoso, envuelto en el escándalo, Roberto Alessio, habla en una de las grabaciones de una supuesta estrategia: “Quieren hacer morir a Fidel (Castro) como católico y Bertone trabaja en eso desde hace tres años”.
* Desde el lunes, el arzobispo de Buenos Aires,  cardenal primado Jorge Bergoglio, obligado a viajar a Roma, deberá entrevistarse con Bertone para hablar del caso del embajador argentino designado por la primera magistrada y rechazado por el Vaticano; también hablarán de la actual y tirante relación de la Iglesia y el gobierno argentino por éstos y otros conflictos; además, de la vacante en el obispado castrense, luego de la forzada renuncia de monseñor Antonio Baseotto, y en cuya designación tiene derecho a participar la presidenta Cristina Fernández. Bergoglio no va sólo: lo acompañan los vicepresidentes del Episcopado monseñor Luis Villalba y monseñor Agustín Radrizzani, el secretario general, monseñor Sergio Fenoy, y el nuncio en la Argentina, es decir, el embajador vaticano, monseñor Adriano Bernardini. Todos se verán con el secretario de Estado de la Santa Sede, Tarcisio Bertone, hoy acusado de múltiples cargos de corrupción en un supuesto negociado de catering.

Pero ocurre que Bergoglio y sus acompañantes, además de sus cuestiones internas dentro del estado vaticano,  también tratarán temas de exclusiva competencia nacional como la pobreza de millones de habitantes en la Argentina y el actual conflicto con la gente del campo de este país.
Estos temas fueron confirmados a José Ignacio Lladós por “fuentes cercanas al arzobispo de Buenos Aires, Jorge Bergoglio”.
Es habitual que los arzobispos simulen olvidar que son designados por un gobierno extranjero y la prudencia sugiere a los diplomáticos de otros países no inmiscuirse en los asuntos internos del país que les dio el placet, como ocurre con el nuncio apostólico, embajador oficial del Vaticano ante el Poder Ejecutivo.
En el Vaticano sonaría no sólo imprudente sino ridículo que el embajador argentino, por aquello de la “reciprocidad diplomática”, se interesara por mejorar los sueldos de los empleados de ese estado. Si por estar separado y en concubinato con una mujer, al designado embajador en el Vaticano, Alberto Iribarne, le fue rechazado el placet, fácil es imaginar qué pasaría con su futuro inmediato si osara preguntar qué está ocurriendo con las denuncias sobre corrupción que ennegrecen el futuro de Tarcisio Bertone. No dura un minuto en la plaza San Pedro ni con el Papa en la ventana.

“La Nación” publica detalles interesantes consignados por Elisabetta, pero apuntemos uno sólo de ellos: desde diciembre la Justicia italiana, según reveló el diario “Corriere della Sera”, desbarató una red que se dedicaba a cobrar comisiones ilegales, es decir coimas, para “aceitar” las licitaciones de catering en colegios y hospitales públicos de Génova. El citado catering es un negocio “estimado en 29 millones de euros”, dice “La Nación.
¿Por qué aparecen en estas investigaciones, en múltiples grabaciones y escuchas el nombre de Bertone, y del arzobispo de Génova y presidente de la Conferencia Episcopal Italiana, monseñor Angelo Bagnasco?
Lo tendrá que dilucidar la Justicia de ese país y su acreditada “mani pulite”, experta en mafias de todo cuerpo,  color y antigüedad.

Mientras tanto, una gran pregunta ha comenzado a deslizarse en millares de lectores de “La Nación”: ¿Cómo se mirarán Bertone y Bergoglio cuando conversen y  traten de arreglar los conflictos entre el Vaticano y la Argentina, mientras el hilarante fantasma del catering y sus 29 millones de euros, entra y sale como un travieso payaso de estas conversaciones?
Si Maquiavelo viviera y fuera consultado qué hacer en este caso crispante, es probable que preservara la figura del príncipe y aconsejara al Papa echar de sus cargos a Bertone y Bagnasco, de inmediato. De esta forma, Bergoglio hablaría con gente que no está sospechada de vinculaciones con este supermillonario supuesto caso de corrupción, otra vez como en 1982 en el bochornoso caso del Banco Ambrosiano, "el banco de Dios",  de negociados y corrupciones.

El Papa cruzó el Atlántico en febrero último para pedir disculpas al pueblo estadounidenses por la agresión cobarde a más de 10.000 chicos y adolescentes violados y corrompidos por curas y obispos, a un costo que supera los 2.100 millones de dólares en indemnizaciones a sus víctimas. Estos 2.100 millones fueron pagados a los violados por el Vaticano, para impedir que millares de procesos llegaran a la Corte.
Así, con dinero de las contribuciones de las iglesias católicas del mundo, incluida la argentina, se impidió que los curas fueran condenados como delincuentes comunes, según las leyes de los Estados Unidos y sólo unos pocos están pagando a la sociedad la injuria cometida. Los depravados, mientras tanto, gozan de la protección del Vaticano y “purgan” sus culpas en cómodos retiros, todo pago,  en diversos lugares del mundo, especialmente en monasterios de Italia.
Unos 26 años atrás fue el quiebre del Banco Ambrosiano, el sospechoso suicidio de su presidente, Roberto Calvi, “el banquero de Dios”,  y cuyo principal accionista era el Banco Vaticano, presidido por el obispo Paul Marcinkus. El escándalo se halla ampliamente expuesto en la película “El padrino III”.

¿Qué medidas tomará ahora el Papa?
Si las denuncias son veraces y el Papa admite, sin confesarlo, que son veraces, tiene dos caminos: o “renuncia” a Bertone y Magnasco o se convierte en cómplice. No es nada fácil su situación.
Maquiavelo le susurraría desde atrás: “Las dos cabezas y un solo tajo”.

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Porque el Art. 2 dice "sostiene", la Iglesia le cuesta al contribuyente del país mucho dinero. Nada impide que los gastos de la Iglesia, como el resto de las confesiones, los paguen sus fieles
  Algunos observadores de la Argentina, dentro y fuera del oficialismo, ya están manejando la idea de que  sería aconsejable seguir los viejos pasos de varios países hermanos, en cuanto a separar el Estado de la Iglesia, y que cada poder ejerza sus derechos y deberes en independencia, libertad y plenitud.
En nada ayuda al país seguir manteniendo relaciones con otro estado que, al mismo tiempo que pretender ejercer el monopolio universal de la moral, tiene tantos problemas internos, tanta gente conflictuada con el sexo propio y ajeno, tantos jerarcas que critican nuestras debilidades, a cada instante intentan entregarnos las dos tablas de la salvación  y no pueden resolver sus graves traiciones a repetidos convenios sagrados de los dos testamentos.
Por otra parte, la Iglesia, por aquello del segundo artículo de la Constitución, nos cuesta mucho dinero, más de 15.000.000 pesos por año, mientras se nos mueren 25 chicos por día, más de 9.000 niños anuales, debido a la indigencia de sus padres sin trabajo ni auxilio estatal.
Cuando Duhalde dejó la Presidencia, algunos recuerdan que firmó un decreto y modificó otro de la dictadura militar, por el cual les aumentó el “sueldo” a los 100 obispos y arzobispos de la iglesia católica.
En aquel entonces, el centenar de altos prelados, nombrados por el Vaticano y a las órdenes del Santo Padre, pasaron a ganar unos $ 4.400 por mes, dinero del tesoro nacional argentino.

Teódulo Domínguez
Ex La Nación, Clarín, The San Diego Union
 
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