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Los Kirchner creen que si niegan a los periodistas, la prensa deja de existir PDF Imprimir E-Mail
sábado, 07 de junio de 2008

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Desde hace 5 años a estos periodistas no los dejan hacer preguntas
LA NOTICIA

Una declaración dio a conocer la mesa directiva del Círculo de Periodistas de la Casa de Gobierno. Hacen un nuevo llamado para que el Poder Ejecutivo se abra a las preguntas de los cronistas. Dice la declaración:


- El Círculo de Periodistas de Casa de Gobierno saluda en su día a todos los periodistas del país, aprovechando la oportunidad para reiterar que por imperio de la política comunicacional del actual gobierno, continuación de la implementada desde mayo del 2003, el cumplimiento de nuestra tarea de informar se torna cada vez más difícil.

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Presidenta de la Nación, Sra. Cristina Fernández
 - La máximas autoridades del Poder Ejecutivo no mantienen contacto con la prensa  salvo en contadas oportunidades y siempre con reportajes en medios periodísticos seleccionados, con cuestionario pactados de antemano y  con la garantía de no someter al entrevistado a sofocones con preguntas incomodas.
- Las cotidianas críticas a la prensa de todos los funcionarios del ejecutivo demuestran la escasa tolerancia de las autoridades nacionales a la pluralidad   y consolida una nefasta óptica sobre la diversidad  de opinión, negando preceptos básicos vigentes en cualquier estado republicano y democrático.
- Cierto es que diversas empresas periodísticas tergiversan los hechos o inclusive los ocultan  a cambio de prebendas del poder de turno, bastardeando  impunemente la tarea de informar.
- Pero cierto es también que la realidad existe al margen del periodismo y de los periodistas y que no es delito reflejarla,  aunque ella  transparente  la ineptitud de quienes gobiernan.
- Por lo expuesto, nuestra entidad reclama por enésima vez a las autoridades nacionales la necesidad  de establecer un dialogo fluido entre la prensa y los funcionarios.
Círculo de periodistas de Casa de Gobierno, Buenos Aires, 7 de junio 2008

EL COMENTARIO  

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Patio de las palmeras, Casa de Gobierno
En coincidencia con la festividad máxima de los periodistas del país, la mesa directiva del Círculo de Periodistas de la Casa de Gobierno, emitió una declaración.
Desde 2003 en que ingresó a la Casa Rosada la familia Kirchner, se generó desde el sillón de Rivadavia una pertinaz e inexplicable metralla verbal e institucional contra los periodistas de la sala. Se los hace responsable de los problemas más disparatados, como si el Ejecutivo estuviera a cargo de la sala de periodistas.
Nadie puede explicar esta actitud beligerante y gratuita contra hombres y mujeres que trabajan todo el año –sábado y domingo incluido con sus guardias-, para llevar las noticias de la Presidencia, el ministerio del Interior y otras actividades, que el pueblo quiere saber.
Los periodistas están allí porque ejercen un derecho constitucional: conocer qué ocurre dentro de la Casa de Gobierno, qué medidas toma el Poder Ejecutivo y en qué extensión afecta la vida diaria de cada uno de los 37 millones de habitantes de la República las resoluciones de la Presidencia.
Y cumplen una obligación: difundir a través de los medios que representan los hechos  objetivos y sus comentarios interpretativos.
Dentro de las facultades que le reconoce el público al periodista se encuentra la de preguntar.
El consultado puede responder o no, es su privilegio.
Pero la pregunta se hace porque no hay noticia total sin pregunta complementaria.
Este es uno de los problemas que tuvo el ex presidente Kirchner y que heredó su esposa, la Sra. Cristina Fernández, elegida Presidenta por la primera minoría de los votantes.
Ninguno de los dos permite al periodista que les hagan preguntas.
Hubo otros mandatarios en la Casa de Gobierno: el general dictador Juan Carlos Onganía, la presidenta María Estela Martínez de Perón y el general Roberto Marcelo Levingstone, entre los más evidentes.
Además de varias y gruesas ineptitudes que caracterizaron a unos y otros, había un común denominador en los tres: el miedo.
Los tres le tenían terror a la pregunta periodística.
Onganía era un síndrome de ignorancias. Cuando concedió la primera entrevista, después de un año de vetar a la prensa, echó a los periodistas de su despacho porque no le gustaron las dos únicas preguntas que le hicieron. Previamente había exigido que si le hacían preguntas en una supuesta reunión de prensa, había que adelantarlas por escrito.
El caso de Isabelita, porque Isabelita era un caso para los periodistas, se presentaba como el de una pobre mujer que lo ignoraba todo. Sólo una vez se atrevió a abrirles la puerta a los periodistas y fue para regalarles más de 50 huevos de chocolate, enormes, con motivo de las Pascuas, y con el fin de compensar las insistencias de la gente de la sala por una reunión de prensa.
Levingston vivía envuelto en una gran alfombra invulnerable de soberbia. La única vez que entró a la sala de periodistas fue para subestimarlos por su condición, decía con altísima seguridad, de “empleados de los diarios” que “reciben órdenes” y las “tienen que cumplir”. Cuando quien esto escribe le respondió con todas las letras y sin concesiones el ex abrupto presidencial, el general que venía de Washington con todas las ínfulas de un jefe guerrero intocable, no apareció más por la sala y al poco tiempo lo derrocaron de un plumazo.
Tanto el ex presidente Kirchner como Cristina Fernández creen que inauguraron un estilo y han puesto a los periodistas en el fondo de una cancha de bochas.
Creen que si los niegan, si no los aceptan, sin los rechazan, le cierran la puerta, les dicen “hala, hala”, los periodistas se desvanecen en la atmósferas y ya dejan de existir. Dos o tres pases mágicos y aquí se acabó la prensa.
Creen que, tan pronto llegan a Washington, París, Londres y allí hablan con sus invitados especiales y corresponsales extranjeros, que las impresiones subjetivas que luego aparecen en medios adictos eliminan el problema de la mortalidad infantil, la pobreza galopante y la indigencia al trote, la escasez de combustibles, las retenciones al campo y el conflicto con el Vaticano.
Parece ser –según los cinco años de experiencias en el Ejecutivo-, que la realidad no se soluciona con la clásica fórmula de eliminar a los intermediarios entre el poder y el público.
Todo indica que no funcionó aquello de marginar periodistas y hablar en vivo y en directo con el pueblo,  desde un atril en el salón blanco.
Si el método fuera cierto ya no habría tanta miseria en el país y la manoseada “distribución de la renta” estaría mostrando sus bondades.
Es decir, no son los periodistas, señora presidenta. Es el Poder Ejecutivo.

La historia de los jefes de Estado que se encierran en sí mismo, no aceptan contactos, ni permiten preguntas es muy profusa en la literatura universal, y todos los autores coinciden en que el factor que los horroriza son varios y terminantes: tienen miedo, son inseguros, gritan para simular fortalezas que se derrumban de inmediato; insultan porque no cuentan con razonamientos inteligentes; desprecian al prójimo porque suponen que el dinero, mucho dinero, los autoriza a ser reconocidos sin balbuceos.
En la sala de periodistas de la Casa de Gobierno todavía hay gente que, de Perón para abajo, vio caer a la mayoría de los presidentes –militares y civiles- derrotados por sus propias ignorancias, vencidos por sus ridículas soberbias, abatidos en un oceáno de confusiones.

Cuando se analiza la razón de estas defecciones, una de las conclusiones más convincentes es que, en realidad, a los que se fueron, o “los fueron”, no les ganó nadie. Cayeron por sus propios errores, vencidos por los garrafales equívocos que cometieron, solitos, sin ayuda de nadie.

 Teódulo Domínguez
Ex La Nación, Clarín, The San Diego Union, California
 

 
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