El avance trasgresor de los periodistas dudosos o todo terreno, se está convirtiendo en un serio problema de imagen para los aproximadamente 12.000 periodistas del país que se ganan la vida con esta actividad.  Víctor Hugo Morales Uno de los casos es Víctor Hugo Morales: relator deportivo, conductor, relacionista público, locutor de avisos publicitarios, periodista. Otro, Dady Brieva: actor, humorista, conductor, "periodista". A ellos se agrega un centenar, un millar de visitantes que tramitan la ciudadanía periodística, mientras son parodistas, cargosos preguntadores de la noche, trasgresores de sonrisas mecanizadas, especialistas del chismerío sexópata, consejeros sentimentales, hurtadores del trabajos ajeno, burlones de mala leche, lamentables imitadores de dignísimos payasos, estafadores de ilusiones, humoristas frustrados … y además, “periodistas”.
Amparados en una resistente convicción de que “la mejor ley de prensa es la que no está escrita” para impedir una regulación tiránica y dictatorial de la actividad periodística, y defensores de una ley, la 12.908 del “estatuto profesional del periodista”, para respaldar los derechos del hombre y la mujer de prensa, un gran número de periodistas “dejan hacer” cada vez que un advenedizo se cuela en el campo profesional y actúa como “periodista” sin respetar lo escrito y lo tácito del natural código profesional de prensa. El conocido y respetado relator deportivo Victor Hugo Morales, es un hombre múltiple, toca todos los instrumentos, él sólo es una orquesta sinfónica; su excelente voz le permite hacer un espectacular relato de un partido de fútbol, como un sonoro comentario deportivo, así como en su programa de radio suele pasar un aviso publicitario, gratificar a un amigo con un “chivo”, y reportear a cualquiera que la producción radial le ponga enfrente. Lo incompatible no existe para el versátil Victor Hugo, como no existe desplazar a un colega del mismo espacio, de la misma radio, porque él está en condiciones de hacerlo todo, en beneficio propio o de la empresa. Ayer Víctor Hugo conversó, no reporteó, con el ministro del Interior dentro del conflicto que sostienen el gobierno nacional y los dirigentes ruralistas. Todo lo que haga Víctor Hugo en el campo deportivo cuenta con aplausos generalizados por las virtudes y galas que adornan sus relatos y comentarios. Otra cosa es reportear a un ministro, como a cualquier otro personaje, de cualquier actividad. El periodista acostumbra manejarse con preguntas, porque está persuadido que un especialista es un especialista e intentar competir con su conocimiento es tonto e inútil: siempre pierde el periodista. En cambio, cuando el periodista se queda sin preguntas, porque la entrevistá entró en tirabuzón, siempre puede apelar a un ¿por qué? El versátil Víctor Hugo no respetó esta regla profesional. Después de varios interrogantes plantados por Víctor Hugo, el ministro, de pronto, le hizo una pregunta sobre la actuación de un dirigente rural frente a la quinta presidencial la noche anterior y Víctor Hugo “mordió”. Intentó responder y capotó. Titubeó, trastabilló, se puso en guardia, ensayó una defensa de sí mismo y del otro. No resultó. No llegó hasta allí su versatilidad. Emilio Petcoff, tal vez uno de los mejores periodistas de todos los tiempos, hoy fallecido, le hubiera recomendado a Víctor Hugo: cuando alguien te hace una pregunta podés eludirla, responder con otra pregunta y si el tipo se pone pesado decirle “discúlpeme, el que hace las preguntas soy yo; si usted no quiere responder ejerce su derecho a no responder, yo lo respeto y aquí terminó mi trabajo”. Emilio hubiera agregado: nunca entre en discusión con el entrevistado. Se paga con la muerte intelectual. Si se discute con el reporteado, el espadachín es él; aprendiz el periodista. Tal vez hubiera añadido: el hombre y la mujer de prensa no tienen que rendir examen de cada tema que se presenta a cada instante en una estación de radio, o de televisión, o en un medio gráfico. El periodista se prepara para hacer buenas preguntas, no para recibirse de experto en cada actividad humana.
 Dady Brieva Días atrás el actor, comediante y humorista Dady Brieva, devenido conductor de un programa radial, devino además en “periodista”. Cuando la incursión le sale bien, porque tiene aciertos interesantes en sus consultas, puede ufanarse de sus éxitos “periodísticos”; pero cuando le sale mal la parodia del “reportaje periodístico”, -y le pasa con frecuencia-, sonríe, se toma el pelo asimismo y zafa con simulaciones histriónicas. Consigue éxitos también con esta parodia, porque el público, siempre generoso con sus artistas, le festeja las salidas y las entradas. Aunque sean lamentables. Nunca pierde. Sin embargo, dentro de sus riesgos, se enfrentó días atrás con el secretario general del gremio metalúrgico y éste, algo enojado, le recordó a Dady que a él lo conocía como humorista, no como periodista. Dady muy suelto de cuerpo y alma le respondió: “yo voy por todo, yo voy por todo”. Es decir, Dady no tiene escrúpulos ni le importa no tenerlos. En cualquier momento Dady se acerca al ministerio de Trabajo e invoca, con pruebas en la mano firmadas por el responsable del programa, que sus tareas habituales encuadran dentro de las exigencias de la ley 12908 y, en consecuencia, “vengo a gestionar el carnet profesional”. De esta forma nos ganamos otro “colega” y perdemos otro cómico. Lo dramático no es Dady con sus humorísticas pretensiones de adquirir la ciudadanía periodística. Lo dramático es que gente supuestamente seria acepte ser reporteada por un actor, un humorista, un hombre que se gana honestamente la vida con el histrionismo, pero de dudosa eficiencia en cuanto a sus condiciones periodísticas. Pareciera que, para cierta gente, entre ellos algunos funcionarios y egresados de la Universidad, ser consultados por un humorista significa ascender a otro nivel, exhibir otro status. "¿Sabés que me reporteó Dady Brieva?" En cuanto a educación y respeto a sus colegas de la radio, lo de Dany todo terreno es cómico, porque intenta demostrar a los periodistas que periodismo lo hace cualquiera, él por ejemplo.
Teódulo Domínguez Ex La Nación, Clarín, The San Diego Union, California
|