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¿Alguien puede contestar por qué la muerte de 25 chicos por día no aparece en los medios? PDF Imprimir E-Mail
sábado, 21 de junio de 2008
* En Mendoza hablan del hambre y aumento de la mortalidad infantil
* Hoy todavía mueren en el país 25 chicos por día por el efecto “desnutrición”
* Si las 25 muertes ocurren en accidentes de tránsito, son víctimas y tienen prensa
* Hasta la categoría de “desaparecidos” los chicos salen en colores.
* Cuando pasan a la categoría de “muertos”, las víctimas “no tienen quién les escriba”.
* Los niños no mueren por hambre, mueren por “paro cardiorrespiratorio”
* La Presidenta, los gobernadores, los intendentes, los grandes culpables


LA NOTICIA
En la página on line de “Los Andes” de Mendoza se publica un valioso comentario sobre hambre, pobreza, indigencia y, especialmente, la mortalidad infantil que, en esa provincia, sorprende el índice de aumento registrado en los últimos meses.
Citemos sólo algunos párrafos muy ilustrativos:
* Los datos estadísticos conocidos en el país indican que más de la mitad de la población argentina se encuentra dentro de la calificación de “pobres”, porque el dinero no les alcanza para cubrir una canasta básica de alimentos.
* En Mendoza se conocieron en los últimos días datos más que preocupantes: sólo en la Capital de la provincia se detectaron 126 chicos desnutridos, de los cuales el 30% se encuentra con desnutrición crónica y el resto en la calificación de “aguda”.
* En los últimos meses ha subido en Mendoza la cantidad de chicos en situación de riesgo, en la edad de entre 1 y 4 años.
* En las provincias del Norte, 8 de cada 10 niños y adolescentes son considerados pobres porque no tienen ingresos suficientes como para cubrir sus necesidades mínimas,
* Según un estudio del Instituto Nacional de Estadísticas y Censos “ … cuatro millones ochocientos mil son pobres y de ellos dos millones setecientos mil son indigentes”.
* El 50 por ciento de los chicos de todo el país de entre 6 meses y 2 años de edad padece anemia por falta de hierro, como consecuencia de la mala alimentación.
* Los planes sociales no constituyen una salida. En Mendoza se otorgan más de 100 mil planes sociales. Debe encararse otro tipo de medidas.

EL COMENTARIO
El gobierno de la provincia de Buenos Aires esta firmando convenios con distintos intendentes para entregar “tarjetas de alimentos” a millares de mujeres pobres e indigentes, con el fin de que adquieran comida para sus hijos.
Es una medida más, dentro del centenar de distintas medidas que los diversos gobiernos, la mayoría peronista, han tomado en los últimos 20 años.
En estas dos décadas, la experiencia indica que chicos “clase media baja” se han convertido en “clase pobre” y chicos clase pobre se han transformado en chicos “clase indigente”.
En el país siempre hubo pobres; el indigente es un “invento” moderno.

En “Los Andes” de Mendoza dicen: “Los planes sociales no constituyen una salida. En Mendoza se otorgan más de 100 mil planes sociales. Debe encararse otro tipo de medidas”.
La sugerencia del diario mendocino es buena, es real, pero es tibia.
Hay que tomar las medidas que, en su momento y pasando por situaciones similares a la nuestra,  se tomaron en otros países, como Finlandia, Australia, Nueva Zelanda.
Nada impide que funcionarios argentinos viajen a estos países para recoger en el terreno cuáles son esas medidas. Volver, exponer, explicar, argumentar y aplicar toda fórmula que sea buena para la gente de este país. No es tan difícil.
En un país, el nuestro, que está en condiciones de alimentar, cada día, a 300 millones de personas, las medidas por tomar sobran, seguro.
Sólo hay que buscar a los hombres y mujeres que cuentan con ideas claras para poner en primera estas medidas, discutirlas, aprobarlas y que empiecen a funcionar.
Para esto habrá que marginar, en el menor tiempo posible, a tanto palurdo que está gozando de su canonjía, e instalar en su lugar a gente proba, eficiente, decente. No es tan difícil.
Si la canonjía no es un hecho personal o, incluso, generalizado, sino un sistema, una máquina destructiva, lo aconsejable es lograr con métodos legales que se llegue a un referéndum para decidir si el gobierno continúa o debe llamar a elecciones. La revocatoria de mandato, si es necesario, debe ser cirugía mayor y hay que hacerla constitucional.

Mientras tanto, hay que hallar la fórmula que permita dar a los padres trabajos genuinos y bien rentados; anular paulatinamente los “comederos” en las escuelas y retornar los chicos a la mesa hogareña, donde se reencuentren con sus padres y todas las ventajas que esta decisión implica.
Sin los padres en la mesa, en algún momento del día, no hay educación. Sin educación no hay gente honrada. Sin gente honrada no hay país.
Hay lo que tenemos y a no quejarse porque la gente que gobierna ha sido votada por la mayor de las minorías.
La democracia no tiene la culpa de la falta de voluntades que se ofrezcan para trabajar por el país y, mucho menos, que los votantes no sepan elegir gente para gobernar uno de los países más ricos de la tierra.

El cambio debe ser terminante.
Mientras exista una sola escuela con “comederos” infantiles, “planes” de 150 sin prestación de trabajo serio, y otras aspirinas para el cáncer que convirtió a esta república pobre en un país indigente, anuncios como el de la “tarjeta de alimentos” son paliativos inconducentes. Algo así como darle una galletita a un chico que no ha comido en los últimos diez días.
Explicaciones como “por el momento es lo que podemos hacer” porque “no hay plata”, son confesiones no dignas de mandatarios modernos en un país que en 2007 exportó 30.000 millones de dólares sólo en alimentos.
Sólo con ejercer el Estado el monopolio del juego y volcar diariamente la renta de las apuestas en “hacer la guerra” a todas las causas de la mortalidad infantil,  no habría un solo chico muerto por falta de alimentos y atención médica eficiente

La Presidenta termina de anunciar que el dinero de las conflictivas “retenciones” será empleado en hospitales y otras obras para generar dinero genuino en bolsillos de millares de trabajadores y, además, proteger a millares de chicos que hoy son rechazados porque no hay personal ni cama para recibirlos.
Uno se pregunta ¿por qué se tardó cinco años en dar este anuncio? ¿Por qué no lo hizo el ex presidente Kirchner en sus cuatro años de gobierno? ¿En qué se emplearon tantos millones de dólares si no se usó para reducir la indigencia y la mortalidad infantil?   
La Presidenta debe entregar a los gobernadores y éstos a los intendentes, el dinero necesario para hacer la guerra a la indigencia y la mortalidad infantil en el país.
No debe haber nada en la estrategia de un gobierno nacional, más importante que evitar la muerte de sus niños.
La Presidenta debe estar al frente del comando superior de este ejército ciudadano contra el enemigo que convierte a pobres en indigentes y mata 25 chicos por día, es decir, mata a más de 9000 chicos en el año.
¿Deja dormir a la Presidenta, a los gobernadores, a los intendentes del país, la muerte silenciosa e inadvertida de más de 9000 chicos por año?
¿Qué hay que hacer para que se den cuenta y actúen contra las causas de estas 9000 muertes anuales?
¿Por qué emplean tanto tiempo en estrenar ropa cada día, en ajustarse la corbata frente al espejo, en recibir a tanto visitante inútil y asistir a tanta inauguración intrascendente, en darse vuelta en el gabinete hacia la cámara periodística para mostrarse sonrientes en los medios?
¿De qué se ríen los funcionarios de la foto, mientras muere un chico por hora en el país?
Dar de comer al mundo con 30.000 millones de dólares en alimentos y, al mismo tiempo, repartir millares de tarjetas para comidas a los indigentes, suena a siniestra tomadura de pelo a millones de ciudadanos.
Hace 6 meses se comenzó una nueva gestión administrativa, tanto en la Rosada, las provincias como en las municipalidades.
Una evaluación ligera de los resultados, marca más tropezones que metas logradas, más derrotas que éxitos.
Multimillonarios argentinos y extranjeros que explotan la tierra no han aportado voluntariamente una sola migaja para eliminar el hambre en el país. Impuestos, tasas, retenciones, son aportes ineludibles. El sueldo de un peón es de poco más de $ 1.400. Sus peones son los peores pagados de esta república, denunciaron hace poco los medios. Les permiten, como una compensación  especial, criar unas gallinas, tener un quinta.
Ninguno de sus auxiliares recibe un céntimo de las millonarias ganancias que generan, lo cual constituye una de las aberraciones más vergonzantes que pueden exhibir dirigentes y ruralistas que, al defender sus derechos, protagonizan sus exigencias con métodos tiránicos que superan el patoterismo de los D´Elía y asociados.
Si cada uno de los 100.000 peones que trabajan en el campo recibiera un 5% de las enormes ganancias que generan y queda en manos de unos pocos, ninguno de ellos estaría en la categoría de pobre, menos de indigente, y este 5% volcado al consumo personal, mejoraría visiblemente la calidad de vida de millares de pueblos.
La misma fórmula trasladada a las grandes empresas del Gran Buenos Aires, no dejaría un solo “comedero” en funcionamiento, los chicos comerían con sus padres en la misma mesa familiar y el 70% de los 25 chicos que hoy mueren por el “efecto hambre” no moriría.
No estamos hablando de utopías antojadizas.
Esta eventualidad está prevista en el Art.14 bis de la Constitución Nacional.
Sólo hay que leerla, analizarla, e incluirla en el paquete de medidas que tratan sobre las retenciones, luego aprobarla y ponerla en vigor.

La guerra al hambre, a la indigencia, a la mortalidad infantil, no será ganada jamás con “tarjetas de alimentos” ni “comederos” escolares.
Cada día, lo dijo el ministro bonaerense de Salud, Claudio Zin, se mueren en el Gran Buenos Aires y La Plata, unos 10 chicos, lo cual significan 300 chicos fallecidos por mes.
Si estos 300 chicos mueren por efecto de un bombardeo en el Líbano, un tsunami en Asia, o un terremoto en Oceanía, los medios les dedicarían, durante varias jornadas, amplios espacios con llamada en primera plana.
¿Por qué cuando se mueren 10 personas en un accidente de tránsito se informa en la prensa con todos los detalles, incluyendo los nombres de las víctimas, con fotos en colores?
¿Por qué no se informa a la prensa los nombres de los 10 chicos que se mueren cada día en la provincia de Buenos Aires?
¿Hay muertos publicables y muertos no publicables?
¿Acaso existe una discriminación macabra que manejan la Presidenta, los gobernadores y los intendentes?
¿Es casual que una gran mayoría de médicos, cuando certifican la muerte de un chico, coinciden en escribir “muerte por paro cardiorrespiratorio” sin la mínima alusión a la primera causa del deceso?
¿Son los chicos que se mueren por efecto del hambre y la desnutrición, los modernos e invisibles protagonistas de los campos argentinos de concentración hitlerianos?
¿Somos los periodistas altamente sensibles a la muerte en la farándula, en los accidentes de tránsito, en los hechos policiales escabrosos de sexo y droga, y no somos sensibles a la muerte de 25 chicos cada día y por hambre?
¿Está prohibido publicar en los medios las notas sobre mortalidad infantil con foto, nombre y apellido?
¿La nota aprobada sólo llega hasta la publicación de los chicos desaparecidos, pero cuando se trata de chicos muertos por desnutrición allí prevalece el silencio y la autocensura? ¿Por qué?
¿Alguien puede responder estas preguntas?   

Cuando hablamos de guerra no deslizamos una palabreja efectista.
Es una guerra en serio, con un gabinete de guerra, con la inclusión de las fuerzas armadas si es imprescindible, con toda la potencia que tiene un estado para combatir a un enemigo, y con la estrategia de los altos mandos para ganar esta guerra.
¿No son los hijos de los otros nuestros hijos?
Cuando se mueren 10 chicos por día, 300 por mes, 3.600 por año, se nos han muerto a todos, no sólo a los paupérrimos padres.
Los médicos aseguran, y tienen razón, que de estos 3.600 chicos se puede salvar el 70%, es decir, 2.500 infantes.
Si la Presidenta, los gobernadores, los intendentes, declaran esta guerra, en lo que resta de 2008 se pueden salvar más de 1.300 chicos que hoy están en primera línea con pena de muerte irreversible.

Teódulo Domínguez  
Ex La Nación, Clarín, The San Diego Union, California

 
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