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Para los Kirchner y terratenientes un millón de peones no son “gente de campo” (I) PDF Imprimir E-Mail
jueves, 17 de julio de 2008
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En su fogoso discurso el ex jefe de Estado no se acordó de los peones del campo
* El ex Presidente no los tuvo en cuenta
* No figuran en la agenda de los ruralistas
* El gobierno recauda miles de millones
* Los grandes y medianos ganan sumas fabulosas
* El peón de campo y el maestro, los de menores sueldos en el país
* De Angeli y sus socios exigen igualdad de trato, democracia y respeto a su dignidad
* Pero no le reconocen lo mismo a sus trabajadores
* Los legisladores, fieles a los dueños de la tierra y a sus “negocios” con el Gobierno
* Ninguno piensa en mejorar las condiciones de los modernos mensús de la Argentina




Fue una grandiosa y espectacular muchedumbre de legisladores, dirigentes, trabajadores, donde no se veían peones del campo
Se hizo frente al Congreso Nacional.
En otro lugar de Buenos Aires y casi al mismo tiempo, fue una formidable concentración de ruralistas, sus familias, sus amigos, sus seguidores, donde tampoco se vieron trabajadores del campo.
El de Kirchner fue un discurso con “lágrimas en los ojos” donde los términos “peones”, “trabajadores del campo”, “puesteros”, no figuraron en ninguna de sus entusiasmadas frases y oraciones.
Momentos más tarde, en Palermo, fueron varias exposiciones fogosas, entusiastas, acusadoras, admonitorias, exigentes, de la dirigencia “del campo” donde no aparecieron los vocablos “nuestros peones”, “nuestros puesteros”, “nuestros trabajadores”, “nuestros profesionales”.

La otra “gente del campo”, inexistente, invisible, intrascendente

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Alfredo De Angeli,  de la Federación Agraria de Entre Ríos;  Fernando Gioino, de Coninagro; Luciano Miguens, de la Sociedad Rural;  Eduardo Buzzi, de la Federación Agraria y Mario Llambías, de CRA, se acordaron de cada una de las hectáreas que explotan, de cada animal que justifica la inversión, de los términos vinculados a sus intereses inmediatos, pero no dedicaron siquiera un sobreentendido párrafo para la otra “gente del campo”, sus peones los “wetbacks” del sur, técnicos y profesionales, en fin, sus asalariados.
Los dirigentes obviaron deliberadamente, soslayaron, ignoraron, subestimaron, descalificaron aún más, a un millón de personas que todos los días, con brazos, piernas, músculo y cerebro, hacen el trabajo limpio y el “sucio”; el trabajo que luego generará millones de dólares.
Esos millones tomarán dos caminos: para el erario gubernamental en la aduana; el otro ingresará en la cuenta bancaria de propietarios y arrendatarios, dentro y fuera del país.

Una utopía como otras que hoy están funcionando

Ni un solo peso de la ganancia neta de los “pools” y dueños de la tierra, se alojará en el bolsillo de ninguno de este millón de personas, padres de familia que suman otros 3, 4 millones de pobladores más.
Si estuviera vigente la ley emanada del Art. 14bis de la Constitución Nacional, que prevé la participación en las ganancias de los trabajadores de todo el país, este millón de peones, potenciales consumidores, volcaría en cada uno de sus pueblos una importante suma global de dinero.
Comercios, industrias y otras actividades se verían oxigenadas por una enorme masa de dinero y, a su vez, sus titulares evolucionarían con reinversiones múltiples y mayores riquezas individuales para practicar una vida mejor y más segura.
Si la ley se extendiera al Gran Buenos Aires y las grandes urbes, sería muy difícil que en estas poblaciones los chicos comieran alimentos chatarra en las escuelas y la instrucción pública padeciera la decadencia que hoy  caracteriza la enseñanza en la república.
Otro efecto sería la desaparición gradual de 2 millones de indigentes en un país que exportó en 2007 la increíble suma de 20.000 millones de dólares sólo en alimentos. Comida para millones de habitantes de sociedades extranjeras, no para la argentina y devaluada sociedad de esta nación.
Al mismo tiempo, los médicos y expertos podrían dedicarse a salvar la vida de un 70% de los 25 chicos que se mueren cada día en el país, por efecto directo de la desnutrición y sus secuelas.
En cifras casi reales, se evitaría la muerte de unos 6.300 chicos por año, todos hijos de padres pobres e indigentes.

Los impunes capitanes de pobres, indigentes y niños muertos de hambre

En esta lista de 25 muertos diarios y eventuales 6.300 salvados de la muerte, no figura hijo alguno de los legisladores nacionales y provinciales; ninguno del Poder Ejecutivo Nacional y su gabinete; ninguno de los gobernadores y sus ministros; ninguno de los intendentes y sus secretarios.
Tampoco, ningún hijo de los millares de concejales que actúan en decenas de Concejos Deliberantes del territorio municipal.
Mientras se mueren hijos y madres de los votantes, nada les ocurre a ninguno de los hijos de los elegidos y designados para administrar los bienes de este país, donde el bien más destacado e importante es el ser humano en todas sus categoría, especialmente el niño y su madre, pobres, indigentes, marginados, rechazados.   

Más de cuatro años después siguen los “comederos” y la comida chatarra en el granero del mundo

Hubo en la plaza de los Dos Congresos un gran cartel detrás y otro delante del ex presidente de la Nación con la leyenda “Para defender la mesa de los argentinos, más democracia”. Una mesa que, cuatro años después del gobierno de Néstor Kirchner y siete meses de Cristina Fernández, todavía sufre la ausencia varios millones de pobres e indigentes, de algunos que recurren a los vaciaderos de basura, y de los chicos que siguen comiendo chatarra en las escuelas.
El abogado Néstor Kirchner olvidó decir en su llameante discurso que 1.000.000 de “peones del campo”, forman parte de esta supuesta democracia y también necesitan defender “su mesa”, sino de comida, si de múltiples carencias.
No reparó el nuevo jefe del justicialismo, que la democracia significa pueblo, el gobierno del pueblo, de todo el pueblo, y que el 1.000.000 de “trabajadores del campo” y sus 3.000.000 de parientes integran esta mentirosa democracia argentina.
No advirtió que durante sus cuatro años de gobierno, el peón de campo es el trabajador peor pago, junto con el maestro, y hoy día esa situación continúa en el gobierno de su esposa.

La torta “para nosotros”; la democracia y la “dignidad para todos”

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Buzzi, con z, un defensor a ultranza de sus compañeros trabajadores del surco y la cosecha
Hubo otro cartel detrás del “Monumento de los españoles”, en Palermo,  que rezaba “Por un país federal, democracia y dignidad para todos”.
Qué buen cartel: bien sintetizado los principios federales, de democracia y, sobre todo, muy bien dicho, con alta convicción, eso de “vivir con dignidad para todos”.
Conmovedora apelación de los que se quedan con casi toda la torta y le dejan a los demás, algunos pedacitos sueltos y migajas para pajaritos monteros.
Que hermoso cartel para colocarlo en la entrada principal de cada campito de cada uno de los que estuvieron ante el monumento de los españoles.
No sólo en la tranquera principal. También en la entrada de cada pueblo, en la avenida que conduce al centro; en las plazas; en la luneta de los coches, en las escuelas y hospitales.
Qué lindo sería que, al mismo tiempo que este cartel “por un país federal, democracia y dignidad para todos” lo colocaran los ruralistas en cada cosechadora, en cada tractor, para que estuviera presente cada segundo en el ánimo de  tanta “gente del campo” que fue a pelear por lo suyo, gritó, pataleó, exigió sus derechos, -carajo dijo De Angeli-, como hay que exigirlos y sobre todo a la gente que no entiende que sin el campo somos una republiqueta de pobres e indigentes.
Aunque pensándolo bien, no recuerdo que el nuevo campeón de la oratoria argentina, el tribuno Alfredo De Angeli, haya recordado en sus explosivas definiciones, muy bien articuladas, muy bien gritadas, con el énfasis y los silencios de los hombres que suponen conocer la verdad y la gritan a los tiranos en la jeta, carajo.
No recuerdo que el magnífico quijote y escudero de la federación entrerriana, haya tenido un pequeño recuerdo para esa “gente del campo” que no es ruralista, ni terrateniente, ni patrón, ni nada; para esa gente que no es dueña de un solo centímetro de tierra y cuyo oficio, dignísimo oficio, es ser peón de De Angeli y sus colegas, los Buzzi, los Miguens, los Gioinos, los Llambías.

¿Cómo miran los De Angeli, Buzzi, Miguens, cuando les están pagando  $ 1.450 a los “sin tierra”?

De Angeli tuvo otro acierto cuando señaló a los legisladores escrachados en distintos pueblos del país. Dijo: “No saben cómo volver a sus pueblos”.
Aunque nadie lo escracha a De Angeli y los suyos, los De Angelis ¿cómo hacen para volver a sus pueblos y seguir pagándole a cada peón 1.450 pesos por mes?
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Miguens, hizo lagrimear con sus enternecedoras preguntas
Miguens, de la Sociedad Rural, también tuvo una pregunta felíz. “¿Es tan difícil entender lo que pretendemos los productores rurales?, lo que traducido a una pregunta de 1.000.000 de peones se puede reemplazar con “¿es tan difícil entender lo que pretendemos los peones del campo?”
Buzzi, le respondió al Gobierno cuando los acusaron de desabastecer y le pidió que impongan “un modelo distinto”, justo lo que pueden hacer los terrateniente si crean “un modelo distinto” en lugar del actual modelo donde pagan sueldos de hambre a la misma gente que produce, junto con las máquinas, millones de dólares de ganancia por año a favor de sus patrones.
En cambio, De Angeli recordó: “Nos están saqueando”. ¿A quiénes? ¿A los peones? No. A los terratenientes.
De Angeli no tiene por qué defender a los “saqueados” del surco, porque representa a los ruralistas. Para eso está el huidizo secretario general de los peones, Jerónimo Venegas, del cual se conoce poco, más allá de estar enrolado en las fuerzas kirchneristas.
De Angeli no fue elegido por sus peones; fue designado por sus colegas de Entre Ríos. Cuando De Angeli habla de la “gente del campo” está hablando de los dueños de la tierra, no de los “sin tierra”.
Sería una buena idea que los peones lo eligieran gobernador de Entre Ríos en las próximas elecciones a De Angeli, porque de inmediato aplicaría sus vehementes principios y todos cobrarían, no sólo un mejor sueldo, sino una participación en las utilidades de los ruralistas. Sólo debe anotarse en el Partido del Campo, ganar y poner en práctica todas las teorías que grita en el micrófono.
 
 Cerrar la Biblia, suspender el persignarse y poner a funcionar el Art. 14 bis

Diría Mario Llambías, de CRA, “aquí hay que jugarse”.Corajuda la frase. Por esto solo, merece tener otra oportunidad. ¿Qué haría Llambías si los peones dicen lo mismo y lo hacen? Se horrorizaría, por supuesto.
También dijo: “No nos van a arrodillar; no vamos a aceptar cosas que vayan en contra de la Patria y los productos”. Valiente, argentina, gaucha y machaza la oración. Eso de defender a la Patria, es simplemente conmovedor.
En el momento de adjudicar ganancias justas, bien podría decir: “No arrodillaremos a los peones; no vamos a aceptar cosas que vayan en contra de la Patria que también constituyen la gente que trabaja para nosotros”.
Otra frase impresionante que puede usarse en beneficio del millón de peones, “gente de campo”, la pronunció Buzzi, con z, cuando dijo: “Que el esfuerzo por recaudar sea más equilibrado”, es decir, aunque no lo dijo ni lo pensó: que “el esfuerzo al crear riqueza sea más equilibrado a la hora de distribuir ganancias para que nuestros peones y sus familias vivan mejor”.
Allí está, en la Constitución Nacional, un inadvertido parrafito en el Art. 14bis, que los está esperando, señores legisladores, señora Presidenta, dirigentes de la justicia social, propietarios de la tierra robada a los indios por sus abuelos y bisabuelos.
Dice este parrafito del Art.15 bis:  “… participación en las ganancias de las empresas, con control de la producción…”.
Solo hay que abrir la Constitución y ver si, además de cortar rutas como vulgares piqueteros aprendices de los D´Elía, además de negarles a sanos y enfermos el uso público de las rutas, además de tirar alimentos en el suelo, además de hablar de democracia, ley, derecho, dignidad y otros ex abruptos en boca de improvisados dictadores de 100 días, cierran la Biblia, ocultan las medallas, dejan de persignarse y recuerdan que hace más de 2000 años un trascendente personaje de la historia sagrada dijo algo así como “no le hagan a los demás, lo que no quieren que les hagan a ustedes”.
Los "demás", el prójimo como gustan decir, son 1.000.000 de peones más 3.000.000 de parientes, 4.000.000 de habitantes "sin tierra".
 
Teódulo Domínguez
Ex La Nación, Clarín, The San Diego Union, California
 
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