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La Rural, templo de la ganadería argentina, donde no todos son "del campo" PDF Imprimir E-Mail
lunes, 04 de agosto de 2008
Image Estuve varias horas en la exposición ganadera de la Rural, y creo que debo decir algo. Tal vez nada interesante después de la carrada de información en todos los medios.  ¿Qué puede decir un veterano cronista de La Plata que, a pesar de que trabajó 15 años en “La Nación” nunca estuvo en la Rural?
Tenía un motivo. Muy importante. Intransferible. Son esas cosas que si uno no las pregunta y no obtiene respuesta directa, sin intermediarios, es imposible “levantarla” en otro medio.
Días atrás recibí un informe sobre los sueldos de los peones del campo y no lo quise creer.
Parto de la base de que los millones de dólares que obtiene la “gente del campo” sólo es posible reunirlos con la cooperación simultánea de varios protagonistas, a los que una vez llamamos peones y otras veces auxiliares.
En principio, el protagonista más importante es el empresario que emprende esa gran aventura de hacer preparar el suelo, sembrar, cosechar y vender. Es toda una tarea. Meritoria. Si a este empresario le va bien, a mucha gente le va bien.

Image Para que le vaya bien puede tener plata propia,  como pedirla prestada. Tengo entendido que los grandes pools se hacen así, con ciertas partes o grandes partes de los que aportan el dinero. Como una mesa de dinero leal, si el empresario gana millares de dólares, todos ganan con él. En el caso de la soja, dos cosechas por año, permiten una renta interesante.

La importancia de los auxiliares

El empresario solo, como persona, como ser único, como individuo, es una gran inutilidad.
Necesita gente, alguna profesional, técnicos, expertos, jornaleros, peones.  Sin esta gente y máquinas no hay preparación de suelo, ni siembra, ni cosecha. Nada.
Dicen que ahora una o dos personas son suficientes para explotar 200 hectáreas.
Por allí “La Nación”, “Clarín”, otros medios dan cifras que confirman la gran riqueza del campo. En 2007, dice “La Nación”, se exportaron 30.000 millones de dólares solo en alimentos.
Mucha exportación, mucha movimiento de dinero, deducción de gastos y gabelas, retenciones incluidas. Entradas, salidas, saldos a favor.
Por eso fui a la Rural. Para saber algo más de esta multimillonaria riqueza argentina que, en conjunto, puede ser el alimento diario de 300 millones de personas. Más allá de los números, sólo pensar que con el trabajo del campo se da de comer a 300 millones de seres humanos, es para sentir que ciertas cifras se hacen incomprensibles.

Los pobres y cómo disuadirlos: cobrarles lo que no tienen

Cuando me acercaba a la Rural, a pie, me llamó la atención un grupo de padres y chicos que estaban sentados en los escalones de una gran puerta no habilitada del monumental edificio. Pregunté cómo era la exposición y una madre me respondió: “Vinimos, pero no pudimos entrar por los precios. No es pa´ nojotros”.
Creo que tenía razón. Saqué una foto del precio de la entrada, encima de las ventanillas. “Entrada general $ 13”. La madre había venido con tres criaturas. Lo que ya exigía 52 pesos. Si a eso se agrega $ 5,50 una gaseosa, $ 6.50 una hamburguesa, todo multiplicado por 4, exige una suma que no baja de los $ 100.
- ¿Cuánto es?, le pregunté al boletero.
- Trece pesos y por favor deme cambio. Un agregado decía “eso”.
- Soy jubilado, apunté, mientras le daba el recibo como comprobante y un billete de 20 pesos.
- Le pedí cambio, -me retó enojado el joven empleado de la Rural-, pero le voy a hacer el favor.
Me cobró $ 6, 50 y recogí el vuelto.

Prensa, al fondo

La experiencia dice que toda tarea informativa debe comenzar por “Informes”, primero y “Servicio de prensa”, luego.
Una empleada me marcó en un planito dónde estábamos y dónde quedaba la sala de prensa. No se hallaba cerca. Había que ir hasta un local al fondo de la Rural.
Si yo pensaba tener una visión global de qué estaba ocurriendo en ese momento, qué folletos podían informarme y qué fotos podría registrar, le estaba errando feo al proyecto.
Después advertí que era útil a los cronistas, porque estaba en las cercanías de los animales premiados. En una planilla se daban las características de cada animal y el premio recibido. De allí, los periodistas trabajaban las notas en sus bases y las enviaban a sus medios.

Se confirman los sueldos bajísimos

Resolví meterme en uno de los grandes galpones cubierto donde me acerqué a un chango que estaba esquilando. Le hice una foto a los dos, al chango y s la oveja hocico negro.
- Tengo una duda sobre tu sueldo. Te muestro. Mirá aquí dice “peones generales” $ 1080, ¿es así?
- Ajá, es así. Yo estoy ganando 1.200 pesos en Santa Fe. Eso mientras trabaje. Porque si el trabajo termina a los 6-7 meses no me pagan.
- Además del sueldo, ¿recibís alguna otra entrada?
- No, los 1.200. Puede ocurrir que alguien tome un trabajo a $ 70 la hectárea y me dé, como tractorista,  un 10%, es decir, me da 7 pesos por hectárea. Es lo único, en mi caso.

Image  Avanzo por otro pasillo y a otro peón, de Pehuajó,  le hago las mismas preguntas. Responde que le pagan lo que marca el estatuto. También en su caso 1.200 pesos. Trabaja 8 horas, de promedio y le dan la comida. Como también duerme en el mismo lugar, “casi saco libres los 1.200”. Es un chico soltero y pregunta, ingenuamente ¿es poco? Tampoco cobra horas extras cuando las circunstancias lo exigen, pero no sólo no lo advierte, sino que no le importa.
En el caso del peón de Santa Fe, con familia que sostener, los 1.200 no le alcanzan y su mujer tiene que manejar la cocina con mucha habilidad para comer todos, ellos y dos hijos.
En otro corral, dos peones y la presencia casual de un pequeño agricultor, dio lugar a un diálogo más esclarecedor, donde el tema “trabajo en negro” fue la materia principal.

Para una próxima nota

Lo dejamos para la próxima nota, donde también tuvimos la oportunidad de conversar con un muchacho joven, de Bahía Blanca, domador, de multifacéticos actividades en un campo de 200 hectáreas. Además, tenemos prueba de que la Rural rechaza a los chicos, a los jubilados, a los pobres, con precios abusivos y sólo “pagables” por clases media y alta. Por otra parte, admiramos coches de superlujo que cuestan entre 45 y 55.000 dólares.
Las declaraciones de otro dos peones entrevistados resultaron ser muy ilustrativas; permiten ver que se reitera la inmensa brecha entre el empresario que obtiene su ganancia con el trabajo conjunto de sus auxiliares, mientas el auxiliar recibe un sueldo que no le permite vivir decentemente y, mucho menos aun, prever una jubilación respetable.



La utopía de una torta mejor repartida

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Un caballito criollo, elegido gran campeón macho
Mi búsqueda en la Rural confirma que la gran torta del campo se reparte mal, de manera muy dispar y altamente egoísta, y que si no existe una ley, más allá del arreglo gremial, el peón se muere peón o se jubila con sumas de hambre. El hombre para el cual trabaja, mientras tanto, multiplica con el trabajo ajeno varios dígitos su capital.
Esta conclusión no niega en absoluto el derecho del empresario a ganar, lo que sea, porque es justo y porque es idiota pensar que alguien arriesga su capital por nada; y porque seguimos pensando, a pie juntillas, que si al campo le va bien, nos va bien a todos.
No obstante, hay que cuestionar al empresario que no le importa la condición de pobreza de su peón por efecto directo del bajo salario que percibe.
Hay que cuestionar el bajo salario que hace pobre a la familia del auxiliar y hace pobre a la sociedad en la que vive.
Crean Gobierno y Mesa de Enlace un mejor reparto de la riqueza, la familia dejará de ser pobre y el pueblo donde viven dejará de ser mediocre y empobrecido.
La clase media baja ascenderá al próximo escalón y no faltarán clases media alta que se convierta en clase alta.
 

  Los salarios “del campo”

Mientras se habla de lograr, de inmediato, un 20% de aumento a los salarios del personal, se dieron a conocer las actuales remuneraciones: peones generales, $ 1080; peón único, $ 1108,73; peones que trabajan en el cultivo del arroz, peones de haras, peones de cabañas, bovinos, ovinos y porcinos, 1111,06; peones ovejeros, $ 1120,23; peones albañiles apicultores, carniceros, carpinteros, cocineros, cunicultores, despensero, domadores, fruticultores, herreros, inseminadores, jardineros mecánicos, panaderos, pintores, quinteros y talabarteros, $ 1152,56; ordeñadores en explotaciones tamberas, $ 1160,10; ordeñadores en explotaciones tamberas y que, además, desempeñen funciones de carreros, $ 1194,66; conductores tractoristas, maquinista de máquinas cosechadoras y agrícolas, $ 1203,12; mecánicos tractoristas, $ 1265, 27; puesteros, $ 1190,81; capataces, $ 1313, 58, encargados,                $ 1385,67.

 ¿Invitarán el Gobierno y la Mesa de Enlace a los peones, o no son “gente del campo”?

Sigo pensando que el Congreso Nacional debe tratar el Art. 14 bis de la Constitución, allí donde habla de distribuir mejor la ganancia.
La Mesa de Enlace insiste en que el Gobierno debe dialogar en las próximas entrevistas con las 4 entidades “del campo”.
Está bien. Sin diálogo, sin tratativas, sin acuerdos, no hay forma de conciliar posiciones. El Gobierno necesita del campo y a nadie le vienen mal los millones de dólares que producen los miembros de las cuatro entidades.
El mundo necesita los alimentos argentinos, cada vez en mayor cantidad y calidad, y es idiota no generar todos los alimentos que se puedan producir, para brindar comida y hacer operaciones altamente rentables.
Lo que se debe discutir es la brecha entre los que reciben las grandes ganancias y los que, en realidad,  generan estas grandes ganancias; si a ellos no se los incluye en el diálogo, en la tratativa, en el acuerdo, los “del campo” siguen siendo sólo los de la Mesa de Enlace y asociados.
Hay que debatir para que, de la gran  torta “del campo” a los auxiliares no les corresponda más recoger las migajas.
Si a los que hacen el trabajo duro no se los considera “gente del campo”, la Mesa de Enlace es una gigantesca farsa “del campo”.
Hay que reparar esta distorsión con un fuerte, sostenido y profundo debate nacional, en el campo, en la ciudad, en las entidades, en los parlamentos provinciales, en el Congreso Nacional.
Pocas cosas debe haber en el país que superen a cómo hacer funcionar, de manera equitativa, el espíritu del Art. 14 bis de la Constitución o un principio similar que signifique hacer visible el justo reparto de la torta “del campo”.
Hace algunos siglos, un esclavo llamado Espartaco, cansado de ser explotado por sus esclavistas, hizo estallar una gran rebelión, los caminos se llenaron de espartacos, Roma se quedó sin mano de obra, los romanos sin sirvientes y una legión salió a perseguir a los rebeldes. El final fue de Cristo. Los líderes murieron crucificados, pero los jefes tuvieron mucho cuidado en no eliminar al resto, porque si no ¿quién se encargaba del trabajo sucio de los romanos?
 
Teódulo Domínguez
Ex La Nación, Clarín, The San Diego Union, California




 
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