Un informe último de la Unicef señala que cada 100.000 parturientas, 47 mueren durante el proceso de gestación. En otros términos, cada 2.000 nacimientos muere una madre. Aferrada a la fría técnica de los números, la entidad no da lugar a entrar en los detalles de estos fallecimientos, ni tampoco señala cuáles son sus causas reales. Menos aún ingresa en la cuestión previa de por qué muere una madre cada 2000 nacimientos. Mientras se practique este sistema desinformativo, a los periodista poco y nada les queda en cuanto a la evaluación, comentario e, incluso, sugerencias para tratar de corregir las causas reales de estas muertes.
 El síndrome de muertes de madres e hijos, en una meritoria exposición periodística, necesita una mayor frecuencia en los medios Es una obviedad manifiesta que, entre estas causas reales, se encuentran la falta de responsabilidad directa de la Presidenta, los gobernadores, ministros de salud, intendentes, secretarios de salud, diputados y senadores, así como todos aquellos funcionarios vinculados a estas muertes de madres e hijos. No deja de ser complicidad toda expresión desinformativa, ya que no permite a la prensa ocuparse con precisión de esta calamidad generalizada en las regiones más pobres del país, La manipulación de cifras intenta sugerir que los únicos culpables de las muertes no son seres humanos, sino el azar, la casualidad, circunstancias negativas, la fatalidad y el sentido de culpabilidad atribuido, inclusive, a portarse mal ante un dios determinado. Las causas reales, insistimos, hay que buscarlas en la irresponsabilidad de los funcionarios. Salvar vidas significa la responsabilidad mayor. No hay otra labor más urgente e insoslayable que salvar vidas. Todas las demás tareas pueden esperar un minuto más. Salvar vidas no otorga ningún plazo, ni un segundo. El acto irreversible de la muerte no admite una sola palabra más de disculpa ni justificación. Cuando la Unicef anuncia que cada 2000 nacimiento se muere una madre, la propia presidenta de la Nación de inmediato debe pedir a su jefe de gabinete que todos los responsables del país envíen un informe exhaustivo sobre estas muertes. En las respuestas están las llaves para reducir las causas de los decesos. Los funcionarios que no cumplan con su deber, deben ser separados de sus cargos, sin especulación alguna. Mientras tanto, el periodismo debe actuar sin dilaciones ni renunciamientos, a escarbar en las zonas oscuras y grisáceas de su localidad, para conocer las causas ciertas de estas muertes. Para un periodista inquieto, no hay barreras ni defensas. No hay secreto de Estado ni manipulación. Unas pocas preguntas en el lugar indicado y a las personas que correspondan, permiten saber, en el mismo día, por qué en “ese lugar” muere una madre cada 2000 nacimientos.Así como se publica la muerte de madres y niños en casos de accidentes, actos delictivos, violaciones, la muerte de embarazadas y chicos fallecidos por desnutrición o sus efectos directos, deberían aparecer con todos sus detalles en los medios, con el único propósito de influir en los organismos de salud y reducir al máximo los números de la Unicef. Dicen los profesionales que el 70/80% de estas muertes son evitables. El día que la prensa logre, con su fuerza y poder, presionar a los responsables de tanta muerte, habrá ocurrido una hermosa y conmovedora revolución en el país. Teódulo Domínguez |