Llegó a la Argentina, con sus padres, en sus primeros años de vida y aquí siguió con un hobby que había iniciado en su país a los 10 años. Todavía, a los 72 años, esta fiebre sin temperatura no dejó de atraparlo: coleccionar revistas.
“Sí, hace 62 años que colecciono papeles”, admite con desbordante orgullo. Nació en Algarve, Portugal, en 1936. Se llama Manuel Da Silva Batista. El fuerte atractivo, en realidad, fueron las revistas de humor. Si este rasgo de su personalidad puede ser indicio para conocer su carácter, el acierto es inmediato, porque Manuel es un hombre de sonrisa suave, enigmática y permanente, de hablar pausado, atrapante, memoria ejemplar; su didáctica no deja nada para el misterio ni la oscuridad. Habla y sonríe, piensa y ve la faz positiva de lo que piensa. Cuenta su historia y se refiera con gesto de admiración a los autores que lo han conmovido con sus obras, sus palabras, sus anécdotas.
La expresión de Manuel transfiere paz, optimismo, tranquilidad; trasunta el valor de lo ya realizado, el agradecimiento a quienes le dieron la oportunidad de vivir esta vida intensa de lectura infinita. Manuel es un canto a la gratitud; sus relatos no terminan nunca; sus datos, fechas, nombres, historias de cómo nació una obra y quiénes fueron sus protagonistas, constituyen un rosario interminable de sucesos, que aun los más desgraciados, él los cuenta con fervoroso respeto. Sus breves narraciones de cuánto leyó, anotó en fichas y archivó, así como sus búsquedas detrás de una pieza “difícil”, el ahorrar dinero para adquirir números y títulos especiales, además de los regalos que lo agasajaron, constituyen la gran inversión de un gran porcentaje de su vida. Manuel es un personaje de una gran riqueza intelectual, un multimillonario de la letra escrita, el título, el diseño, la idea, el nacimiento de una creación gráfica. Es un ser generoso. Porque si hay un placer para quien valore una supuesta charla intrascendente, es hablar con Manuel.
Hacer un documental, una fatigosa tarea Más que una revista, del tamaño de Infu, o un sitio como el que contiene esta nota, Manuel necesita un documental dirigida por Pino Solanas. El editor de Solanas, a su vez, enfrentaría el desafío de cortar material muy valioso y, así y todo, el film no bajaría de unas cuatro horas de exhibición. Las historias ocuparían un largo recorrido de tapas, páginas internas, declaraciones de presidentes, legisladores, revoluciones, nuevos comicios, gente de bien y chantas ilustres. Inclusive corrupciones y yerros de antiguos famosos que han arruinado el futuro de esta nación. Sólo hay que pensar que la cámara del cineasta debe recorrer, en un lento y silencioso paneo, los múltiples estantes con sus 30.000 originales de libros, revistas, diarios, tapas, fotos.
 Un valioso mapa adquirido en La Plata
Las joyas del abuelo En su casa de Villa Elisa, junto a su mujer y sus hijas, Manuel cuenta con alegría de qué manera fue comprando el primer número de cada revista que hoy guarda en la casa de su madre y en la suya propia. Entre tanto libro y revista, Manuel muestra un viejo plano de La Plata de 1916 que encontró en su búsqueda ratonil de documentos. “¿Cuánto cuesta?”, fue la simple pregunta al librero. “Doscientos pesos”. Pagó y se lo trajo, de esto hace 15 años. Hoy lo muestra como quien exhibe el último gramo de plata de Potosí. A medida que conversamos con él, las historias de cómo consiguió el primer número de “Caras y Caretas”, “PBT”, “ “Tits Bis”, “Gorrión”, “Rayo Rojo”, “El Gráfico”, “La Cancha”, “Mundo Deportivo”, y muchos más, van surgiendo una a una y son la prueba de una serena y permanente identificación con sus creadores, quiénes escribían en ellas, aquellos que realizaban sus fantásticos dibujos. Explica que de “Caras y Caretas” hubo varios “nacimientos”. La primera serie está compuesta “con 2139 números”, apunta con precisión. En cambio, en su segunda edición salieron 47 números. “Los tengo todos y encuadernados”. Hubo luego una tercera edición “y ahora está saliendo la cuarta”. Advierte que a principios del siglo XX se editó un suplemento mensual de “Caras y Caretas”. Explica con enigmática sonrisa docente: “Fueron 176 números y los conservo”. Tiene la mayor parte de los suplementos en colores que publicaba “Crítica”, del uruguayo Natalio Botana, “todos los miércoles”. Algunos de estos dibujos, logrados a principios de 1900, ya estaban adelantando las formidables máquinas espaciales que hoy, la reiteración televisiva intenta restarle fantasía y espectacularidad. Así como Leonardo Da Vinci, a mediados de 1500, adelantaba el diseño de su autogiro, que luego devino en el helicóptero actual, Manuel muestra dibujos de los principios del siglo XX que ya preanunciaban las máquinas que hoy nos hablan tanto del descubrimiento de agua en Marte como del actual acelerador de partículas de 27 kilómetros de longitud en tierra suiza. En estas revistas están las premoniciones de una generación de dibujantes, diseñadores, autores de libros y diálogos cuadriculados, donde el hombre de ese tiempo, 100 atrás, ya pronunciaba el lenguaje de los aprendices de Julio Verne y su famoso anticipo del “Viaje a la Luna”  Muestra con alto orgullo una de sus piezas más valiosas
De Algarve a Villa Elisa, pasando por la Patagonia Manuel llegó de Portugal, junto con sus padres, en 1948. Del puerto de Buenos Aires a Comodoro Rivadavia mediaron apenas tiempos breves. Allí trabajaba su padre y allí se incorporó al personal de YPF, cuando esta formidable empresa argentina atraía aventureros que buscaban afirmarse en la tierra adoptada. Además de trabajar, egresó del Colegio Salesiano, con asiento en Comodoro, con el título de tornero en la carrera técnica de “Artes y Oficios”, una especialidad importante en ese tiempo, donde nadie que supiera tornear una pieza metálica se moría de hambre. En 1972 desembarcó la familia Da Silva Batista en Villa Elisa y el rumbo de Manuel se dirigió a YPF en el puerto de La Plata. De allí se jubiló y hoy cuenta su historia, como si estuviera viviendo cada instante con orgullo, feliz de haber vivido una buena vida, haciendo lo que le gustaba y le gusta. A tal punto que cada tema, cada revista, libro, diario, en su relato, es un cuadro especial, un film que lo narra con el mismo entusiasmo del primer minuto de esta pasión personalísima. Entre los autores que admira se encuentran Juan José de Soiza Reilly, el cordobés Barón Biza, Pedro Antonio de Alarcón. “El amigo de la muerte”, de Alarcón, ¡qué maravilla!”, se ufana. “De “La Nación” tengo casi todo”, señala, mientras observamos en una pared una carta manuscrita del famoso “cura Brochero” que sirvió de modelo para “el cura gaucho” de películas y escritos argentinos. Su fama obligó a Manuel, en algunas oportunidades, a dar conferencias ante periodistas y estudiantes de periodismo. “Una vez me preguntaron cómo había nacido Mafalda y tuve que explicarlo. Ocurrió que el actor cómico Norman Brinsky tenía una agencia de publicidad y necesitaba un personaje. Se lo pidió a Quino y nació Mafalda. Tengo los primeros dibujos que se publicaron en la revista “Primera Plana”. En cuanto a las famosas caricaturas de Lino Palacios, dice Manuel que “salieron 200”. Conserva el N° 1 de “Patoruzú”, de Dante Quinterno. Para quebrar la exclusividad portuguesa y argentina, aclara que tiene “una colección de 1880 de diarios franceses. ¿Para quiénes quedará este fabuloso tesoro editorial? No sabe. Supone que para sus nietos, Valentín y Giuliana. Su esposa, Alcira Borges de Batista, una mujer cálida, camarada de toda la vida, lo mira con orgullosa y simulada resignación. No es fácil seguirle al tren a un esposo que, a cada rato, se aparece con “toneladas” de papeles y pregunta dónde se pueden poner, por el momento. Allí cerca, en otro nivel del proceso generacional, están sus dos hijas, María de Fátima y María Verónica, también admiradoras de la pertinaz inclinación gráfica de su padre. Teódulo Domínguez RECUADROS La Patagonia trágica Recuerda Manuel, con el libro “La Patagonia trágica” en la mano, el trabajo inmenso de su autor, José Mario Borrero, que luego sirvió al prestigioso periodista Osvaldo Bayer para redactar su no menos famosa serie de cuatro tomos de “Los vengadores de la Patagonia trágica. “El último tomo lo tuvo que editar Bayer en Alemania, porque estaban los militares argentinos en el poder”, recuerda Manuel |