Tal como estaba previsto, “La próxima estación”, el magnífico film de Pino Solanas, de alta calidad técnica, docente, demostrativa de la destrucción del país ferroviario más fabulosa de todos los tiempos, ha sido levantada en el único cine que la exhibía en La Plata.
En su lugar instalaron una película norteamericana que “La Nación” ha calificado de “regular”, llamada “Una Chihuahua de Beverly Hill”. Una vez más la masiva y monopólica industria fílmica extranjera ha impuesto su sello avasallante y absolutista, sin que la mayor parte de los habitantes de La Plata –incluidos el intendente municipal, el gobernador, los legisladores y concejales- se hayan despeinado en defensa de su íntimo orgullo nacional violado. Esta página advirtió días atrás que “La próxima estación” duraría poco en La Plata, como también duró muy poco en otras dos de las 6 salas de la Capital Federal y Gran Buenos Aires.
Además, fue levantada en un cine de Barrio Norte y otro de Caballito. Continúa, sin embargo en las cuatro salas restantes de las 500 que funcionan en el país: Centro, Belgrano y Martínez. No la pudo ver el país; un caso mundial No tuvieron la mínima posibilidad de verla -porque no hubo sala que la mostrara-, los habitantes de los barrios de Abasto, Flores, Liniers, Palermo, Villa del Parque, Villa Devoto, Boulogne, Olivos, Pilar, San Isidro, Vicente López, Caseros, Ciudadela, Haedo, Malvinas Argentinas, Moreno, Morón, San Justo, Villa Bosh, Adrogué, Avellaneda, Lanús, Monte Grande, Quilmes y Temperley. En el interior del país sólo fue exhibida en 2 ó 3 salas, una de ellas en Mar del Plata, donde también terminan de levantarla. Lo único que falta, ahora, es que venga premiada en festivales internacionales de cine, organizados en grandes capitales de la cinematografía universal. Pino Solanas desarrolló uno de los titánicos trabajos más espectaculares que puede hacer un cineasta que se respete, para lograr este documento filmado. De Norte a Sur, de Este a Oeste, estuvo en numerosos sitios donde el “trenicidio” se consumó con la brutal fuerza conjunta de un tsunami en cámara lenta. Si la destrucción del país ferroviario, con el protagonismo entusiasta del "talentoso" peronista Carlos Menen, fue una despiadada demostración de incapacidad gubernativa y corrupción, los gobiernos que no han defendido la exhibición de este film, se han convertido en vergonzantes cómplices de los aniquiladores de redes y estaciones en toda la extensión de la república. Un reemplazo que no viene de Wall Street pero se le aproxima
 Centenares de “tortas” y “hamburguesas “ basura como “Una Chihuahua de Beverly Hill”, que ayer comenzó a proyectarse en más de 500 cines del país, cuentan con el apoyo incondicional de la estructura estatal, mientras un documental de la jerarquía, seriedad y docencia, como lo es “La próxima estación”, no ha recibido el mínimo respaldo nacional, provincial ni municipal. Una obra que debería haber sido vista y analizada por los chicos y docentes de la primaria, ni siquiera fue visitada por los dirigentes de todo tamaño y color del país. Si hubieran querido, no tuvieron tiempo. Millares de funcionarios han batido todos los records al recibirse como los grandes abúlicos e ignorantes de la indiferencia colectiva. Se han hecho acreedores a la cucarda al demérito y deberían llevarla colgada de la naríz cada vez que abren la boca para hablar de esta fabulosa tierra argentina. El esfuerzo bastardo de los gobiernos argentinos por sostener la filmografía cloacal y foránea, -no la inteligente y talentosa-, por encima de obras importantes como el último film de Pino Solanas, merece ser gratificado por los gobiernos extranjeros con un abultado “sobre” mensual, para compensar la entusiasta vocación de penetración extranjerizante que caracteriza tanto al gobierno actual como a la mayor parte de los anteriores, en cuestiones de alta cultura. Teódulo Domínguez |