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Cuando un Grobo dice “todos”, nadie dude, porque ha dicho “todos” PDF Imprimir E-Mail
martes, 14 de octubre de 2008
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Periodistas de dos medios de Buenos Aires le hicieron preguntas a uno de los protagonistas más publicitados del “campo argentino”: Gustavo Grobocopatel.
Anteayer dijo Grobo a “La Nación”: “Hay que sentarse y buscar una solución que contribuya al interés de todos".
Si alguien alguna vez dijo algo concreto, exacto, preciso, contundente, fue el más importante de los Grobo: “Hay que sentarse y buscar una solución que contribuya al interés de todos".
Con hombres así, el tsunami bushiano de Wal Street y su salvataje de 700.000 millones de dólares, con la plata de los otros, en un poroto de soja.
Sin embargo y en realidad,  cuando Grobo dice “todos” no ha sido su honesta intención universalizar un vocablo, ni mucho menos, y  que alguien piense que en su “todos” hay antajodizas exclusiones.
Si alguien entiende que el “todos” de Grobo es un concepto total, abarcativo e incluyente, debería comprender primero que la semántica es infinita, denotativa y connotativa. Es decir, no todo lo que se dice es todo y al que no le alcanza un intéprete diplomado que pida un exégeta al Vaticano.
Se debe comprender que Grobo está hablado de “todos los productores”, “todos los empresarios”, “todos los funcionarios”, “todos los dirigentes de la mesa de enlace”, “todos los que formamos el pool”, “todos los que nos quedamos con el 90%, o más,  de la torta”.

Los auxiliares, un grupito aparte

En el lenguaje críptico, inteligente, sesudo, de Grobo y sus colegas “todos” no significa –para poner un ejemplo-,  los trabajadores del campo.
Los peones de haras o de cabañas, tractoristas, puesteros, maquinistas, alambradores, carpinteros, cocineros, herreros, inseminadores, mecánicos, talabarteros, ordeñadores,  tractoristas, maquinistas de cosechadora, puesteros, capataces, encargados, no forman parte de “todos”. Son un grupo aparte. Apenas un millón de personas en todo el país.
Son el grupúsculo que da “una mano”. Se puede prescindir de ellos. Se contrata un grupo tercerizador para que haga el trabajo, y no hay porqué tenerlos en cuenta.
De última, si ellos se negaran a preparar la tierra, sembrar, cosechar, cargar los camiones, llevarlos al puerto y a cobrar, la actual mesa de consenso se puede hacer cargo de las tareas y nos les sale un peso. Quiénes se creen que son, esos.
Si hay gente para llenar la ruta, inundarla de tractores, impedirle el paso a los viejitos que van al médico y volver loco al país de a pie, ¿cómo no van a poder arar, sembrar, cosechar y llevar el producto a puerto los productores grandes, medianos y chicos?
Hay una lógica Grobo y una lógica peón de campo. Desde el desembarco de las “cruzadas” en América hasta la irrupción de la soja, los “grobos” nacieron para ser jefes y el resto para levantar la cosecha. Si no les gusta que se vayan a España.

Juntarse y contribuir al “interés de todos”

Gustavo, el CEO de Los Grobo y “uno de los mayores productores de soja del país”, le dijo a Mercedes Colombres, periodista de “La Nación”: "Este es un momento delicado, para sentarse a evaluar lo que pasa en el mundo y en la Argentina. No es momento para tomar decisiones, ni realizar cambios profundos, ni hacer reclamos puntuales del sector. Hay que sentarse y buscar una solución que contribuya al interés de todos".
En otro párrafo, expresó: “No digo que seamos el único sector que puede salvar al país, pero somos una herramienta de salida muy interesante, porque somos los más preparados y competitivos para reaccionar rápidamente, como lo demostramos en 2002".
“La Nación” levantó un párrafo dicho por Grobo en Radio 10, donde expresó otra idea fundamental: el de seguir contando con una mesa de consenso para “generar políticas públicas” como lugar de “consenso y discusión”.
Tal como lo sostienen contra viento y marea sus colegas Buzzi, De Angeli y otros, Grobo insiste en que debe continuar la mesa de consenso, el gobierno los debe llamar a dialogar y allí discutir ¿qué?
Discutir sus intereses personales, los que están vinculados a sus bolsillos individuales. De paso, y si no hay otro remedio, pagar impuesto a las ganancias en lugar del 35% de las retenciones.
La mesa de consenso es para “todos los dirigentes”, “todos los productores”, no para “todos los que trabajan en el campo, empresarios y trabajadores”.
Otra vez la torta aparece, inexorable, como figura paradigmática para entender el “todos” groboliano de la “gente del campo”: en este cumpleaños nosotros soplamos la velita, nos repartimos la torta y ustedes, si quieren, tienen permiso para zapatear un malambo, pero en el pasto porque enceramos el tambo.  

Espíritu cristiano: la ganancia no se toca ni se reparte

La ecuación es simple: para “todos los productores” el 100% de las ganancias –luego de las deducciones impositivas-, y el 0% de estas ganancias para el millón de trabajadores “del campo”.
Al millón de trabajadores, según el sindicato que los agrupa, donde la gran mayoría está en negro, ya se les entrega lo sueldos misérrimos del país, porque no pasan de 1.500 pesos por mes.
Cuando realicé parte de mis consultas en la Expochacra de Pergamino, y otras similares en la última exposición en la Rural de Buenos Aires, me aburrí de anotar sueldos que oscilaban en los 900, 1000, 1100, 1200, 1300. Un poco más ganaban los encargados y otro poquito más los capataces. Me pregunté ¿cómo puede mantener una familia con dignidad esta gente con estos salarios miserables?
La explicación de los productores siempre es la misma: es lo que podemos pagar, ellos crían sus gallinitas, recogen los huevos, tienen su quintita, algunos viven y duermen en el mismo potrero, no gastan en alquiler. Es el caso del puestero: siempre cuida la tierra de otro; nunca un puestero maneja su tierra.  
Cuando se jubilan, los que trabajan en blanco, sobreviven con los cheques más bajos, pero ya no tienen la quintita, las gallinitas ni los huevitos. Tampoco duermen en el rancho del campito.

30.000 millones de dólares en alimentos y
9000 chicos muertos por año y por hambre


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El gobierno no lee los diarios; de otra forma no se le pueden morir 9000 chicos por hambre en el año
Todavía me golpea debajo de las cejas el título de “La Nación”, donde decía que en 2007 la Argentina había exportado alimentos por valor de 30.000 millones de dólares.
No hay error: treinta mil millones de dólares, sólo en alimentos, en el breve tiempo de un año.
¿Quiénes tienen en sus cajas este dinero mientras se siguen muriendo en el país, por hambre, unos 9000 chicos al año,  según la Unicef?
Veamos una realidad.
El Art.14 bis de la Constitución Nacional tiene prevista la “participación en las ganancias de las empresas” para los trabajadores.
¿Por qué no aportan esta idea a la mesa de consenso los mismos productores, incluido el versátil, talentoso economista, empresario de éxito y sostenedor de la piadosa fundación de Los Grobo, el “rey de la soja”?
¿Por qué no lo lleva al recinto uno solo de los legisladores nacionales?
¿Por qué no lo hace la dirigencia salarial?
¿Por qué no lo eleva a consideración del Congreso la presidenta de la Nación?
¿Por qué nadie de estos grandes poderes del país no incorporan a una mesa de consenso el estudio y aplicación del Art. 14 bis de la Constitución?
¿Por qué tanto discurso idiota, tanta verborragia televisada, en lugar de ganancias distribuidas con equidad y justicia a todos los generadores de 30.000 millones de dólares sólo en alimentos?
¿Por qué no dar un paso trascendental en el país, que signifique más dinero en los bolsillos de millones de trabajadores, más dinero para consumir en cada pueblo, más dinero en los bolsillos de los comerciantes y empresarios auxiliares, en lugar de concentrar “todo” el dinero de miles de millones de dólares en los bolsillos de unos pocos, como los Grobo y sus colegas?
¿Por qué los buenos periodistas, los que pueden, los independientes, no toman como bandera esta previsión constitucional? Tiene que haber un lugarcito entre tanta basura diaria y monotemática en bolsitas de colores. Por otra parte, aclarar al lector que "gente del campo" y "el campo" incluye a los que trabajan la tierra, ordeñan o cuidan los animales.
De esta forma, el “todos” de Gustavo Grobocopatel estaría cualificado por el sentido común, no vulneraría la sintaxis y cualquiera podría entender que cuando un Grobo dice “todos” es porque dice “todos” y nadie tiene derecho a dudar de un Grobo.

Teódulo Domínguez






 
 
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