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Veinte del zoo platense convirtieron los huevazos a un concejal en un atípico reconocimiento |
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viernes, 31 de octubre de 2008 |
La última sesión del Concejo Deliberante de La Plata capotó. Se vino abajo. Entró en tirabuzón y se estrelló contra el piso de la intolerancia. Como dice el 90% de los periodistas cuando escriben la crónica de un catástrofe de aviación donde murieron 183 pasajeros y uno se salvó “de milagro”, con lo cual admiten que no hubo milagro del Señor para los 183 que murieron, sino que el elegido fue sólo uno: en este caso, Oscar Negrelli, concejal del Ari.Los que resultaron “muertos” en el accidente deliberativo del miércoles último, fueron Pablo Bruera, intendente platense, su gabinete, sus compañeros de ruta.
La invasión de los 20 y el "agasajo" de los escupitajos
No estuve en esta sesión aunque debería haber ido porque ese miércoles pasado se trataba un proyecto muy caro a la gente de Villa Elisa, Seguí y El Peligro: construir un pavimento “columna vertebral” entre Arturo Seguí y El Peligro, para generar otro “milagro”: que tres poblaciones se unan definitivamente y mejoren la calidad de vida de sus 30.000 habitantes. Leí que Negrelli es el autor de un proyecto para saber qué está pasando con animales que se mueren y por qué se mueren. El coincidente informe de la prensa indica que los 20 visitantes pasaron todos los controles de la calle 12 y que sus nombres habrían quedado registrados en la férrea guardia pretoriana que ha instalado Bruera y, como dije en otro comentario, me hace acordar los “mejores” tiempos de la dictadura videliana y masserista. Leí que subieron a la barra del recinto que “cae” casi a plomo sobre los 24 concejales y la media docena de periodistas. El avance de la barra es tal que, según quien gobierne, los escupitajos pueden ser para un bloque determinado y casi siempre para la gente de prensa. Es una sensación muy fea, estar allí debajo de los coreutas, en el mezquino lugar para los periodistas e intentar cubrirse la cabeza con un cuaderno para pelearle la hegemonía a esa excrescencia , como decía Perón, salivosa, salvaje e irrespetuosa de la gilada que sigue creyendo que escupiendo a la prensa se arreglan todas sus carencias. De estos “agasajos de los muchachos peronistas” durante los 16 años de Alak, los archivos guardas carradas de texto y fotos. Ahora está ocurriendo “durante el primer año del gobierno de Bruera”.
Querer estar informado, tiene su costo
 Además de ser un lugar muy incómodo, la mesa de prensa está casi debajo de la barra y la munición gruesa es lo habitual cuando los quejosos se enojan Leí que el concejal Negrelli recibió varios huevazos en todo el volumen de su pronunciada humanidad. Supe desde el primer momento que debía escribir algo, pero no sabía cómo decirlo. Esta demostración de cultura ciudadana de unos 20 personajes que se consideran agredidos no sé porqué interés afectado y porqué derecho violado, no es fácil de entender si no se cuenta con todos los antecedentes del caso. Creo que Negrelli no fue agredido. Creo que fue condecorado. No es una metáfora simple. Pero es una interpretación válida, legítima. Porque, según dice los medios, a Negrelli lo atacaron porque quiso saber de qué forma tratan los humanos a los animales en el zoo y esta iniciativa merece y debe merecer el aplauso de todos los animales hermanos que pueblan La Plata. Si es así, por una metamorfosis del agravio, el huevo debe mutar en medalla y el insulto en alegoría del elogio. No digo que me gustaría recibir huevazo de las bestias, no de mis hermanos los animales de adentro y afuera, pero no pude retener un poquitín de envidia cuando leí que a un concejal, representante de una parte de la ciudadanía, lo habían “ahuevado” por tener la inquietud de querer saber cómo están nuestros parientes del zoológico.
Una promesa de transparencia que no se cumple y la creación de cooperativas oficiales
Se sabe que Negrelli es autor de otro proyecto de informes, aparentemente muy inocente, en su letra. Sin embargo, el pedido de informes tiene su miga explosiva y vergonzante: cómo funcionan las cooperativas de trabajo que fundaron Bruera, concejales y funcionarios, para dar trabajo y hacer obras menores en todo el partido. Que se conozca, hasta el momento no hay respuesta oficial sobre esta cuestión. Pero, recordando siempre que la bandera más destacada de Bruera, en su tiempo electoral, fue la fuerte promesa de transparencia, no cabe menos que esperar una respuesta. Cuanto más tiempo tarde en llamar a los periodistas y hablar del tema, más venenosa se hará la respuesta a medida que crezca. La pregunta que se hacen algunos periodistas es: ¿No fue un misil por elevación y un mensaje subliminal a Negrelli para que se calle la boca y no hinche más con saber cosas de las cooperativas? Bruera ignora que sobre estas cooperativas ya existen folios numerosos con nombres y apellidos, dinero que entra y dinero que sale, y que son los mismos “cooperativistas” los que están suministrando información, disconformes por el trato que reciben. Algunos de ellos han ido al Instituto de la calle 51 y allí les han informado, con documentación a la vista, qué es una cooperativa y cuáles son las obligaciones y derechos de sus integrantes. Uno de ellos le dijo a un periodista “lo que me llama la atención es lo que yo cobraba cuando abría zanjas en Segui para la red de agua, cobraba unos 1800 pesos por mes, con lo que me están pagando ahora, por cuatro horas de trabajo, que no llega a los 500 pesos”. Todo un tema.
Los huevazos pueden mutarse en una forma de reconocimiento
Lo que Negrelli está haciendo con su pedido de informes es una valiosa oportunidad para Bruera si él considera que es “tiempo de parar la mano”. Los 20 que le tiraron huevos a este concejal del Ari –integrante de un bloque de cuatro-, lo catapultaron a los diarios, las radios, inclusive la televisión. Negrelli apareció en alguna tapa de diario del interior Personalmente, este cronista no tenía motivo alguno para hablar de Negrelli. Me lo dieron los 20 del zoo, los guardias de la puerta principal del palacio, la falta de información de Bruera y su gabinete, la ausencia de cintura del oficialismo para persuadir a esta gente de los daños colaterales, las innecesarias, tardías declaraciones de repudio oficial. A partir de ahora, cuando hablen de Negrelli, no se puede negar que, al mismo tiempo que lo acribillaron a huevazos, lo reconocieron como un tipo que ejerce el cargo, que pregunta lo que debe preguntar un edil porque sabe que se expone y no le importa, no porque sea un guapo imprudente sino un sujeto con múltiples temores, y de última, le acreditaron que Negrelli pregunta para cumplir con la exigencia pública de los que los votaron.
Un homenaje atípico en el Concejo Deliberante
En el recinto del Concejo suelen ejecutarse distintos homenajes, con todos los recursos de la ceremonia oficial y guardando rito y forma. Este “homenaje” en el mismo recinto, con los 23 concejales asistiendo a la “ceremonia” y sin guardas ritos ni formas, es atípico e inesperado. No hubo tiempo para programarlo ni incluirlo en el sumario de la sesión. El homenajeado, es previsible, nunca imaginó que la fiesta estaría a cargo de dos decenas de reggiseurs y que el quilombete concejalero reemplazaría a la tradicional coreografía deliberativa. A Negrelli lo han condecorado los 20 del zoológico, los que alentaron a los 20, los que los dejaron entrar a palacio, los que miraron al costado, los que intentaron descalificarlo y aquellos, más de temer, que quieren sacarlo de cuajo de esa banca que ocupa en el recinto, desde ahora amedallada y con todos los atributos de un huevo: yema, clara, cáscara, albúmina, capacidad creadora, símbolo de tenacidad, coraje, empuje, determinación, vocación de gol. Como dicen los cronistas cuando se mueren 183 en un accidente de aviación y uno se salva “por milagro”: este concejal salió del fuselaje en llamas pero vivo, ahora más creyente que nunca. Más creíble, lo trascendente.
Teódulo Domínguez |
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