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Sin examen público a los candidatos y sin revocatoria de mandatos, no hay solución en este país PDF Imprimir E-Mail
jueves, 20 de noviembre de 2008
por Teódulo Domínguez

COMENTARIO

Image Los carteles, gritos, marchas, sentadas, protestas frente al Congreso o la Casa de Gobierno, de poco sirven si luego resultan elegidos los mismos que son cuestionados.
Un millón de palabras no tienen fuerza, en absoluto, si en el momento de votar, se vota a quienes le embroman la vida al que protesta, al sufriente, al victimizado.
Es ridículo salir a la calle porque a alguien le mataron un hijo, si en el momento de votar la víctima vuelve a votar a los que no evitan el acto delictivo.
Suena a fantochada, instalarse en la puerta de una comisaría porque la policía no consigue parar los asaltos en una ciudad ni las muertes de vecinos, si en el momento de votar, es elegido otra vez el mismo legislador que nada hizo para impedir estos asaltos, el mismo que votó la liberación rápida de delincuentes in fraganti, el mismo que establece condenas leves a sujetos que deben estar presos a perpetuidad, como en el caso de nuestro colega Cabezas y otros similares.
Si el legislador, elegido por ciudadanos, aprueba leyes que benefician los “derechos” del delincuente, en lugar de beneficiar los derechos de las victimas, su permanencia en la Legislatura es lo primero que debe plantearse la sociedad y también el periodismo como garantía de información veraz, derecho a saber y elegir en consecuencia.

La culpa no es del chancho

La cosa no es tan difícil, si el argentino de a pie deja de ser “parolero” y actúa con todas las fuerzas mentales que lo gratificó la madre naturaleza.
Sólo tiene que recordar el día que lo asaltaron, que mataron a un chico de la otra cuadra, que violaron a la nena de una familia cercana.
Sólo tiene que memorizar, ser justo con uno mismo, solidario con el sufriente, y votar a quien se le dé la gana, menos al que en ese momento del hecho victimizante no hizo lo suficiente para evitar el acto delictivo.
Si la culpa, a juicio del votante, fue de la policía, el votante no debe votar al gobernador, ni a los legisladores que hacen la ley, ni a los concejales que no arrimaron un proyecto para mejorar la situación.
La culpa no es del chancho sino de aquel que le da de comer.
Es exactamente lo mismo como en el caso de la elección del médico personal.
Si el paciente o sus familiares observan que el profesional no da pruebas de manejar  herramientas válidas que curen, lo debe reemplazar de inmediato por otro médico, y por otro, y por otro, hasta lograr que la familia sea atendida por un médico que sabe lo que hace y lo alivia de sus males.
Un ejemplo similar puede ser el abogado que debe defender a quien le abona sus honorarios. Si nuestro abogado no trabaja bien, si llega tarde a todo, si no se ocupa de las pruebas que nos favorecen, lo debemos reemplazar de inmediato porque nuestro juicio ya está perdido de antemano. ¿A qué esperar?
Si el médico, el abogado, el arquitecto que nos hace la casa, no funcionan, debe actuar de inmediato nuestra "revocatoria de mandato".  
 
Se debe lograr la ley de revocatoria de mandatos

Para el caso de que el votado –concejal, legislador, intendente, gobernador, presidente-, logre pasar el tamiz del votante y luego demuestre que, como este médico, no sabe lo suficiente, se queda con un vuelto, no da respuesta a la gente, se debe implantar en la legislación la figura de “revocatoria de mandatos”.
Significa que el legislador, el intendente, el mismo presidente de la Nación, puede ser cuestionado por la sociedad por evidentes pruebas de incompetencia, corrupción o lo que fuere para ser cuestionado.
Esta previsión está en la legislación de Tierra del Fuego y también en la del gobierno de la Ciudad de Buenos Aires.
Consiste en lograr los votos suficientes en un referéndum y obligar al Parlamento a tratar la ratificación o expulsión del funcionario electo.
Si un funcionario es expulsado porque no sirve a la gente, la ciudadanía consigue algo muy importante: echarlo del cargo, no soportar más los 2 ó 3 años que le queden por cumplir, sacarse de encima a un inútil que condena a la gente a vivir con 50 años de atraso.
Como valor agregado esta acción quirúrgica sirve para advertirle al resto de los funcionarios que si no cumplen con su deber, si hacen las cosas mal, si es sospechado de corrupción, sus días están contados tan pronto la ciudadanía use esta valiosa herramienta democrática que puede utilizar los fueguinos y los porteños.
No hay que hacer marchas ni agitar carteles: hay que instalar esta ley en los derechos electorales, hacerla funcionar y sancionar a los que no sirven a la sociedad.
No hay que ir a la Justicia ni hacer juicio político a nadie.
La gente, a través de la reunión de firmas, debe obligar al poder a decidir si un funcionario continúa o se va.

¿Qué dice la Constitución de Tierra del Fuego?
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Esta sanción funciona con naturalidad, aunque no sirve en manos de pasivos, quietistas y paroleros.
En cambió será muy útil a los activadores, a la gente que, en lugar de hablar y hablar, o manotear carteles de protesta en el aire, hacen cosas concretas, se molestan para exigir el cumplimiento de sus derechos, y  toman medidas reales para expulsar de los escritorios a los inútiles.
Esta sanción, cuando se inserte en la Constitución Nacional, es para ciudadanos que no aceptan el desgaste de la intrascendente protesta callejera. sino que apelan a las herramientas que, dentro de la ley, permiten sacarse de encima a todos los que llegaron al poder y desde allí victimizan la vida de millones de personas, se aprovechan del cargo en beneficio propio y no representan, ni en lo mínimo, a quienes los eligieron.
Es decir, sólo vale actuar, hacer cosas concretas, tangibles, positivas, eficientes, y esto es para muy poca gente, la misma gente que siempre hace la diferencia entre los que sostienen la teoría del número y aquellos que imponen su calidad de acción, de propuesta, de tosudez.
Es la calidad la que debe imponerse, incluida la de los analfabetos con un alto sentido común de la autodefensa.
Sin aceptar el discriminatorio "voto calificado", hay que enseñar a los chicos desde la primaria, a aumentar la calidad del voto, votar a los mejores y deportar de sus sitiales a los corsarios del poder.
En los EE.UU algo parecido ha ocurrido en los últimos días, cuando el 52% de los votantes terminan de expulsar a Bush y sus republicanos, eligieron a Obama como jefe de Estado, ganaron en las dos cámaras y ahora se aprestan a recuperar la millonada de pérdidas que están sufriendo por “dejar hacer” a sus propios filibusteros,  enquistados en las finanzas usureras, en la explotación salvaje de la enfermedad, en la industria armamentista, entre otros genocidios.

Art. 14bis, más poder adquisitivo, más consumo,
mejor vida para millones, no sólo para unos pocos

Los italianos suelen recordar aquella canción “Parole” –palabras-, en referencia a los millones de sujetos que sólo hablan, hablan, hablan, no hacen nada ni por ellos mismos, permiten por concesión que los violen a cada instante y, además, cuando llega el momento de votar, votan con la camiseta, no con la experiencia del sufriente.
Votan, como alguna mujer violada, concediendo que su violador no es culpable y, en ciertos casos, se casan con él.
La Argentina tiene tantos recursos que sólo con la industria agropecuaria del alimento, y su valor agregado, puede recoger en un año, como ocurrió en 2007, 30.000 millones de dólares.
Repitamos la cifra porque suena a ficción: 30.000 millones de dólares sólo en alimentos exportados.
El serio problema es –y aquí enfrentamos otra cuestión solucionable con la aplicación tajante de un párrafo del Art. 14 bis de la Constitución Nacional-, que de estos 30.000 millones de dólares, un pequeñísimo porcentaje de empresarios se queda con el 80% de la torta y el 20% restante se lo reparten en sueldos misérrimos los 5.000.000 de personas vinculadas a la industria del alimento.
Si en lugar  de  figurar  estático, en hibernación, este Art. 14 bis fuera leído varias veces, interpretado en su contenido y trascendencia, otras tantas, los legisladores nacionales podrían revolucionar el salvaje sistema actual del reparto equitativo de la "torta".
Si un estudio profundo, responsable, justo, respetuoso con todas las partes, adjudicara a los que generan con sus manos y cerebros  riquezas sólo para unos pocos, otra sería la economía social, otra la cantidad de dinero en los bolsillos de la gente que trabaja e investiga, otro el consumo de millones de consumidores, otro el crecimiento de cada clase social en la República Argentina.
Sólo hay que votar a los candidatos que se comprometan a tratar el Art. 14bis cuando tomen asiento en sus respectivas bancas. 
 
El referendum, la votación sin intermediarios 
 
Otro recurso al que la política argentina no es adepta, consiste en exigir que esta norma sea impuesta a través de un referendum. El referendum es muy útil en otras naciones, excluye a los legisladores como monopolistas de la decisión popular y convierte a la ciudadanía en una enorme legislatura nacional que se representa y defiende a sí misma sin sospechosos intermediarios. 

La mediocracia no es democracia de avanzada

A la gente que victimiza a sus votantes, hay que sancionarla con la negación del voto en el cuarto oscuro.
A la gente que engaña y explota a sus votantes, hay que exigirle, como candidatos, que se sometan al examen público de los ciudadanos para conocer de antemano su compromiso político, no sus deudas militantes.
Quienes no se sometan a este concurso de calidad, no hay que votarlos.
Sin información previa ni compromiso de cumplir un cuerpo de medidas, no hay que votar a candidato alguno.
Los candidatos que eludan el concurso público son como la sospecha de virus en los mails: no hay que abrirlos para no correr el riesgo de perder todos los valores del disco rígido.
A los candidatos que no prometen aprobar normas de interés público,  como la ley de “revocatoria de mandatos”, no se les debe dar el voto en ninguna forma.
A los elegidos que llegaron al poder con el voto de sus sostenedores y luego de prometer transparencia, eliminar la corrupción, crear fuentes de trabajo, inaugurar obras, garantizar una mejor salud y educación, y luego de un año no han cumplido ni el 20% de sus promesas, no deben ser votados nunca más.
¿Es tan difícil sancionar a quienes engañan, manipulan, sólo se ocupan del próximo cargo y ni siquiera reciben a sus víctimas sociales?
¿De qué se quejan los que salen a la calle con carteles, gritos, protestas, los que arman carpas en las plazas, si luego no construyen bases concretas para lograr que sólo la gente seria, capaz, honesta, acceda al poder?
¿Que no existe esta gente, capaz, honesta, competente, decente?
Si alguien está pensando así,  no sólo es funcional a sus victimarios sino que ya fue vencida por la gente que hoy, en el poder, le sigue infectando  la vida.

Crear las condiciones para iniciar
la fundación de la II República Argentina

Gran parte de la solución consiste en aumentar la oferta de los capaces, honestos, decentes, aptos para administrar y gobernar.
Si la oferta de buena gente fuera mayor, los espacios en la papeleta electoral no estaría ocupada por aquellos que hoy le victimizan la vida a todos, incluidos los “paroleros”
Hay que hacerse cargo de lo que está ocurriendo, porque lo que está ocurriendo en el país es gravísimo y los votantes son los responsables, no los elegidos.
No es conducente y efectivo protestar desde la “parola”, sino de la única acción directa y legal: el voto
Actuar, prepararse para aumentar la oferta de la buena gente, y luego votarla.
No es tan difícil, si cada votante se defiende con el voto. Hay que poblar las bancas con mayoría capaz y decente.
Si la buena y eficiente ciudadanía no llega al poder, es utópico pensar ideas y proyectos como:
 
*  la revocatoria de mandatos;
* la aplicación del Art. 14 bis que habla de distribuir las ganancias de manera equitativa,
* el aumento  del poder adquisitivo de los pobres e indigentes, evitar el hambre y la estrechez, eliminar los “comederos” infantiles;
* la reducción de horas de trabajo, sin reducción de salarios, y la vigencia del tiempo libre como forma normal de vida; la eliminación de las horas extras y como otro valor agregado para lograr la desaparición de la desocupación generalizada;
* el concurso de competencia como filtro exigible para que sólo los eficientes lleguen a la tarea pública, incluidos médicos docentes, investigadores, expertos, técnicos, todos al servicio de la gente ;
* la eliminación de las subvenciones que financian con su dinero todo trabajador y empresario, mientras decenas de capitales privados locales y extranjeros hacen mejores negocios con el cobro de la subvención que con la explotación de su empresa; 
* la anulación de la gratuidad en las universidades públicas en los casos de estudiantes que provienen de las clases media y alta, así como a estudiantes extranjeros cuyas carreras sostienen con sus bolsillos, entre otros, pobres e indigentes;   
* la erradicación de la desnutrición, el hambre y muerte, entre otras víctimas, 25 chicos por día en el país, más de 9000 en el año;
* la construcción de edificios para la salud, la educación y la ciencia;
* la realización de puentes, caminos, rutas, autopistas, para facilitar, no sólo el tránsito seguro, sino la descentralización humana y la fundación de nuevos pueblos y polos tecnológicos; 
* la construcción de vías de agua, diques, recursos aeróbicos y reservorios para dar respuesta a la falta de agua en el Norte y otras regiones del país; 
* la reinstalación de la red ferroviaria en todo el país y la recuperación de millares de pueblos hoy aniquilados por decisión de elegidos corruptos e incompetentes;
* el aumento del turismo para ingresar millones de dólares al erario, en lugar de aplicar barreras burocráticas y expulsivas al extranjero. Crear, por ejemplo, el ministerio del Turismo;
* la defensa nacional de la tierra, la recuperación de los recursos mineros del subsuelo, así como el dominio del agua y el aire en beneficio público; 
* la garantía del juicio y condena de los corruptos, así como la recuperación total del dinero mal habido en actos delictivos.

En suma, con el voto, a través del voto, con el ejercicio racional del voto, crear las condiciones políticas para iniciar la fundación de la II República Argentina.

Una decena de países prueban
que una mejor vida es posible

¿Todo esto se logra sólo con el voto?
En una primara defensa, como etapa fundamental, creo que sí.
Está demostrado en una decena de países en Europa, Oceanía y Asia.
Miles de argentinos, turistas o no, lo conocen “in situ”.
Sólo hay que abandonar una actitud y reemplazarla por otra, la que garantiza, sin mucho esfuerzo, una mejor calidad de vida para todos.
Mientras la gente, de todo cuño e identidad, siga votando miseria, mediocridad, voluntarismo, la camiseta y sus colores, tenemos “esta Argentina” para rato.
No es la Argentina la que se niega, su tierra, su cielo, sus aguas, sus alimentos, sus múltiples recursos.
Todo lo contrario: nuestro país, por sus enormes virtudes potenciales, ha sido ubicado por los expertos en vida, entre los primeros del mundo. Cierto. Real. Tangible. Indiscutible.
Es la gran mayoría de su gente el problema, el serio problema en el momento de elegir a sus líderes y representantes.
Quienes eligen lo que eligen, deben hacerse cargo.
Ni siquiera echar la culpa a los que eligieron o, en la vereda de enfrente, no evitaron que llegaran al poder con la apertura de otras ofertas.
La esperanza de una segunda república no se encuentra, es obvio y visible, en las últimas generaciones de electores y candidatos, sino en los jóvenes que no acepten las actuales reglas militantes de juego.
Si nuevos dirigentes se inscriben en las futuras elecciones y, al mismo tiempo, se dedican a educar e instruir a los niños actuales, en gran parte recuperables como dignos sucesores de una país en crecimiento, es probable que aumenten las defensas.
Porque si este país no se prepara para defenderse, con uñas y dientes, contra estrategias cada día más indisimulables, seguirá siendo invadido por quienes se apoderan  de la calidad y cantidad de sus tierras, alimentos, agua, climas, y su ubicación geográfica.
Por estas razones  es  imprescindible que la ciudadanía elija talentos decentes,  enseñe  desde la primaria a elegir a los mejores y afirme la decisión de revocar el mandato a todo aquel que no sirve a este país presente y al futuro país que deberán recibir hijos y nietos. 
 
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