por Teódulo DomínguezCOMENTARIO  Los periodistas debemos salir a la arena cada vez que alguien nos aprieta para desconocernos, censurarnos y hacernos callar. Quien no se hace respetar como periodista, está corriendo el grave riesgo de quedar enmudecido, de la noche a la mañana, por falla grave en su poder de respuesta. Es un permanente riesgo, y hay que correrlo. Lo contrario es la muerte de la identidad profesional. Es probable, en consecuencia, que si posterga la réplica, si especula con que otro defienda sus derechos, cuando decida salir al ruedo será miserablemente tarde. Hablamos de los “moyanos” y su apriete a los distribuidores de dos diarios porteños. La práctica “moyana” consiste en asociar a "su" gente a la fuerza, en convertir a todo conductor de camión en miembro de su poderosísimo sindicato a través de la fuerza y no admitir otro recurso que la afiliación compulsiva para aumentar el poder de fuego de la organización. En los Estados Unidos, y otras sociedades, es el gremio laboral-empresario de mayor poder militante y político. Pareciera que esta experiencia nunca ocurrió en el mundo y que la Argentina apela al original estreno del uso del miedo a cualquier precio para convencer y afiliar.
Los residuos del poder feudal en la depreciada democracia actual Estas apretadas a cara descubierta tienen el único objetivo de someter la voluntad del individuo a la voluntad de una sola persona: Moyano padre. Aquí y en Groenlandia esto se llama tiranía, dictadura, monarquía, feudalismo, prepotencia, sometimiento, monopolio de la fuerza bruta, capanguismo, domesticación.
Es decir, la negación flagrante del ejercicio de la libertad y la democracia, valores depreciados y en franca retirada diaria.
Si el individuo no es capaz de elegir lo que quiera y le venga bien, tiene un problema particular y lo deberá resolver de la manera que mejor le convenga. La antigua ley natural de la elección a ultranza, vale en toda la existencia del individuo y en cualquier lugar que habite. Si no puede ejercer la libertad de decidir es un vulgar pelele en manos de un agente dominador que lo trata como de su propiedad personal. Esta forma de adueñarse de la voluntad ajena se llama poder feudal y los sujetos dominados siervos de la gleba. Los “moyanos”, como cualquier sindicalista, empresario, militante, -en una democracia, no en un régimen feudal-, pueden sugerir lo que mejor le conviene a sus congéneres; pueden tratar de mejorar sus condiciones de vida a través de la persuasión, la docencia, la doctrina, la discusión, el diálogo, el plebiscito, lo que fuere, pero sin negar en absoluto el derecho soberano a elegir con libertad.
Fuerza contra fuerza, trabajadores contra trabajadores Cuando los “moyanos”, trabajadores que apelan a la coacción para persuadir, ocupan la vía pública para no dejar transitar al ciudadano o aprietan a trabajadores o empresarios para que se sometan a sus exigencias, habilitan al sector agredido a responder con las mismas armas y herramientas. Allí se genera una crisis de violencia, nace un conflicto, se produce el caos y nadie gobierna a nadie. Fuerza contra fuerza. Los violentos, por supuesto, suelen generar daños, heridos y muertos. Como en este caso los “moyanos” son oficialistas, es obvio que sus métodos son compartidos por el Gobierno, con lo cual el Gobierno exhibe la fuerza como elemento persuasivo, no el razonamiento como herramienta de negociación.
Razonamiento "moyano" y derecho a la información de interés público Permitir en silencio que estas prácticas “moyanas” se impongan a los camioneros de otras actividades, en este caso de la actividad periodística, es aceptar en silencio que el trabajo de los periodistas puede quedar absolutamente inutilizado, destruido, bloqueado en la puerta de la Redacción, por el poder gremial de un grupo de sindicalistas. En la práctica real, la tarea de los periodistas es censurado por un grupo de personas que se arroga el derecho de decidir si millones de lectores tienen, a su vez, derecho a estar informados o no. Es gravísima la conclusión; es peligrosísima la aceptación de esta tesis. Razonemos como el atacante: porque los distribuidores de un diario no aceptan afiliarse a nuestro gremio, nosotros “los moyanos” nos arrogamos el poder y la potestad de autorizar en este país quien lee y quien no lee. Los diarios salen a la calle si nosotros queremos. Si los periodistas resultan censurados, es un problema de ellos, no nuestro. Si la gente se informa, si lee, no nos calienta, que se arregle la gente. Agreguemos a esta tesis la complicidad gubernativa, y salta a la vista que la institución “libertad” está en grave riesgo y, en este caso, ya puede ser tiempo de decidir, aunque suene ridículo, si hay que reunir o no las condiciones para llamar a referéndum para determinar si el Gobierno deben continuar en el cargo o llamar a nuevas elecciones. La revocatoria de mandato es un derecho constitucional en Tierra del Fuego, en la Ciudad de Buenos Aires, en Bolivia y otros estados; existe como proyecto en varios distritos del país y es todavía la letra muerta de un proyecto nacional. A los “moyanos” se debe responder con la fuerza de la democracia, no con la fuerza bruta. El voto que lleva a la Casa de Gobierno es para defender los derechos de la ciudanía, no los supuestos “derechos” de la violencia consentida. Lo que nunca debe hacerse es quedarse quieto, conceder, callarse la boca, dar un paso al costado, permitir la violación del derecho ciudadano porque, como ocurre en el orden individual, la violación consentida termina no siendo violación y legitimando la violación como derecho constitucional. |