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Cuando la comida se tira es porque el gobierno no existe PDF Imprimir E-Mail
martes, 09 de diciembre de 2008
por Teódulo Domínguez

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Un lector, Juan Carlos F. Fernández, interpreta en una carta el rechazo de millones de personas al vergonzante acto de tirar la comida en la ruta
El periodismo no le dobla el brazo al poder enquistado, pero consigue informar e ir dejando la semilla del futuro voto, en algunos. No es mucho, sí trascendente.
Fotos publicadas hoy en distintos diarios del país, vinculadas a dos supuestas democracias, como son la Argentina y los Estados Unidos de América, revelan que sus mandatarios están en otra cosa.
No defienden a los hambrientos, a los que se mueren de hambre, a los que perecen por falta de comida.
No hablamos de “comer bien” como es justo, sino del acto simple y definitivo de “comer”.
No defienden a los productores explotados por corporaciones extranjeras que fijan los precios del grano y el fruto.
No defienden el principio de ecuanimidad, cuando subsidian multimillonarias empresas, pero no subsidian a los que quedan en la calle y dejan de comer como seres humanos.
En cambio defienden a las grandes empresas de las finanzas, bancarias, automotrices, petroleras, como si la salvación de estas empresas fuera la llave para evitar el aumento de la pobreza.

El resultado es que Bush, allá, y Cristina Fernández, aquí, terminan salvando los bolsillos de los propietarios de los grandes capitales y los amigos del poder, con el dinero impositivo de los pobres e indigentes, inclusive.

Vamos a dos minusválidos ejemplos, levantados de la información de hoy.
Gracias a los periodistas, a los reporteros gráficos, a los medios, que han puesto en la vidriera estas notas; las necesitamos para estar informados; son imprescindibles para ese acto impostergable de elegir ante cada desafío de la vida actual.

Una de las fotos se vincula a un hecho ocurrido en Mendoza. Varios productores arrojan al suelo el contenido de un camión con damascos. Dice el cronista que se trata de unos 5000 kilos de fruta.
Los datos que llevan a esta decisión, errónea y vituperable decisión, aparecen en los números.
A estos productores mendocinos les pagaron el año pasado unos 68 centavos el kilo de damasco. Este año los explotadores del campo, llamados industriales y acopiadores, les ofrecieron 20 centavos el kilo.

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Otra vez, como en los casos de leche y naranjas, se vuelve a tirar comida en un país donde mueren 25 chicos por hambre
En locales de Buenos Aires estos damascos se cobran entre 5 y 10 pesos el kilo, denuncia un lector, Juan Carlos F. Fernández.
¿Dónde está el Gobierno de Mendoza cuando se produce este acto, único, inalterable, cierto, innegable?
¿Dónde está la presidenta de la Nación?
No es fácil determinarlo, pero se puede asegurar que no están donde deben estar.
No están en la defensa de la producción de alimentos para que a nadie, en el país, le falte comida en la mesa, por aquello de “las reglas del mercado”.
No están en la defensa de los que trabajan, invierten, tienen derecho a una ganancia justa, a un incremento de sus negocios y una renta equitativa.
No están en la denuncia de los especuladores, el juzgamiento y la pena de encierro no redimible con multa, porque estos delincuentes forman parte de “las reglas del mercado”.

El lector J.C.F. Fernández sugiere, con toda razón, que los productores no deben tirar sus damascos. No es tirando los damascos al costado de la ruta que el injusto trato que reciben se va a solucionar. Hay, en cambio, varias razones fundamentales: la comida no se tira, la comida se ofrece a los que necesiten de ella aun estando en contra de la beneficencia estúpida y especuladora, la comida es sagrada; arrojar comida a la vía pública es una grave ofensa a millones de personas que mueren por hambre, para los creyentes debe ser un pecado mortal pasible de fuerte castigo.

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En una industria de USA, 2 trabajadores protestan porque Bush subsidia a las grandes corporaciones, pero no les entrega un dólar a los despedidos de sus trabajos
El gobierno de Mendoza propuso a los productores subsidiar los damascos, y ofreció, dice la prensa, 20 centavos más para llegar a redondear unos 40 centavos.
A la imbecilidad de arrojar comida al suelo, el gobierno democrático de Mendoza ofrece la estupidez de subsidiar a las industrias y acopiadores, no a los productores.
Lo mínimo que debe hacer el gobierno mendocino es defender la economía agropecuaria de su provincia, defender a productores, trabajadores, industriales, comerciantes. Porque el precio justo primario luego se traslada a la mejor calidad de vida de todo acto económico en Mendoza.
¿Qué hacer con los industriales y acopiadores? No tolerarles la manipulación de los precios justos de los productos. Echarlos de la provincia, inclusive, y buscar nuevos mercados, aquí o en el extranjero, sin caer en la exportación de materia prima.
Es un insulto inaceptable que los usureros y explotadores del  trabajo ajeno, no sólo se queden con la ganancia del productor-trabajador, sino que luego se quedan con el dinero del consumidor al cobrarle precios excesivos por un fruto al que tienen derecho millones de bocas y estómagos del país.

Volvemos siempre al mismo cierre.
Gran culpa de estas situaciones la tienen los votantes, se llamen empresarios, peones o consumidores.
Si en el momento del voto, entran en la urna los nombres de aquellos que los llevan a situaciones como la descripta, no sólo se han condenado a sí mismo, sino que arrastran con su voto a sus hijos y nietos.
Este mismo comentario no tiene razón de ser, porque la decisión de votar no se discute y si los mendocinos, o el país en general, ha colocado en el Gobierno a los que hoy  crean las condiciones para tirar comida a la calle, los votantes deben hacerse cargo y el periodismo no meterse donde no lo llamen.
 

 
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