Una curiosa coincidencia entre la Presidencia de la Nación y una revista platense
sábado, 08 de agosto de 2009
Texto y fotos: Teódulo Domínguez
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El 1° de agosto salió publicado en "Infu"
Un sorprendente punto de contacto se generó hoy, cuando el matutino La Nación, de la Argentina, publicó una nota que habla de la inclusión de militares “en la lucha contra el dengue”.
Ocurre que días atrás, en una modesta y pequeña revista mensual, “Infu”,  de Villa Elisa, La Plata, se publica también un título similar, pero referido a declarar la guerra oficial del Estado contra la muerte de los chicos por efecto primario del hambre.
Naturalmente, que una cosa es que “La Nación” difunda un proyecto oficial de la Presidencia, y otra muy distinta que una hoja mensual de un pueblo haga conocer la opinión de su Dirección a un limitado público de 10.000 lectores.
La importancia de la coincidencia no hay que buscarla en que los dos medios hablan de combatir una determinada causa de muerte, sino que los dos utilizan términos como “lucha”, “guerra”,  “combate” y “Fuerzas Armadas” como poderes y herramientas para erradicar un mal de cuajo.
El gran “punto de contacto” es la convocatoria a las fuerzas armadas, un “rara avis” fundamental como solución final a males que están amenazando la vida de millares o millones de personas.
La gran novedad consiste en que la Presidencia de la República está mostrando su fuerte decisión de erradicar un mal, el
dengue, de manera contundente y en el tiempo más corto posible.

Está diciendo que si los mecanismos usados hasta ahora, y el número de personas volcado al fin de eliminar la amenaza de una patología, no son suficientes ni los resultados convincente, el Gobierno central apela a la última reserva de su poder de fuego para garantizar resultados finales.
La propuesta de la revista, en cambio, es una idea concreta, seria, responsable, pero sus autores saben de antemano que ante el público y más aún, ante la Presidencia, la gente del medio está manejando una utopía romántica, desproporcionada y de muy precaria atención oficial.

¿A quién mueve o conmueve aquello de que hay que convocar a las Fuerzas Armadas para posicionarlas en el Chaco, Formosa, Jujuy, el Gran Buenos Aires, etc., para aplicar su logística bélica en el combate contra el hambre, la desnutrición y las enfermedades y muertes que esta pandemia genera?
¿Cómo lograr que los militares dejen sus cuarteles y emprenda una lucha por sus conciudadanos?
Así, con una orden de la jefa de la Fuerzas Armadas y presidenta de la Nación.
Los militares ya comienzan a batir nidos de crisis en cuanto
* instalen sus tiendas de campaña en decenas de frentes de lucha,
* incursionen con sus camiones y jeeps en la selva y el desierto,
* lleven a médicos, enfermeros y estudiantes de toda especialidad hasta los rincones más ocultos y alejados del país,
* utilicen sus unidades de asistencia inmediata,
* abran laboratorios de emergencia en cada lugar,
* instalen líneas de intercomunicación allí donde hoy no existen,
* se muevan con sus notebooks via satélite para resolver problemas grandes y pequeños, * vacunen y asistan en actos preventivos,
* enseñen a crear alimentos verdes,
* apoyen microemprendimientos de trabajo con créditos sin intereses,
* eliminen focos infecciones en viviendas, cursos de arroyos, yuyales, depósito de residuos al aire libre,
* ayuden a construir viviendas seguras, antivinchucas, de bajo costo con participación de los mismos ocupantes.
 
No se concibe que los gobernadores e intendentes, al frente de sus gabinetes de secretarios y directores, dejen de aportar sus estructuras de personal, máquinas, vehículos y fondos para sumarlos sin pretextos a esta guerra que se está haciendo en beneficio de sus provincia y municipios.
Desertar en estos casos, debe considerarse “alta traición a la Patria”, más allá de los preceptos clásicos de “no cumplimiento del deber público” o el reiterado “abandono de persona”.

Muchos de estos centro de salud, “salitas” como las que se observan en el Gran Rosario, el Gran Buenos Aires, el Gran La Plata, quedarían para siempre como unidades de asistencia urgente en extramuros, con ambulancias en la puerta, como expresión de que la guerra contra la muerte de embarazadas y niños hasta los 10 años, ha sigo ganada.
¿Qué otra guerra sería más victoriosa, despertaría más entusiasmo, recibiría más aplausos en el país?   

La revista lo propone con todas las letras.
Dice: “El 9 de agosto se recuerda el Día del Niño. Ese día habría que declarar la guerra al hambre de los chicos, poner la Economía al servicio de esta causa, y en las primeras filas de esta lucha contra el enemigo mayor del país, el hambre,  a la Presidenta, su gabinete, los titulares de Salud  y todos los hombres de las Fuerzas Armadas.
Se mueren por hambre más de 9000 chicos por año, el mayor holocausto del país y para el Gobierno y la prensa no es noticia”.

El Gobierno anunció esto mismo, contra el dengue, el 7 de agosto.
Una semana antes la revista “Infu” propuso una guerra similar.
La idea es, ahora, entroncar las dos guerras y combatir contra el dengue y la muerte materno-infantil hasta la derrota de estas dos patologías.

Debe considerarse importante y trascendente la decisión del Poder Ejecutivo nacional al ordenar a sus fuerzas armadas que se subordinen a las órdenes del nuevo ministro de Salud, para que el alto funcionario cuente con el apoyo máximo de oficiales, suboficiales y tropa en una lucha no bélica sino sanitaria para derrotar un mal que cobra millares de valiosas vidas de este país.

Las fuerzas armadas forman parte del personal del Estado y su misión específica, se sabe, es garantizar la defensa del país contra la eventual agresión extranjera.
Mientras el conflicto bélico no existe, también se sabe, las Fuerzas Armadas tienen  presencia geopolítica en lugares, como la Antártida, donde se realizan investigaciones al tiempo que establece un status de eventual soberanía en conjunto con otras naciones en similar situación de acuerdo internacional.

Fuera de estas actividades, afortunadamente, las fuerzas armadas se caracterizan por sus ejercicios y simulacros de combate, no por intercambiar disparos con ningún pueblo vecino. Es decir, la carga mayor de energías de millares de militares y sus recursos técnicos no se utiliza en ninguna otra actividad a favor de la ciudadanía.
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El concepto de las tres categoría sociales –guerreros, trabajadores y gobernantes- era válido cuando en sociedades primitivas el soldado era la vanguardia vigilante y de una comunidad, para evitar que los que trabajan la tierra fueran atacados y las fortificaciones vulneradas por sorpresa.
Hoy la vigilancia se realiza por medio de sensores satelitales. Ya no es tan necesaria la visión in situ
Aunque la cuestión de “sacar a las fuerzas armadas de su rol especifico” despierta  reacciones, en el caso especial de la Argentina la solución contra epidemias como el dengue y la muerte por hambre, sólo se puede lograr con la intervención temporaria de las fuerzas armadas.
Por allí anda una propuesta trasnochada que intenta persuadir la teoría de que anular la actual hambruna llevará 20 años, en un país que puede generar cada día comida para 300 millones de personas y lo ha probado 2 años atrás cuando exportó 30.000 millones de dólares “sólo en alimentos”.

Ante graves calamidades cíclicas o accidentales, y con todas las limitaciones conocidas, ninguna organización como las fuerzas armadas cuentan con número de gente habilitada, máquinas, aviones, naves, vehículos e instrumental tecnológico para enfrentar de inmediato estas calamidades sociales, como hambrunas, enfermedades, muertes, falta de caminos, aislamientos,  desastres geológicos, auxilios rápidos como incendios graves e inundaciones sorpresivas.

Es estas reflexiones se apoya la Dirección de la revista cuando, obligada por imperativos profesionales ante una desgracia crónica como la muerte de niños por hambre, propone una solución concreta, factible o, en último caso, de accesible análisis dentro de los organismos pertinentes del Gobierno.

Dice “La Nación” que el “gobierno nacional dispondrá que las Fuerzas Armadas participen en el combate contra el dengue”.
Para lograr este significativo propósito “se usará el sistema logístico militar para que los municipios de todo el país puedan recolectar y transporta los cacharros abandonados en la vía pública, principales focos para el crecimiento del mosquito que transmite la enfermedad”.

El Gobierno, en consecuencia, ha convocado a los titulares del Consejo Federal de Salud, los ministros de Salud de todo el país y todos aquellos que tengan una función dentro de esta propuesta presidencial
Añade el matutino que el ministro nacional de Salud “se mostró entusiasmado con el compromiso alcanzado de sus pares provinciales para realizar acciones coordinadas tendientes a contener la probable epidemia que se espera para la primavera”.

Mientras tanto, ¿qué pide la revista de Villa Elisa?
Exactamente lo mismo. Este nuevo comentario sobre la mortalidad materno-infantil no es el primero que la revista publica. Son múltiples las notas sobre la muerte en el país de unos 25 chicos por día, más de 9000 por año, por las causas mediatas “hambre, desnutrición y graves fallas en la asistencia médica de los niños y embarazadas desnutridos o mal alimentados”.
 
El certificado médico de defunción por estas causas mediatas suelen consignar, en un número increíble de casos, que la muerte del niño se debió a un “paro cardiorrespiratorio no traumático”, lo que representa una muy reprobable y ligera tipificación, aunque ajustada a derecho.  
¿Qué estadística se pueden llevar en centros de investigaciones sobre el hambre, la neumonía o diarrea, la “matanza” gradual de defensas celulares, la grave disminución de neuronas, la baja talla y otras calamidades que sufren los mal alimentados, si para un número alarmante de médicos la causa de la muerte cae en el inmediato y facilista “paro cardiorrespiratorio no traumático”?

Por estas razones se habla en los medios de 8 niños muertos por día en el país, mientras un propuesto premio Nobel asegura que son 10 los chicos muertos cada día y la cifra es harto “levantada” en numerosos medios, luego el ministro de Salud de Buenos Aires señala que sólo en su provincia se mueren 10 chicos por día y las cifras más confiable hablan de 25 chicos, lo que equivale a admitir la muerte de más de 9.000 chicos por año.
Al mismo tiempo, algún despistado funcionario expresa alegremente que “se están muriendo menos chicos en el país”, como si el problema ya no existiera y hubiera algo que festejar.

En el mismo número de la revista “Infu”  se pide al intendente Pablo  Bruera, de La Plata, que inicie una investigación en el pueblo de Arturo Segui por presuntas y graves irregularidades que habrían sufrido unos 570 niños en el reciente operativo de “bolsas de alimentos secos”, en reemplazo de los cerrados comedores por efecto de la gripe A. Las denuncias señalan niños sin alimentación suficiente, sin complementos de verduras, frutas y carne e, inclusive, que habrían ocurridos maniobras con las “bolsas” en beneficio personal.

La revista “Infu”, luego de esta nota de “La Nación”,  está analizando muy seriamente la necesidad de una entrevista con el ministro nacional de Salud, Dr. Juan Manzur, para gestionar una estrategia similar a la anunciada hoy, con todos sus detalles e incluidas las fuerzas armadas, para concretar el proyecto del medio en cuanto a “declarar la guerra oficial a la muerte por hambre de los chicos”.  Todo apoyo para lograr esta entrevista será muy reconocido. Mensajes: Esta dirección de correo electrónico está protegida contra los robots de spam, necesita tener Javascript activado para poder verla

Al mismo tiempo, agradece a sus colegas de la prensa, profesionales de todas las actividades, personas y entidades en defensa del niño, a sumarse a esta campaña y hacer realidad la estimación médica cuando asegura que “si estas madres y niños hubieran sido asistidos a tiempo, el 70 u 80% de las muertes no hubieran ocurrido”.